El vertedero regional de Casper, en Wyoming, contiene enterradas 1.124 palas de turbinas eólicas. Recibió estas enormes piezas, de hasta 36 metros de largo, hasta 2020. Pero desde entonces, las empresas de energía eólica le han encontrado un nuevo destino. Por ejemplo, una instalación en Fairfax, cerca de Cedar Rapids, Iowa, que las tritura y las transforma en materia prima del hormigón y asfalto.Las palas pueden superar en longitud a muchos aviones comerciales y están diseñadas para soportar durante dos décadas hielo, granizo y fuertes vientos. Esa resistencia, fundamental durante su vida útil, se convierte en un problema cuando la turbina deja de funcionar.Cerca del 90% de la masa de una turbina ya cuenta con una salida para su reciclaje, según informó EcoPortal. El acero de las torres puede venderse como chatarra, el cobre tiene un mercado propio y el hormigón de los cimientos puede triturarse para utilizarse como relleno.El desafío aparece con las palas, ya que están fabricadas con fibra de vidrio incrustada en una resina termoestable. A diferencia de otros plásticos, este material no puede ablandarse para recuperar sus componentes mediante procesos convencionales.Cómo es la planta de FairfaxEn junio de 2024, REGEN Fiber, vinculada con Alliant Energy, puso en marcha la planta de Iowa donde, tal como explica un comunicado: “en lugar de quemar las palas o enterrarlas en vertederos, se las tritura, se les extrae los componentes aprovechables y los transforma en productos de alta calidad que se utilizan en materiales de construcción, como el hormigón”.La empresa, que comunica su accionar en un comunicado de su web, destaca que “este proceso de reciclaje totalmente mecánico evita el uso de calor o productos químicos y así ofrece una solución más respetuosa con el medio ambiente”. En concreto, reduce significativamente la eliminación de residuos peligrosos y elimina la incineración de las palas.Según Ecoportal, en Iowa pueden procesar 30.000 toneladas de material de palas por año. “Nuestro proceso recicla el 100% de las palas para crear fibras de refuerzo y aditivos que mejoran la durabilidad y la resistencia del hormigón y el asfalto”, afirma Jeff Woods, director de desarrollo comercial de la empresa.Al incorporarse al hormigón o al asfalto, los compuestos derivados de la palas trituradas aumentan la robustez general; reducen las grietas causadas por la contracción plástica y por secado; mejorar la capacidad para soportar esfuerzos repetidos y brindan mayor durabilidad frente a episodios de congelación y descongelación.La empresa también trabaja con residuos de fabricación, según EcoPortal. Una planta en Des Moines recibe restos procedentes de la producción de nuevas palas, mientras otra instalación en Lubbock, Texas, atiende el material procedente de turbinas retiradas en la región.Algunas dificultades que presenta la plantaSegún informó EcoPortal, el modelo enfrenta un obstáculo clave. El costo del transporte y del procesamiento puede superar el de enviar una pala a un vertedero. Cortar estas estructuras en piezas adecuadas para su traslado también requiere tiempo y maquinaria especializada.Además, todavía existen dudas sobre el rendimiento de la fibra reciclada. Un estudio citado por EcoPortal señala que su incorporación al hormigón puede reducir la resistencia y la durabilidad en ciertas condiciones.Por ahora, la planta de Iowa ofrece algo que antes casi no existía. Una ruta comercial para un material que durante años terminó bajo tierra. Si las pruebas confirman su utilidad y los costos resultan competitivos, una pala que pasó dos décadas frente a los campos de Iowa podría tener una segunda vida en una ruta cercana.
Una planta en Iowa tritura unas 30.000 toneladas anuales de palas de turbinas usadas sin calor ni productos químicos y las convierte en fibra que luego se utiliza en hormigón y asfalto
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