SAN CARLOS DE BARILOCHE.– Hace 50 años, cuando Conrado Varotto volvió de Stanford, donde estudió con una beca de dos años del Conicet, les propuso a sus amigos y colegas, un grupo de jóvenes barilochenses formados en el Centro Atómico Bariloche, una locura: crear un centro de ciencia aplicada. Todo eso que había visto y aprendido en la cuna de Sillicon Valley, todo eso que los norteamericanos empezaban a impulsar allá, tranquilamente se podía hacer acá. Varotto había llegado a los 5 años de Italia y se había hecho un nombre entre esos jóvenes científicos argentinos, que no dudaron en secundarlo. Hacer ciencia aplicada en el marco de una empresa privada podía poner en riesgo la continuidad de los proyectos. Tenía que ser una empresa pública, pero con proyección hacia las necesidades del mercado. Así fue como transformaron el Programa de Investigación Aplicada de la Comisión Nacional de Energía Atómica en Invap, una sociedad estatal. Se llevaron el nombre y todo, porque justamente Invap significa eso, investigación aplicada, una idea que resultó revolucionaria en ese momento y que todavía tiene una vigencia inimaginable.Invap, a pesar de ser una empresa pública, vive de lo que produce y genera superávitGentileza ConaeHoy, cinco décadas después, Invap es el espacio en el que se construyen satélites, radares, reactores nucleares, entre otras muchas cosas. Que a pesar de ser una empresa pública, vive de lo que produce y genera superávit. Que exporta servicios a las principales potencias del mundo. Y que es la silla que le permite a la Argentina sentarse en ciertas mesas internacionales a la que solo acceden quienes están en la cima de la ciencia y la técnica. Hasta hace un año fue una sociedad del Estado y, después del cambio en la legislación argentina que disolvió esa figura, pasó a ser una sociedad anónima unipersonal: su único dueño es la provincia de Río Negro. Por estos días, esta empresa –que se considera un perro verde dentro del ecosistema de las empresas de capitales estatales– festeja sus primeros 50 años con un panorama que resulta muy alentador.Este año, la facturación superó los 250 millones de dólares. En marzo próximo, desde la costa oeste de Estados Unidos se lanzará un nuevo satélite argentino construido en Invap, un trabajo que lleva más de diez años de armado: SABIA-Mar. Además, desde la empresa están trabajando junto al gobierno nacional un plan de radarización de las fronteras que podría tener nuevos alcances a partir de la situación que plantea el conflicto por la explotación de petróleo en las Islas Malvinas.Está anclado en el paraíso, con una vista y un entorno inmejorablesEsta situación planteó un nuevo escenario y nuevas necesidades. El Invap tiene en su sistema de radares terrestres, aéreos, satelitales y móviles la posibilidad dentro del programa de radarización de las fronteras de llevar un control en tiempo real de qué sucede en toda la zona de injerencia. Esto le permitirá a la Argentina saber de forma activa si en las islas y cercanías está ocurriendo lo que se dice que no está ocurriendo, es decir, si se respetan o no los acuerdos internacionales sobre la explotación de petróleo en el área por parte de Inglaterra.“La Argentina tiene la tecnología para conocer lo que pasa en todo su territorio y zonas de influencia. Nuestros radares tienen alcances de centenares de kilómetros y hay posibilidad de monitorear el espacio aéreo del país y un poco más allá”, explica Darío Giussi, gerente general de Invap, a LA NACION. “Nosotros tenemos la tecnología para poner radares costeros, radares embarcados, además de los sistemas de vigilancia en vehículos no tripulados y en satélites”, añade.Que Invap sea una empresa de capitales estatales no da igual. Según explica Giusi, el cuidado de la soberanía está detrás de la mayoría de las áreas de negocios que se impulsan. Así como los satélites –por ejemplo el SABIA-Mar que será el próximo en ser puesto en órbita y permitirá al país tener información relevante sobre el estado del Mar Argentino y sobre sus usos, como además el control de