Valentino Zegarelli, el 10 a la altura de Messi que emocionó en el Mundial de Powerchair: “Este deporte fue lo mejor que me pasó”

Valentino Zegarelli, el 10 a la altura de Messi que emocionó en el Mundial de Powerchair: “Este deporte fue lo mejor que me pasó”

La tribuna del Parque Olímpico de la Juventud ruge como cualquier estadio de fútbol. Hay bombos, banderas, cantos y un grito unánime que baja desde los asientos: "El que no salta, es un inglés". Como hace cuatro meses en Atlanta, los equipos salen a la cancha para disputar la semifinal de Copa del Mundo entre Argentina e Inglaterra, y por los parlantes suena La Mano de Dios de Rodrigo Bueno. En una de las cabeceras, un trapo gigante sintetiza la devoción popular con tres rostros: a la izquierda, Diego Armando Maradona; a la derecha, Lionel Messi; y en el centro, Valentino Zegarelli. El "Dios", el "Mesías" y el capitán de la Selección Argentina de Powerchair.Esa fue la postal que ilustró el fenómeno desatado durante la última semana en Buenos Aires por la quinta edición del Mundial del deporte donde se juega al fútbol en sillas de ruedas motorizadas, diseñado para atletas con atrofias, distrofias musculares, parálisis cerebral o lesiones medulares severas. El torneo coronó campeón a Francia tras vencer 2-1 a Inglaterra en la final, mientras que Argentina no pudo recuperarse de la caída 1-0 ante los Tres Leones en semifinales y finalizó en el cuarto puesto tras perder por el mismo resultado ante Estados Unidos en el duelo por el tercer lugar.Sin embargo, los últimos resultados fueron casi anecdóticos: los jugadores se llevaron el regalo de jugar en su propia tierra. Ese premio cobra un sentido especial para Zegarelli, que no solo es el capitán del seleccionado, sino que en cierto punto junto a su familia son los responsables de que este movimiento inclusivo tenga lugar en el país.A sus 21 años, Zegarelli es más que la figura estelar del equipo. Hincha de River, actualmente despliega su talento en Tigres de Pacheco, el club que lo vio nacer y al que regresó tras hacer historia como el primer argentino en ganar la Premier League inglesa con el West Bromwich Albion. Su vida es un rompecabezas de compromisos ineludibles: cursa el segundo año de Administración de Empresas, lleva adelante un emprendimiento de dispositivos antiasfixia junto a su hermano Franco, y se somete a una estricta rutina física."Estudio de lunes a viernes a la mañana. Después a la tarde tengo muchas terapias físicas, kinesiología, gimnasia, pilates. Siempre los martes, miércoles y sábado entrenamos con el club, y una vez por mes con la Selección", le relata Valentino a Clarín, luego de verse rodeado por una decena de amigos que bajaron a abrazarlo tras el pitazo final. Esa postal explica el significado de la bandera que lo endiosa: "La bandera la hicieron ellos. Es muy linda porque significa que realmente mis amigos disfrutan de verme jugar. Son unos capos. Dejaron sus estudios, la facultad, todo para estar toda esta semana acá acompañándome. Siempre se los voy a agradecer".Sobre la cancha, de medidas similares a la de básquet donde compiten dos equipos de 4 jugadores, su filosofía no negocia el esfuerzo. "Soy muy exigente y soy un jugador muy positivo. Lo que me gusta dejar como referencia para mis compañeros es que hasta el último minuto no hay que darse por vencidos", sentencia el capitán. Esa mentalidad fue la que los depositó entre los cuatro mejores del mundo: un día antes, el equipo necesitaba un milagro matemático para acceder a las semis. Aplastaron 5-0 a Uruguay y lograron el boleto por diferencia de gol. "Siempre hay que dar todo. Es lo importante, más allá del resultado", asegura Valentino.Justo debajo de esa bandera sagrada se encuentra Mariano Zegarelli, su padre y el motor invisible de este Mundial. Vivió el encuentro como un hincha más. "Espero no haber