LA NACIONOpiniónQueridos impuestos: me siento aturdida, decepcionada, sola. Ustedes son tantos y, cuando los necesito, me abandonan.Disculpen que elija la columna de un diario para contactarlos, pero no he hallado otra forma efectiva para decirles que les están fallando las contraprestaciones, que mis contribuciones a su existencia se están yendo por un agujero oscurísimo y que los seres humanos a cargo de administrarlos no se toman en serio ese cargo.Eso sí, les agradezco que se esfuercen tanto por poner en práctica mi paciencia y mis capacidades mentales. Los médicos no lo saben, pero ustedes son más efectivos que un vademecum psicofísico completo.Voy al grano porque temo aburrirlos. El domingo pasado, un vecino quiso sacar su vehículo del garaje del edificio, pero no pudo. Había un auto estacionado en la calle cancelando la salida. Como todos los domingos, el hombre iba a buscar a su madre anciana para llevarla de paseo. No puede otro día porque trabaja de lunes a sábados, de 9 a 22, entre otras cosas, para pagarlos a ustedes.Volvió a su domicilio con la esperanza de que la grúa, siempre tan activa, llevara al infractor, pero nada de eso pasó desde las 7 a las 12, hora esta última en que le había avisado a su madre que iría en camino. Eso creía. Y no me digan, queridos impuestos, que el asunto se solucionaba llamando a un remise. Le habría costado una fortuna, tanto por la distancia como por el recorrido que suele hacer para disfrute de la señora. ¿O acaso le iban a reintegrar el gasto?Me dio pena y ofrecí ayudarlo llamando al 147, la línea de la ciudad. “Por salud, marque 1” y por otras gestiones había que marcar 2, me dijo. Marcado el 2, la respuesta fue que ese servicio telefónico funciona de lunes a viernes, de 8 a 20, y los sábados, de 8 a 14. Le siguió un tono de ocupado. Claro, era domingo.Se me ocurrió ingresar a la app “miBA”. Me pidió mail y contraseña. Apenas puse el mail, me tiró un error. Nunca pude llegar a la contraseña. Decidí entonces “dialogar” con “BOTI + Simple”, el robotito de la ciudad, pero me mandó a “miBA”. Un fracaso tras otro. De allí se me ocurrió llamar al 911. ¡Y respondió una humana! Amorosa ella. Me dijo que iba a solucionar el tema. Sé que hay cosas más importantes que pasear a una anciana sola y esperanzada en ver a su único hijo una vez por semana, pero en la vida las urgencias son variadas.Varias horas después no había aparecido nadie. Volvía a llamar al 911. Atendió otra señorita. Comprendió la situación que ya a esa altura no era la de una anciana muy triste, sino la de media docena de vecinos que no podían sacar sus autos ni para ir a trabajar. Es que algunos también trabajan los domingos.Por las dudas de que mis esfuerzos estuvieran desactualizados, le pregunté a la IA qué otra forma existía para denunciar esa infracción que nos tenía más presos que en San José 1111. Me dijo que ingresara a la app “BAcolaborativa”. Otra frustración. De ahí a configuración del celular para habilitar uno y más pasos y me trabé en un mapa que decía que no podía ubicar la dirección que le estaba indicando.De allí salté a las fiscalías porteñas. A esa altura ya tenía miedo de que un ejército de bots me atacaran por insistente. Me preguntó un señor si quería denunciar de forma anónima y me dio lo mismo. Le dije que lo importante era poder sacar al intruso del garaje. Cuando le pedí el número de trámite me respondíó que no porque la denuncia era anónima. Entonces la personalicé y me asignaron una fiscalía que seguramente tomaría el expediente recién a partir del lunes. Eran las 19 y, tras otros dos llamados al 911, el cuatropuertas negro seguía clavado en la salida como espina en el pie.“Dejalo”, me dijo el vecino. Mamá va a entender, y me agradeció la ¿ayuda?A las 12 de la noche, otro vecino salió con un cartel para pegarlo en el parabrisas. De repente, vio a un policía en la esquina, lo llamó y lo llevó hasta el auto invasor. El vecino cuenta que el agente se reía de lo ocurrido.En la madrugada, el auto desapareció. Dicen que una pareja lo retiró después de casi 20 horas de impunidad.Queridos impuestos, ustedes también son víctimas. Los están usando. Y vaya a saber para qué fines…Por Graciela Guadalupe
Queridos impuestos
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