Los cuentos de Hoffmann: un merecidísimo homenaje póstumo a Eugenio Zanetti

Los cuentos de Hoffmann: un merecidísimo homenaje póstumo a Eugenio Zanetti

Les contes d’Hoffmann. Ópera en tres actos con prólogo y epílogo. Música: Jacques Offenbach. Libreto en francés: Jules Barbier. Orquesta y Coro Estables del teatro Colón. Dirección musical: Carlos Montanaro. Dirección escénica, diseño de escenografía, vestuario e imágenes: Eugenio Zanetti. Solistas: Jean-François Borras, Annalisa Stroppa, Dmitry Ulyanov, Mar Morán, Jaquelina Lavieri, Marina Costa-Jackson, Santiago Martínez, Carlos Ullán, Alejandro Spies, María Luján Mirabell, Emiliano Bulacios, Cristian De Marco, Sebastián Sorarrain, Enrique Borlenghi y elenco rotativo. Sala: Teatro Colón. Funciones: 10, 11, 13, 14, 15 y 16 de octubre.Nuestra opinión: Muy bueno. Como si el destino guardara secretos inexpugnables, Eugenio Zanetti se descompensó mientras preparaba una nueva puesta de Los cuentos de Hoffmann para el Teatro Colón. Esa situación lo llevó al final de su vida a los 79 años en plena actividad. En una sala que lo albergó varias veces -muchos recuerdan su puesta de Don Carlo de 2015-, inclusive con esta misma obra de Offenbach-Barbier hace menos de una década. De modo que este estreno para la temporada operística, con su diseño de escenografía, sus dibujos y sus vestuarios y su dirección escénica, que sostuvo mientras pudo estar presente (luego completada por el director de la orquesta), terminó siendo un homenaje póstumo y merecidísimo para este gran artista cordobés que abarcó muchos rubros de la cultura y que se hizo internacionalmente famoso con el Oscar que ganó como director de arte de la película Restauración de 1995. Y ese reconocimiento quedó expresado en el programa de mano y en el cierre al finalizar la noche de estreno.Zanetti aprovechó todo el material narrativo para desarrollar una enorme cantidad de ideas, de paisajes y de escenografíasJuanjo BruzzaDice la historia que, a mediados del siglo XIX, Jacques Offenbach conoció en París una pieza teatral llamada Les contes d’Hoffmann, de Jules Barbier y Michel Carré. Por entonces, era todavía un compositor en formación y no había adquirido la fama que lograría más adelante. Pasarían tres décadas antes de que le propusiera al mismo Barbier convertir la pieza en una ópera y estrenarla, finalmente, en el Théâtre de l’Opéra-Comique de París en 1881.La obra, plenamente inspirada en aquella original, relata las vicisitudes amorosas de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann (más conocido como E.T.A. Hoffmann) que fue un escritor y artista multifacético del siglo anterior, aquí convertido en un personaje de ficción que conserva su profesión de poeta. Sus cuentos, donde él mismo se eligió personaje central, serían entonces el punto de partida inicial, primero para la pieza teatral y luego para la ópera que aquí nos convoca.El argumento habla de un señor que recuerda y relata a sus amigos tres desengaños y/o fracasos amorosos con tres mujeres muy distintas que terminan teniendo en común el parecido con “Stella”, una cantante lírica que sería el verdadero amor del artista. Con mucho de fantasía, esas mujeres amadas y perdidas, pueden ser una muñeca mecánica a la que su inventor llama “hija” (“Olympia”), una joven que hereda una extraña enfermedad de su madre y muere cuando decide volver a cantar (“Antonia”) y una mujer de reputación dudosa y sin escrúpulos que lo engaña haciéndole creer un amor que no le tiene para aprovecharse de su deseo y robarle la imagen y el alma (“Giulietta”). Las tres están rodeadas de padres que confunden personajes, de señores poderosos -y a veces también de moral liviana- que aspiran a las mismas mujeres que Hoffmann, de médicos que serían expulsados de cualquier academia profesional, de amigos que escuchan y de una “Musa” -que en buena parte de la pieza se convierte en hombre bajo el nombre de “Nicklausse”- que funciona como un alter ego, como cable a tierra, como consejero y mentor, frente a un Hoffmann que tiende siempre a llevarse más por los instintos que por la razón.Los cuentos de HoffmannJuanjo BruzzaCargado de fantasía y de imaginación, lejos de cualquier realismo, Hoffmann termina frustrado, perseguido por la policía por un asesinato que ha cometido y solo con su musa y sus amigos recordando su pasado.Zanetti aprovechó todo este material narrativo -algo infantil si se lo mira en sí mismo- para desarrollar una enorme cantidad de ideas, de paisajes, de escenografías, de lugares imaginarios, de mezcla de épocas, de personajes extemporáneos -incluso muy posteriores a los tiempos en que todo este material fue originalmente concebido-. Dio un enorme protagonismo escénico a actores y cantantes del coro. Puso a girar y a interactuar con los intérpretes escenografías hollywoodenses. Creó espacios que son entre fantasmagóricos y bellísimos. Hizo un despliegue de recursos que sorprende para una producción argentina, con cientos de trajes, zapatos y recursos técnicos. Se atrevió a la osadía de (falsos) desnudos y erotismo. Y terminó, en buena medida, convirtiendo a su puesta en una protagonista más -por momentos central- de esta nueva versión de Los cuentos… en el Colón.Y si bien el argumento y los textos de esta obra concebida en cinco partes -prólogo, tres actos y epílogo- es algo fútil, la música es de una brillantez, de una inspiración, de un trabajo orquestal, de una sucesión de arias, dúos, tríos, momentos corales monumentales que, sumados a una puesta como la que se está viendo, permiten no hacer tediosas las casi cuatro horas que suma la ópera con sus intervalos.En este maremágnum de recursos diversos -y por momentos, aparentemente contradictorios- deben destacarse las excelentes actuaciones del Coro y de la Orquesta estables, bajo la batuta incansable del director toscano Carlo Montanaro, que sostiene el clima musical a lo largo de su muy exigente función.Y renglón aparte merece también el desempeño de los solistas, que son muchos y -hablamos en este caso de los que vimos en la función de estreno- de un nivel altísimo. Vale entonces destacar muy especialmente al bajo Dmitry Ulyanov (“Lindorf”, “Coppélius”, “Dr. Mirable”, “Dapertutto), a los tenores Santiago Martínez, Carlos Ullán y Gabriel Renaud en distintos papeles, al barítono Alejandro Spies (“Crespel”), a los bajos Emiliano Bulacios y Cristian De Marco, a la mezzo María Luján Mirabelli. Es muy destacada la tarea de las sopranos que encarnan a las amantes: Mar Morán como “Olympia” -con un aria del primer acto que fue de lo más alto de esta puesta-, Jaquelina Livieri como “Antonia” y “Stella” y María Costa-Jackson como “Giulietta”. La mezzo Annalisa Stroppa hace una “Musa”/”Nicklausse” hermosa/o desde lo vocal y también desde su gran talento actoral. Y, por supuesto, por atravesar toda la obra, por sostener varios momentos diferentes en la vida del protagonista, por su gran trabajo como cantante, quien se lleva las mayores palmas es el tenor francés Jean-François Borras en el papel de E.T.A. Hoffmann.ÓperaTeatro ColónTeatro

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