En el exacto momento en el que envió el manuscrito de su novela Las viudas de los jueves al Premio Clarín Novela en 2005, la escritora Claudia Piñeiro tenía tres libros editados y dos de ellos eran infantiles: Serafín, el escritor y la bruja, del año 2000, y Un ladrón entre nosotros, de 2004, que es un clásico en las aulas escolares. También se había publicado Tuya ese mismo año. Pero entonces, la novela ganadora del certamen literario de este diario inició una visibilización de su figura de escritora y la historia es conocida. Como un regreso, Piñeiro acaba de publicar un nuevo libro para chicos: Mi miedo xixi (Siglo para chicos).Ese nuevo libro se relaciona con la niña que Claudia Piñeiro fue y con sus temores. Por eso, la escritora adulta del presente le regalaría a aquella nena el libro Las brujas, de Roald Dahl. ¿Por qué? "Porque yo llegué a Roald Dahl un poco más grande, no cuando era niña, y me encanta ese humor que tiene y esa forma de tratar a los niños de manera inteligente. No les quita partes del relato para que no sufran. En todos sus libros hay mucho humor y también mucha tristeza, así como las formas de recuperarse de esa tristeza o de ese dolor. Las cosas no son perfectas en sus libros; ni siquiera, a veces, terminan bien en el sentido clásico. Pero hay posibilidades, hay esperanza”.Tampoco son perfectas las cosas en las novelas de Claudia Piñeiro ni tampoco en sus guiones o piezas dramáticas. Hay sufrimiento, búsquedas, decepciones. Tras Las viudas de los jueves y Tuya, publicó Elena sabe, Las grietas de Jara, Betibú, Un comunista en calzoncillos, Una suerte pequeña, Las maldiciones, Catedrales, El tiempo de las moscas y Una muerte ajena.En 2018, Alfaguara publicó sus cuentos reunidos en Quién no y en 2021, un volumen con sus obras de teatro, Cuánto vale una heladera y otros textos de teatro.Su obra literaria, teatral y periodística fue reconocida con numerosos premios. Además del Clarín Novela, recibió el Premio LiBeraturpreis, el Sor Juana Inés de la Cruz, el Rosalía de Castro del PEN de Galicia, el Premio Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra, el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón, el Premio Negra y Criminal del Festival Tenerife Noir y el Premio Best Novel del Festival Valencia Negra. Además, la traducción de Elena sabe al inglés fue finalista del International Booker Prize 2022.La finitud de la vida“Desde muy chiquita tuve mucha inquietud por la muerte, por la finitud de la vida, y esa niña que sufría pensando en la finitud de la vida hubiera sentido cierta reparación si hubiera leído Las brujas, de Roald Dahl”, asegura.La vida, la muerte y sus derivas no solo atraviesan su narrativa literaria sino también sus guiones televisivos. Como coautora, con Marcelo Piñeyro, de la serie El Reino, obtuvo el Premio Platino y fue centro de una campaña de acoso de sectores fanatizados por la religión. También casi todas sus novelas han sido llevadas al cine y sus obras teatrales se representan de manera continua.–Hay series, juegos, consolas, realidad virtual... ¿por qué merece la pena que un chico se acerque a un libro en pleno siglo XXI?–Porque todavía los libros conservan dos cosas que los otros elementos que nombrás no explotan de una manera tan particular como lo hace un libro: el lenguaje y la imaginación. El lenguaje es algo que compartimos todos y debe de ser una de las cosas más ricas que tenemos como seres humanos, lo que nos diferencia de otras especies. Y ese lenguaje, la forma de usarlo, cómo decir las cosas y cómo las palabras construyen realidad, eso se encuentra en un libro. Me parece que todo lo que aparece en las consolas y en las pantallas apunta más a la acción, a lo que pasa, y menos a las palabras. Los libros siguen siendo el reino de las palabras, del lenguaje. Y, por otro lado, porque me parece que la imaginación, la posibilidad de inventar mundos, se potencia muchísimo más a través de un libro que a través de cualquier otra situación, como las pantallas, los juegos, los videojuegos o las series, donde hay menos posibilidad de detenerte e imaginarte vos mismo cosas a partir de eso. En esos soportes, está todo mucho más masticado: el principio, el medio y el final; incluso las vueltas de tuerca. Es un producto cerrado. El libro, en cambio, es un producto abierto, que se termina de escribir en tu cabeza. Y ahí hay una parte personal mucho más fuerte que la del telespectador o la de quien está jugando un videojuego. En el libro, ponés mucho más de vos y eso hace que tu imaginación trabaje y que se te abran mundos distintos en la cabeza.
Un libro para leer con los chicos: hoy recomienda Claudia Piñeiro
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