Georgina Rodríguez vive desde hace años entre viajes, grandes ciudades y destinos internacionales, pero hay un lugar mucho más pequeño que ocupa un espacio particular dentro de su historia.Allí pasó buena parte de su infancia y adolescencia -hija de padre argentino, Georgina nació en Buenos Aires- mucho antes de conocer a Cristiano Ronaldo y de convertirse en una de las españolas con mayor exposición internacional.El destino está junto a los Pirineos, rodeado de montañas y cerca de algunas de las estaciones de esquí más conocidas de Aragón.El lugar es Jaca, en la provincia española de Huesca. Con alrededor de 14.000 habitantes, esta pequeña ciudad pirenaica quedó ligada a la biografía de Georgina Rodríguez porque allí creció junto a su familia.La propia empresaria regresó a Jaca durante la primera temporada de Soy Georgina, la producción de Netflix que muestra su vida familiar, sus viajes y el contraste entre sus orígenes y su presente.El regreso tuvo escenas alejadas del lujo que suele rodearla. Georgina recordó una infancia marcada por paseos por la montaña, excursiones familiares, tardes recogiendo moras y una etapa en la que encontró en el ballet una actividad que mantuvo hasta los 16 años.A los 18 dejó aquella vida para buscar oportunidades fuera. Trabajó en el comercio de moda y terminó instalándose en Madrid, donde años después conoció a Cristiano Ronaldo mientras trabajaba en una tienda de Gucci.Jaca quedó del otro lado de ese recorrido. Cuando volvió con su hermana Ivana después de varios años, recordó una vida mucho más sencilla y la sensación de encontrarse nuevamente en un sitio familiar.Qué ver en Jaca, la ciudad donde creció Georgina RodríguezUno de sus grandes símbolos es la Catedral de San Pedro de Jaca, considerada entre las construcciones más importantes del románico español. Su primera etapa de construcción comenzó en el siglo XI, cuando la ciudad adquirió un peso político decisivo dentro del Reino de Aragón.El templo tiene tres naves y conserva elementos característicos del románico jaqués, entre ellos capiteles historiados y el conocido ajedrezado jaqués, un motivo decorativo que después apareció en numerosos edificios vinculados al Camino de Santiago.Junto a la catedral funciona el Museo Diocesano, que reúne pinturas murales medievales y piezas de arte sacro procedentes de iglesias de la región.A pocos minutos aparece otro edificio que cambia por completo el paisaje: la Ciudadela de Jaca. La fortaleza tiene planta pentagonal, murallas, baluartes y un gran foso. Su construcción comenzó a fines del siglo XVI para reforzar la defensa de la frontera pirenaica.El casco histórico completa el recorrido con la Calle Mayor, la Torre del Reloj y la plaza de la Catedral. Jaca también forma parte del Camino Francés hacia Santiago de Compostela, una ruta reconocida como Patrimonio Mundial.Pirineos, nieve y el entorno que rodeó la infancia de GeorginaLa ubicación ayuda a entender otra parte del vínculo de Georgina Rodríguez con Jaca. La ciudad se encuentra en el valle del río Aragón y funciona como una de las principales puertas de entrada al Pirineo aragonés.Astún y Candanchú, dos conocidas estaciones de esquí españolas, están a pocos kilómetros. Durante el invierno, esa cercanía transforma a Jaca en una base habitual para quienes llegan a la zona por la nieve.El paisaje también cambia fuera de la temporada de esquí. Senderos, valles y pueblos de montaña permiten recorrer durante primavera y verano una región donde el turismo está fuertemente ligado a las actividades al aire libre. Entre esos escenarios transcurrieron años decisivos para Georgina. Allí estudió ballet, formó sus primeras amistades y vivió antes de marcharse para trabajar fuera de Aragón.
El pueblo que Georgina Rodríguez eligió como refugio: pocos habitantes y una catedral del siglo XI
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