Un estudio argentino revela las claves de 50 millones de años de evolución de los cetáceos

Un estudio argentino revela las claves de 50 millones de años de evolución de los cetáceos

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Es un hito para la ciencia nacional, un equipo integrado exclusivamente por especialistas argentinos logró reconstruir la historia evolutiva y ecológica de los cetáceos a lo largo de 50 millones de años.El estudio, publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature Communications, ofrece un nuevo marco cuantitativo para entender cómo ballenas y delfines pasaron de ser animales terrestres a conquistar los océanos del mundo. La investigación fue liderada por expertos del Centro Nacional Patagónico (Cenpat-Conicet), en Puerto Madryn, y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).El equipo analizó una base de datos de 127 taxones (especies), tanto extintos como actuales, y evaluó variables como el tamaño corporal, la dieta, las capacidades auditivas y la locomoción.Uno de los hallazgos más sorprendentes es el desacople entre la diversidad taxonómica (el número de especies) y la disparidad ecológica (la variedad de roles que cumplen en el ecosistema). Según explicaron los investigadores, durante períodos como el Mioceno existió una gran cantidad de especies, aunque muchas desempeñaban funciones similares. En contraste, los eventos de extinción masiva del Plio-Pleistoceno eliminaron numerosos linajes sin alterar significativamente la estructura ecológica general.Los cetáceos pasaron de ser animales cuadrúpedos terrestres a totalmente acuáticos, como las ballenas, delfines y marsopas.Este descubrimiento sugiere que el éxito de los cetáceos no dependió solo de cuántas especies existían, sino de la preservación de roles críticos, como los grandes filtradores o los superdepredadores.“El objetivo era entender mejor cómo fue la evolución de los cetáceos a lo largo de 50 millones de años. Este es un grupo de mamíferos que retorna al agua y, en ese proceso, sufre una enorme cantidad de modificaciones. Tienen una historia evolutiva bastante particular, con muchos cambios en la cantidad de especies, y fueron afectados por diferentes factores”, indicó a LA NACION Mónica Buono, especialista en paleomastozoología y una de las responsables de la investigación.Y agregó: “Si bien había cuestiones que ya se habían reportado, es la primera vez que pudimos cuantificarlas. Observamos que, aunque la diversidad de especies fluctuó mucho, existen ciertas especializaciones ecológicas y adaptaciones que se adquirieron y se mantuvieron en el tiempo, a pesar de que el grupo fue muy afectado por extinciones en determinados momentos. Entre esas especializaciones están la alimentación por filtración con barbas en los misticetos y la ecolocalización en los odontocetos”.El trabajo identifica tres momentos clave en la evolución de estos mamíferos. Entre el Eoceno y el Oligoceno ocurrió la transición definitiva de la tierra al agua. Entre el Oligoceno tardío y el Mioceno temprano aparecieron las barbas en las ballenas y la ecolocalización en los delfines. Y durante la transición Plio-Pleistoceno surgió la diversidad moderna tras grandes extinciones.Trabajo de campo sobre cetáceos en Península Valdés.Según los expertos, una vez que aparecieron innovaciones como las barbas en los misticetos y la ecolocalización en los odontocetos, estas actuaron como “anclas” evolutivas. Las ballenas, por ejemplo, mantuvieron una gran rigidez en su modo de alimentación por filtración durante los últimos 20 millones de años, lo que les permitió un éxito sostenido, aunque con poca exploración de nuevas estrategias.El estudio también revela cómo algunos grupos modificaron drásticamente sus nichos ecológicos, es decir, los roles que ocupan dentro de un ecosistema. Mientras que los cachalotes actuales son buceadores de profundidad que se alimentan de calamares por succión, sus ancestros del Mioceno eran cazadores activos y depredadores tope, similares a las orcas actuales. Por otro lado, formas antiguas como las ballenas con dientes desaparecieron por completo, dejando un vacío ecológico que nunca volvió a ser ocupado por otros cetáceos.Este trabajo no solo destaca por sus resultados, sino también por su metodología. Aplicó análisis estadísticos cuantitativos que antes se habían utilizado en reptiles marinos fósiles, pero nunca en mamíferos. “Nuestra expectativa es que se convierta en un trabajo de referencia”, señaló Buono, quien subrayó que la investigación permitió poner a prueba y descartar hipótesis que hasta ahora eran poco más que sugerencias bibliográficas.A Buono siempre le gustaron los cetáceos y sostiene que lo más deslumbrante de estos mamíferos es su historia evolutiva: “Es admirable todo lo que atravesaron para conquistar un medio completamente distinto. Son tantas las condiciones que cambian para un organismo al pasar de vivir en la tierra al agua, tantas las presiones, que me parece fascinante todo lo que lograron dentro de su molde mamífero. Con ese diseño corporal básico, llevaron toda su anatomía al extremo para ser sumamente exitosos en el agua”.Junto con Buono participaron del estudio Mariana Viglino, Maximiliano Gaetán y Nicolás Farroni, del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (IPGP-Conicet); Viviana Milano, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (Cesimar-Conicet); y Florencia Paolucci, Lisandro Campos y Marta Fernández, de la División de Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata (UNLP).Ciencia

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