León XIV en la Argentina

León XIV en la Argentina

La visita de León XIV a Argentina representa un acontecimiento de gran impacto social y político, porque sucede a casi 40 años del último visita pastoral de un pontífice, que fue San Juan Pablo II, en Argentina que comenzaba a vivir un nuevo proceso democrático. El viaje de Papa León hay que colocarlo también como un homenaje al Papa Francisco, que en su pontificado no visitó ni Uruguay ni Argentina, y que el Papa Prevost quiso incluir, junto a su segunda patria, el Perú. Ya en el lema elegido de la visita pastoral "Bienvenidos todos. Vayan y anuncien" podemos imaginar cuáles serán los ejes centrales de las intervenciones del pontífice americano: una iglesia cada vez más misionera, abierta a todos en la búsqueda de retejer, reconstruir un tejido social desgarrado por una injusta distribución de las riquezas. El carisma agustino del Papa Prevost es misionero y comunitario. Como prior de los religiosos agustinos, el futuro pontífice decía en 2002 hablando de la pobreza de América Latina: "La realidad de una situación de injusta pobreza y marginación es uno de los problemas mas candentes de la actualidad mundial y no solo del Tercer Mundo. No es posible ser cristiano hoy de espaldas al "grito de los pobres" y la lucha por la justicia. La miseria de millones de seres humanos es un verdadero sacramento del pecado en el mundo, y la globalización excluyente e insolidaria hace más necesaria que nunca la molesta pregunta acerca de donde dormirán hoy los más pobres”. En esta perspectiva, y en la senda del pontificado de Francisco, asume relevancia la centralidad que Papa León dedica a los más pobres. Su visita al Cottolengo de Claypole y su visita a los detenidos del cárcel de Devoto son un signo muy claro, que la Iglesia de León continúa a ser "una iglesia pobre para los pobres". No hay que olvidar que en sus pasados viajes pastorales a África, el Papa Prevost haya siempre dedicado un espacio para visitar a los presos. También a Claypole su encuentro con los enfermos y los "modernos leprosos" indican una elección evangélica de ir entre los olvidados y los descartados de la sociedad. La gran preocupación pastoral de León es mantener y fortalecer la unidad de la Iglesia y seguramente la presencia de las diferentes tradiciones cristianas en el país será una nueva oportunidad para retomar un proceso de unidad de los cristianos que vive, en otros cuadrantes, tiempo de estancamiento. El diálogo entre las religiones ya emprendido con fuerza por Papa Francisco será otro momento en que el pontífice podrá resaltar este espíritu de convivencia y de fraternidad, premisa indispensable para una sociedad pacificada. La condición juvenil entre desorientación y consumismo será otra página importante de su visita. Las dos vigilias que pasará con los jóvenes en Córdoba y en Buenos Aires se presentan como una oportunidad en que el pontífice hable al corazón de los jóvenes con su estilo familiar, sencillo y profundo. Hoy asistimos en una sociedad sin padres, como la soledad y el aislamiento de los jóvenes produzca cada vez más un alto índice de suicidios, al que hay que agregar la dependencia de drogas y una ludopatía creciente.La empatía de Papa León podrá ayudar a los jóvenes para retomar esperanza y protagonismo. Queda la política. Como ya ha explicado en otras situaciones el Papa no es un político, sino comprende la política, para decirla con Pablo VI, como "el más alto servicio de la caridad", es decir, como la construcción del bien común. Entonces podemos imaginar quizás que dará indicaciones evangélicas para que se puedan impulsar políticas de estado, que van más allá de intereses ideológicos o de grupos de poder. Es cierto en su pensamiento que nunca la economía pueda aplastar la dignidad de la persona humana.

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