sus costas– otros proyectos también están atravesados por la misma idea.Tiene 1800 trabajadores; la mayoría, egresados de carreras como Física, Ingeniería e InformáticaExiste dentro de la empresa un área destinada a explorar nuevas oportunidades de negocio, siempre pensado desde la articulación de cómo desde la ciencia se puede dar respuesta a una necesidad concreta. Por eso, el área destinada a la inteligencia artificial está teniendo un desarrollo muy importante. Por un lado, se trabaja en desarrollar modelos de inteligencia artificial para ser aplicados a los propios desarrollos, de forma de potenciarlos y maximizarlos. Pero también se está lanzando un proyecto destinado a proteger la soberanía de los datos: este programa se traduce en la venta de una pequeña caja de tecnología que pueden usar las empresas que la compren para automatizar todas las acciones de IA que se apliquen en sus procesos, sin subirlos a la nube ni compartir esa información sensible y crítica de sus operaciones por fuera. “Hay un gran desafío tecnológico de aprovechar todas esas ventajas sin ir perdiendo soberanía. Muchos de nuestros productos trabajan con datos y hoy se vuelve muy relevante la soberanía de datos, la gobernanza de la información”, detalla Giussi.Dejar de ser una sociedad del Estado no cambió las cosas en la práctica, se aclara, ya que siguen siendo una empresa de capitales públicos. “Invap ha sido siempre una empresa sustentable. Vivimos de lo que producimos. De estos 50 años, salvo en momentos de gran crisis cuando se desfinanció el plan nuclear nacional en los 80, siempre hemos tenido ganancias, siempre hemos vivido de lo que vendemos. En los últimos diez años nuestro promedio de facturación anual es unos 200 millones de dólares. Este año vamos a cerrar con un poco más, 250 millones. La composición ronda mitad y mitad de proyectos nacionales e internacionales. Estamos reactivando proyectos en Argelia... y haciendo un proyecto muy importante que es el reactor Pallas en Holanda. Muchos nos preguntan qué pasa con la incerteza que se maneja en el país a la hora de hacer un proyecto a largo plazo. Si hay algo que fue constante en estos 50 años es la incerteza, los riesgos, las variaciones. Sin embargo, para nosotros esa es una variable más que simplemente entra en nuestros cálculos. Por eso no es un problema”, detalla.Este año, la facturación superó los 250 millones de dólaresGiussi apunta que, para entender el modelo de negocio del perro verde argentino, hay que entender el triángulo de Sábato: es un modelo teórico de política científico-tecnológica, formulado en 1968 por el físico y metalúrgico argentino Jorge Alberto Sábato. Sostiene que para lograr el desarrollo económico, tecnológico y la innovación en los países de América Latina, no basta con tener ciencia o industria de manera aislada, sino que es necesaria la articulación permanente y sólida entre tres actores fundamentales: el Estado, la infraestructura científico-tecnológica y el sector productivo (la industria y el mercado).“Es la triple hélice, en donde hay una academia que produce conocimiento básico aplicado; hay una industria o capacidades tecnológicas que evolucionan y que necesitan que la investigación tenga una aplicación práctica; y hay un Estado que juega un rol como inversor del sistema y como promotor de proyectos soberanos”, dice.Recorrer la sede principal de Invap, en las afueras de Bariloche, a cinco minutos del aeropuerto sirve para darse una idea de cómo funciona este polo tecnológico. ¿Cómo es por dentro este enclave tecnológico barilochense que muchos comparan con Silicon Valley? Está anclado en el paraíso, con una vista y un entorno inmejorables. Sede central de Invap, frente al Nahuel Huapi, en BarilocheEl predio está a orillas del lago Nahuel Huapi y todos los mediodías muchos de sus 1800 trabajadores salen a dar la vuelta al recinto, que lleva unos tres kilómetros de recorrido, como forma de despejarse y cortar la jornada. La mayoría son muy jóvenes, egresados de carreras como Física, Ingeniería e Informática.El llamado “cuarto