Noelia Benedetto, psicóloga y sexóloga: “En el heterofatalismo las mujeres aceptan este malestar como un destino inevitable”

Noelia Benedetto, psicóloga y sexóloga: “En el heterofatalismo las mujeres aceptan este malestar como un destino inevitable”

Cansancio, desesperanza y frustración. Estas tres palabras podrían resumir el significado del heterofatalismo, denominación que se dio a la sensación de muchas mujeres heterosexuales tras la decepción en sus relaciones sexoafectivas.Noelia Benedetto, psicóloga especialista en vínculos no monogámicos y sexóloga, explicó a Clarín que el heterofatalismo tiene como antecesor al “heteropesimismo”, término acuñado por la escritora e investigadora especialista en temas de género y sexualidad Asa Seresin.“El heteropesimismo vendría a ser la desafección o el desencanto con la heterosexualidad, expresado habitualmente en forma de arrepentimiento, de vergüenza o bien de desesperanza sobre la experiencia de vincularse de manera heterosexual”, aseguró.En ese marco, añadió: “El heterofatalismo es el paso siguiente a esa especie de sentimiento en el cual, generalmente las mujeres, aceptan este malestar como un destino inevitable o como una especie de tragedia”. Pese a que el término nació enfocado en mujeres, también podrían experimentarlo hombres.La diferencia entre ambos fenómenos, aclaró Benedetto, es que mientras el heteropesimismo se refiere a desencanto, el heterofatalismo es una creencia o sentimiento de resignación que señala a las relaciones heterosexuales como condenadas al fracaso, a la insatisfacción o al agotamiento; es un malestar devenido en “una tragedia natural que hay que aceptar si lo que queremos es seguir vinculándonos con varones”.Hartas: un fenómeno frecuenteBenedetto mencionó que el heterofatalismo es un fenómeno frecuente. “En el consultorio, en las redes, en donde sea escuchamos cada vez más frases como ‘ya ni tengo ganas de conocer gente’ o ‘siento que tengo que maternar a mis parejas’”, ejemplificó.La especialista resaltó que no se trata de “frases de pasillos” y, como muestra, evocó datos de la Oficina del Censo y previsiones de Morgan Stanley, donde se afirma que el 45% de las mujeres en edad laboral (de 25 a 44 años) serán solteras para 2030, el porcentaje más alto de la historia en Estados Unidos, frente al 41% en 2018.El mismo estudio sostiene que cada vez más mujeres retrasan el matrimonio, optan por permanecer solteras o se divorcian entre los 50 y los 60 años. Además, retrasan la maternidad o tienen menos hijos que antes.Para la psicóloga, “no es que las mujeres hayan dejado de querer a los varones o de querer vincularse con ellos, sino que están exhaustas”. Y amplió: “Se observa una especie de ruido bastante masivo de mujeres que eligen o priorizan su salud mental por encima de vínculos que sólo les devuelven malestares, de la cuestión de las ‘migajas’ y también un aumento de la carga del trabajo emocional”.Cuando la especialista habla de migajas se refiere al fenómeno conocido bajo el neologismo de “breadcrumbing”, donde permanentemente se busca el interés de la otra persona, pero sin entregarse a un compromiso real.Las causas detrás del heterofatalismo“Este fenómeno no nace en el vacío”, desatacó la psicóloga (en Instagram, @lic.noeliabenedetto). Tras explicar que se trata de un evento multicausal, detalló algunas de las razones que lo explican. En principio, dijo, hay un desbalance en el trabajo emocional: esto se debe a que “hay emociones que están habilitadas y permitidas para las mujeres, que no necesariamente están en la misma medida permitidas y habilitadas para los varones”.Se espera que las mujeres traduzcan, contengan y regulen las emociones de los varones, mientras que muchos de ellos permanecen encapsulados en una especie de hermétismo emocional o coraza porque así se les enseñó, resaltó la sexóloga.Otra causa, mencionó, son las lógicas digitales actuales: “Las apps de citas aceleraron esta sensación de que las personas estamos en una especie de comercio, de las personas como objetos consumibles e intercambiables, generando todo tipo de malestares”. En esa línea, sostuvo que “esta especulación de ‘qué doy’ versus ‘qué recibo’ dinamita cuestiones como el deseo, el cortejo y la seducción”.Finalmente, mencionó, “tenemos una crisis de cuidados en un contexto capitalista, un sistema que lo que prioriza es la productividad y el beneficio por sobre el bienestar. Y esto hace que la intimidad entre las personas se vuelva un tanto más escasa o bien solamente una posibilidad si está garantizado el hecho de que algo va a salir bien”. Esto, añadió, se convierte en una suerte de olla a presión donde las inseguridades y el estrés son protagonistas, ya que los vínculos no tienen garantías.Del heterofatalismo al heterorrealismoEl machismo y la desigualdad de género tienen gran implicancia en este fenómeno. Benedetto lo describió así: “El heterofatalismo es la respuesta a una especie de impuesto patriarcal que pagan las mujeres por participar en la heterosexualidad”.La especialista enfatizó entonces que el machismo no solamente se manifiesta en violencias físicas, sino en otras varias como, por ejemplo, las simbólicas. “Hay todo un lenguaje en relación a qué pasa cuando las mujeres demandan cosas y no solamente habitan posiciones obedientes y sumisas. La desigualdad se nota cuando pedimos reciprocidad o que se trabajen las cuestiones de la educación emocional”, aseveró.¿Cómo enfrentar este tipo de dinámicas? Según la psicóloga, “la alternativa tiene que ver con la emancipación del deseo. Por un lado, pasar de esta cuestión del heterofatalismo al ‘heterorrealismo’, dejar de esperar ese vínculo ideal y aceptar que la heterosexualidad es un campo de tensiones, que todos los vínculos son un campo de tensiones”.Además, detalló una serie de cuestiones a tener en cuenta:Reposicionar la soledad elegida.Elevar la vara, subir los estándares.Dejar de poner a la pareja como el centro del universo (lo que se denomina “parejocentrismo”) y empezar a fortalecer otras redes afectivas: familias elegidas o amistades significativas.A modo de conclusión, Benedetto destacó que “el placer es un derecho y, si un vínculo no nos aporta satisfacción, goce, cuidados, registro o respeto, tenemos el poder de editar la continuidad de ese guion y retirarnos”.

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