hecho muchos papelones", confiesa con una sonrisa. "Esa es la parte más fea mía, mi pareja me reta, y después él me dice: 'Papá, te escuché en la cancha', jaja".El rol de Mariano trasciende el de un padre en la tribuna. Cuando Valentino no llegaba al año de vida, fue diagnosticado con Atrofia Muscular Espinal (AME) tipo II, una enfermedad progresiva que afecta las motoneuronas y debilita los músculos. Hasta sus cinco años, Valentino solo miraba a su hermano jugar al rugby desde el costado de la cancha. La historia dio un giro de 180 grados en 2010, cuando Mariano viajó a una convención médica en Estados Unidos buscando alternativas y se topó con una pelota gigante. Al descubrir el Powerchair, la ecuación cambió: regresó al país y fundó Powerchair Football Argentina.Para Valentino, el impacto fue inmediato y definitivo. "Fue lo mejor que me pasó en la vida", afirma sin dudarlo. Por eso, el reconocimiento hacia los suyos es absoluto. "Le agradezco toda mi vida. No solo porque trajeron el deporte, sino porque se involucraron mucho. A veces en Argentina las cosas son más difíciles de lo que parecen y les llevó mucho estrés", relata el 10, y se detiene en el rol de su madre: "Mi vieja siempre me bancó desde chico. Muchas veces iba a entrenar a Power solo, a veces en un lugar descubierto, de noche. Ella siempre confiaba en mí".Pero si hay un pilar fundamental en la vida del capitán, es su hermano Franco. "Es la persona que más quiero en mi vida, de verdad. Es mi ídolo", confiesa con emoción. "En este Mundial siempre me ayuda. Siempre charlo con él en los momentos que estoy medio jodido".La dedicación de Valentino es algo que a Mariano todavía lo asombra. "De afuera lo veo con una disciplina increíble. Hace un mes, cinco y media de la mañana, se despertó para entrenar. Solo, en la galería de casa, pateando con la pelota...", relata el padre, dejando en claro cómo el deporte moldeó la dinámica familiar: "Nuestras cenas son mirar Powerchair, todos los partidos del mundo. O sea, el 80 por ciento de nuestras charlas van en torno a ese tema".Ver su quinta edición de la Copa del Mundo disputándose en suelo argentino, con tribunas colmadas, es el sueño cumplido de la fundación. "Estamos muy, muy contentos porque es la mejor manera que podemos tener para promocionar el deporte inclusivo en nuestro país. Vino gente de todo el país: de Entre Ríos, Córdoba, La Pampa, Río Negro, Neuquén", detalla Mariano. "Cuando dimos la charla a toda la comunidad extranjera, dijimos: 'Bienvenidos a la tierra del fútbol'. Y estas hinchadas, sin quitar mérito a otros países, estaban todos copados con la atmósfera, la pasión".La visión de Mariano se resume en los lemas que impulsan a la fundación: "De espectadores a protagonistas" y "Cambiando vidas". "Hoy todo el mundo está mirándonos. No queremos ni decir la palabra discapacidad, con todo el respeto que merece; acá es todo igual, igual. Hay momentos en que pasa uno de los chicos, me viene a abrazar y ahí me quiebro. Es como que esto nos trascendió", reflexiona, con los ojos vidriosos.Este viernes, desde las 13, Argentina buscará subirse al podio cuando enfrente a Estados Unidos por el tercer puesto, luego de que los norteamericanos cayeran ante Francia en la otra llave. Si a Valentino le dieran la oportunidad de viajar en el tiempo y cruzarse con aquel nene de 8 años que recién se subía a una silla para patear por primera vez, el consejo sería simple: "Que disfrute cada momento de los partidos, que confíe en él. Tarde o temprano va a lograr lo que quiera lograr". Y desde la tribuna, su padre, el hincha que transformó una búsqueda personal en una revolución deportiva nacional, solo tiene una certeza para devolverle entre lágrimas: "Estoy orgulloso de él". La bandera del "Dios, el Mesías y Zegarelli" volverá a flamear.

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