limpio” es el corazón del Invap. Es allí donde se ensamblan los satélites y se les realizan las pruebas correspondientes, durante períodos que pueden durar entre diez y quince años, antes de entrar en órbita. A fines de marzo próximo, SABIA-Mar viajará en avión hasta la costa oeste de Estados Unidos, donde se subirá a una especie de colectivo espacial de lanzamiento. Sus compañeros de viaje serán muchos de los satélites de Starlink que el magnate Elon Musk pone en órbita todos los meses. No fue sencillo conseguir un espacio para SABIA-Mar. La demanda era tan alta que, aunque originalmente se había anunciado que despegaría desde Cabo Cañaveral, a último momento se le cambió el lugar de partida. Finalmente, será en la base de la fuerza espacial Vandenberg, en Santa Bárbara.Terminó la etapa de fabricación del satélite argentino SABIA-Mar y ahora comienzan las pruebas antes de su lanzamiento, previsto para 2027Gentileza ConaeInvap tiene cuatro unidades de negocios, todas ellas rentables, explica Giussi. Si bien en sus orígenes la empresa nació orientada al desarrollo de energía atómica, en los 90, cuando el gobierno de Carlos Menem decidió desactivar el proyecto nuclear, la producción tuvo que reconvertirse. Fue entonces cuando decidieron capitalizar esa formación que habían recibido en los 80, mediante un acuerdo firmado con los Estados Unidos, por el que una gran cantidad de hombres clave de la NASA –que habían trabajado en la carrera espacial en los 60 y 70 y que ya estaban jubilados– viajaron a la Argentina, concretamente al Invap, para brindar capacitación a los científicos argentinos. Así nació el programa de desarrollo satelital.La sede actual se inauguró en 2009. Las primeras oficinas eran muy distintas: alquilaban los viejos hoteles residenciales de Bariloche, que con el boom del turismo estudiantil quedaron fuera de mercado por no tener baños privados. El cuarto limpio de aquel entonces no se parecía en nada al megaedificio de hoy. En los orígenes del desarrollo satelital, todo se ensamblaba en una cabaña en el bosque, cerca del Hotel Llao Llao, que había pertenecido a un ballenero noruego.El trabajo durante la construcción de Arsat-1En uno de los primeros desarrollos internacionales, cuando Estados Unidos contrató a Invap para ensamblar junto a la NASA el satélite SAC-C Aquarius de monitoreo océanico, los especialistas norteamericanos viajaron a conocer este lugar y dudaron. Fue entonces cuando la empresa decidió montar la actual sede y en un tiempo récord construir las nuevas instalaciones, de vanguardia. No fue sencillo. Todo debía edificarse con criterios antisísmicos internacionales y el cuarto limpio debía tener condiciones de aislación extrema. Incluso, por ejemplo, cuando erupcionó el volcán chileno y la ciudad de Bariloche se cubrió de cenizas, el satélite que se estaba desarrollando junto con los Estados Unidos estaba dentro del cuarto limpio. Y superó la prueba de que no lo afectara esa contaminación. También sobrevivió a un terremoto allí dentro.El cuarto limpio tiene características especiales. Son muy pocos los visitantes que logran ingresar hasta la sala en la que se ensamblan y prueban los satélites, que partirán desde allí embalados hasta el punto del planeta en el que se los pondrá en órbita: generalmente la Guyana Francesa o Cabo Cañaveral. Para acceder a esta área restringida, hay que colocarse una bata, cubrir el calzado y el cabello con una cofia. Antes de entrar, hay que poner la mano en una placa de metal, para descargar la estática. Una pequeña descarga de energía podría ser imperceptible, pero podría dañar un componente del satélite y hacer que en el espacio no funcione correctamente. En las mesas de trabajo, hay cables a los que las personas que ingresan se conectan antes de tocar algo, para descargar su estática. Todo es muy riguroso y preciso. Es que ensamblar un satélite es un trabajo que lleva varios años.El cuarto limpio durante la construcción del SAOCOM 1AGonzalo Martínez InfanteLa historia de los satélites argentinos es muy singular. Cuando se comenzó con