Hay una frase que repetimos casi sin pensar: “No tengo tiempo”. La usamos para explicar por qué no vamos al gimnasio, por qué no caminamos más, por qué postergamos un chequeo, por qué nunca arrancamos ese curso, ese viaje o ese proyecto que hace años nos ronda la cabeza. Durante buena parte de la vida suele ser cierta: el trabajo, los hijos, las responsabilidades y las urgencias ocupan casi todo el día.Nadie vive sin obligaciones. Pero llega un momento en que la pregunta empieza a cambiar. Aparece una mayor posibilidad de decidir qué hacer con una parte de ese tiempo.Y esa decisión puede cambiar mucho más de lo que imaginamos.La historia de Juan López García es un ejemplo. Empezó a moverse a los 66 años, cuando se jubiló, porque una hija insistió. No buscaba romper récords ni convertirse en un caso de estudio. Simplemente empezó. Años después, científicos estudian su caso y él sigue haciendo algo que parecía imposible: correr los límites que otros daban por definitivos. Es récord mundial en carreras de 50 kilómetros.Cuando los especialistas hablan de longevidad saludable, hay una palabra que se repite como un mantra: empezar. Empezar a caminar. Empezar a fortalecer los músculos. Empezar a dormir mejor. Empezar a aprender algo nuevo. No importa tanto la edad como el momento en que uno decide hacerlo.Canela, figura de la televisión y de la literatura, también habla de eso. Su historia está atravesada por la guerra, las pérdidas y el desarraigo. Sin embargo, a los 83 años, sigue escribiendo, creando, imaginando. No vive del recuerdo. Vive en presente.Se trata de uno de los cambios culturales más interesantes de esta época. Durante mucho tiempo pensamos que cumplir años significaba ir cerrando puertas. Hoy vemos cada vez más personas que hacen exactamente lo contrario: abren otras.Por eso en Voy!, el nuevo suplemento de los sábados de Clarín, conviven la nutrición con la tecnología, los libros con la ciencia, los hábitos saludables con las tendencias. Incluso una nota sobre manejar un auto con caja manual, porque desafiar al cerebro también es una forma de mantenerse activo. O una historia sobre hombres que decidieron dejar de esconder la calvicie, porque aceptar los cambios también puede ser una forma de ganar libertad.Nada de esto propone una carrera por mantenerse eternamente joven. Tampoco una obligación de hacer más cosas.La invitación es otra.Recordar que muchas veces el principal límite no está en la edad, sino en esa voz que nos dice: “No tengo tiempo”.A veces alcanza con cambiar la pregunta.No cuándo voy a encontrar tiempo.Sino para qué quiero usar el que tengo.Nos leemos el próximo sábado.
"No tengo tiempo", ¿en serio?
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