Jorge Robayna, el capitán español de F-18 que lideró una misión de la OTAN: "Un piloto por sí solo no hace nada"

Jorge Robayna, el capitán español de F-18 que lideró una misión de la OTAN: "Un piloto por sí solo no hace nada"

Desde niño tuvo claro que quería pilotar un avión de combate. Jorge Robayna creció en una familia vinculada a la aviación y al Ejército del Aire y aquella afición terminó convirtiéndose en una profesión. Hoy, como capitán del Ala 15 de la Base Aérea de Zaragoza, pilota F-18 y ha llegado a dirigir una misión aérea multinacional de la OTAN.Su trayectoria acaba de vivir uno de sus episodios más destacados. Durante el despliegue del Destacamento Aéreo Táctico "Ámbar" en Estonia, Robayna ejerció como director de una misión nocturna en la que participaron aeronaves y efectivos de cinco países aliados. El Ejército del Aire y del Espacio confirmó que la operación involucró medios de España, Polonia, República Checa, Francia y Turquía, además de un AWACS de la OTAN.Pero el propio piloto resta protagonismo a su papel individual. Para él, detrás de cada vuelo existe un equipo mucho más amplio.Una vocación que nació en su infanciaRobayna asegura que desde pequeño le llamaban especialmente la atención los aviones. La influencia familiar fue determinante: su padre y sus tíos eran aficionados a la aviación y por parte de su madre también existía una estrecha vinculación con el ámbito militar.Uno de sus tíos fue piloto de Mirage F1, mientras que otro de sus tíos y su abuelo pertenecieron al Ejército del Aire. Así, lo que para muchos niños podía ser una profesión soñada terminó convirtiéndose en un objetivo que Robayna mantuvo durante años."Siempre lo tuve ahí, en el horizonte", explica al recordar aquella época. Después de superar las distintas etapas de formación, llegó a la Academia General del Aire de San Javier y posteriormente al Ala 15 de Zaragoza, donde encontró su destino como piloto de F-18.Del sueño de niño a la cabina de un F-18El camino hasta convertirse en piloto de combate exige años de formación y entrenamiento. Robayna llegó a la Base Aérea de Zaragoza como teniente recién salido de la Academia General del Aire, después de cinco años de preparación.Su llegada al Ala 15 coincidió con el descubrimiento de una ciudad muy diferente a su Canarias natal. El frío, el calor y especialmente el cierzo fueron algunas de las primeras experiencias que recuerda, aunque después de tantos años asegura sentirse ya "un maño más".Su relación con Zaragoza también tiene una dimensión profesional. Cuando el Ala 15 se despliega fuera de España, sus integrantes no solo representan a la unidad, sino también a la ciudad y al país. "Al final, cuando estamos en otro país, no solo representamos a nuestra unidad, sino también a España", explica.Historia de la OTAN (en 15 minutos)La misión de la OTAN que tuvo que dirigirUno de los momentos más importantes de su carrera llegó con el despliegue internacional en el Báltico. El Destacamento Aéreo Táctico "Ámbar", integrado principalmente por personal y medios del Ala 15 y de la Escuadrilla de Apoyo al Despliegue Aéreo, permaneció cinco semanas en Estonia dentro del sistema de defensa aérea de la OTAN.Durante ese periodo, los F-18 españoles realizaron alrededor de 200 horas de vuelo y participaron en misiones de Alerta de Reacción Rápida. También llegaron a ser activados para identificar y escoltar una aeronave de vigilancia rusa sobre el mar Báltico.En ese contexto se produjo uno de los hitos del despliegue: Jorge Robayna asumió la dirección de una misión aérea nocturna sobre espacio aéreo polaco.La operación contó con medios de cinco países aliados y un avión AWACS de la OTAN, un escenario que exigía una coordinación especialmente precisa."Sobre todo, responsabilidad"¿Qué sintió cuando le comunicaron que iba a dirigir una misión multinacional? Robayna lo resume en una palabra: responsabilidad.También considera que fue una oportunidad para poner a prueba la preparación adquirida durante años y trabajar junto a militares de otros países aliados.La experiencia, explica, permite comprobar que fuerzas aéreas con diferentes idiomas, culturas y formas de trabajar pueden integrarse gracias a procedimientos comunes. La estandarización es precisamente uno de los elementos que facilita este tipo de operaciones dentro de la Alianza Atlántica.Lo que ocurre antes de despegar es tan importante como el vueloDesde fuera, dirigir una misión de este tipo puede parecer una sucesión de decisiones tomadas dentro de la cabina. La realidad que describe Robayna es bastante diferente.Una gran parte del trabajo se realiza antes de que los pilotos se suban a los aviones. El planeamiento permite estudiar las posibles situaciones, coordinar a los participantes y establecer cómo actuar ante diferentes escenarios.Una vez en el aire, el objetivo consiste en ejecutar ese trabajo previo y adaptarlo a las circunstancias que puedan aparecer. Por eso, el piloto considera que una misión bien preparada suele ser mucho menos espectacular desde dentro de lo que puede parecer desde fuera.La frase que mejor resume la filosofía profesional de Robayna tiene que ver precisamente con el trabajo colectivo. "Un piloto por sí solo no hace nada", afirma.Y detrás de un F-18 preparado para despegar existe una larga cadena de profesionales: otros pilotos, mecánicos, armeros y personal encargado del mantenimiento y del apoyo a las operaciones.El capitán del Ala 15 considera que ese trabajo conjunto es el verdadero responsable de que una misión pueda desarrollarse.La idea también quedó reflejada durante el despliegue en Estonia, donde los F-18 españoles operaron junto a medios de otros países aliados y realizaron ejercicios multinacionales, incluidos entrenamientos nocturnos y actividades relacionadas con la defensa frente a drones.De vuelta a Zaragoza después del despliegueTras finalizar la misión, Robayna y el resto del destacamento regresan a Zaragoza para reincorporarse a la actividad habitual del Ala 15. El entrenamiento, la formación y la preparación continúan siendo una parte fundamental de su trabajo. Para un piloto de combate, la carrera profesional no termina al alcanzar una determinada posición: las operaciones requieren mantener y actualizar continuamente las capacidades adquiridas.Y, después de semanas fuera de casa, también queda espacio para una parte mucho más cotidiana de su vida: regresar junto a su familia y sus amigos y disfrutar, si el calendario lo permite, de las fiestas del Pilar.La historia de Jorge Robayna empezó con un niño que decía que quería ser piloto de combate y terminó llevándolo hasta la cabina de un F-18 y al liderazgo de una misión multinacional. Pero, para él, el protagonismo nunca pertenece únicamente a quien está a los mandos: cada vuelo es el resultado del trabajo de todo un equipo.

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