el desarrollo nacional, se conformó la empresa Arsat dentro de Invap para materializar un programa argentino y dotar al país de un satélite de comunicaciones geoestacionario propio. Esto quiere decir que, una vez que está en órbita, gira a la misma velocidad y dirección que la Tierra, de forma de mantenerse “estacionado” sobre el mismo punto –la Argentina– y proveer de servicios de telecomunicación.El Arsat-1 llegó con mucho apuro. Hasta 2004, la encargada de operar el satélite de comunicaciones argentino, el Nahuel 1A de fabricación europea, fue la empresa privada NahuelSat. Por ese entonces, la compañía se declaró en quiebra. La Argentina estuvo a punto de perder su posición orbital. Se impulsaron negociaciones y se logró enviar un satélite transitorio, a altísimo costo, para preservar ese lugar. Finalmente, tras casi diez años de desarrollo, en 2014 se lanzó el Arsat-1 desde Guyana Francesa. Ese día comenzó formalmente la carrera satelital del país. En 2015 se lanzó el Arsat-2, con distintos tipos de cobertura; cobertura significa el área donde el satélite ilumina para poder tener comunicaciones. El Arsat-2, particularmente en su banda C, brinda servicios al gobierno de Estados Unidos y esto representa un ingreso de divisas muy importante.Así es el sistema de helicóptero no tripulado RUAS que está desarrollando el área de radares y defensa de InvapPero los satélites no son todo. En 2003, cuando el gobierno argentino tenía problemas para lograr la licitación de la radarización de las fronteras, a alguien se le ocurrió consultar al Invap. No dudaron en aceptar el desafío. No sabían cómo, pero sí que iban a hacerlo. Fue así que trabajaron en el desarrollo y hoy son la única empresa de América Latina que fabrica radares para el sector aerocomercial.El área de los reactores nucleares y la de los centros de medicina nuclear están en pleno crecimiento, a raíz de la revalorización que está teniendo a nivel global el sector nuclear en la producción de energía limpia. Sin embargo, por ahora, Invap no se dedica a fabricar reactores de energía, sino de investigación y de producción de radioisótopos, que se destinan a distintos usos, principalmente en las industrias farmacéuticas y en los tratamientos oncológicos.El reactor nuclear de producción de radioisótopos OPAL, construido por Invap en AustraliaHace un mes se confirmó que en 2027 el gobierno argentino inaugurará el reactor RA-10, “el más moderno del mundo”, define Giussi. Es un reactor nuclear multipropósito de investigación y producción, con una potencia de 30 MW, desarrollado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) con la participación de Invap. No genera electricidad: utiliza los neutrones producidos por la fisión nuclear para elaborar productos y servicios destinados a la salud, la industria, la ciencia y la tecnología. Una de sus principales funciones será la producción de radioisótopos utilizados en medicina nuclear. Entre ellos está el molibdeno-99, con el que se obtiene el tecnecio-99m, ampliamente utilizado en estudios de diagnóstico por imágenes. También podrá producir lutecio-177, empleado en tratamientos oncológicos, e iridio-192, para aplicaciones médicas e industriales.Hoy, esta división cuenta con más de 20 proyectos, tanto los que están en ejecución como los que están en proceso de licitación. Por ejemplo, se está construyendo un reactor nuclear en Países Bajos, que aportará el 60% de los radioisótopos que se usarán en la Unión Europea. Implicó un contrato de 500 millones de euros. También se exportaron reactores a Australia, Argelia, Egipto, Arabia Saudita, Perú, Brasil. Además se está trabajando en Uganda, en Filipinas y en Japón. Y el gobierno de Chile, ante la alta demanda de servicios y tratamientos oncológicos para población sin cobertura médica, firmó un acuerdo con Invap para desarrollar centros médicos que permitan proveer coberturas y tratamientos.
Radares para Malvinas y la IA soberana: los nuevos desafíos del Invap, el perro verde de las empresas públicas
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