Para celebrar sus primeros 25 años, la Asociación Adobe, creada con el múltiple propósito de rescatar y conservar el patrimonio natural y cultural del monte santiagueño, organizó una muestra en el Museo de Arte Popular José Hernández, donde se pueden ver textiles, esculturas de madera y cerámicas, que de una u otra manera logran evocar la riqueza cultural y natural de ese paraje argentino. En este escueto relato revisamos algunas de sus iniciativas y personajes.“No son iguales. El ucle es un cactus que tiene entre 8 y 12 costillas con espinas, y el cardón puede llegar a tener hasta 32 costillas”, explica Diego Flamenco con la pasión grabada en el rostro.Caminamos por el monte de Quimilí Paso, al sur de Santiago del Estero, una mañana de agosto tardío y amigable. Me cuenta la leyenda de cada árbol, aprendida de padres y abuelos.No hay mosquitos y, en el medio de la espesura, se asoma una capilla de adobe. Es pequeña, de piso de tierra, con bancos de tronco cubiertos por mantas, y, a un costado, un esqueleto de madera sostiene la campana que rompe el vértigo del silencio.Una placa recuerda que la fundadora de la Asociación Civil Adobe, Andreina Bassetti Rocca, trajo de Italia la imagen de la Virgen Niña. ¿Cómo sería una misa ahí dentro? Una foto honra al primer enfermero que tuvo la Posta Sanitaria de Quimilí Paso.Hubiera seguido explorando árboles hasta llegar al más anciano, aquel de tronco tan ancho que ningún hombre puede abrazar. Del otro lado del monte vive Rolando Mojica.Esculturas-troncoSu casa está rodeada de esculturas-tronco, formas que evocan ciervos, caballos, perros y seres imaginarios. Un perrito de pelo negro y enmarañado ladra desaforado. Dos cabritos blancos, inmaculados, balan y balan, reclamando la comida que no les dan.Rolando y su amigo y colega Pascual Flamenco recuerdan que sus padres y abuelos les hablaban en quichua, esa lengua originaria que tanto amó y difundió don Sixto Palavecino, con las chacareras y canciones animadas por su inolvidable violín.CUL / Asociación AdobeRolo y Pascual ensayan cómo ubicar los bancos de madera que hicieron junto a Dolores Mallea, arquitecta y carpintera de Buenos Aires. Dolores pasó una semana entera en un rancho sencillo, con escasos muebles artesanales, sin electricidad, junto a Luciano Giménez, artista cordobés que creó múltiples y pequeñas piezas de cerámica junto a niños y adultos de la región.En otro predio, Marina Landriel toma un vellón de lana de oveja y comienza a hilar con un huso, tal como lo hicieron las mujeres desde la prehistoria y en todas las geografías. Ese vellón vaporoso se convierte en un hilo larguísimo que luego tiende en un telar horizontal de palo.Una gallina escandalosa se sube a la trama de lana y Marina le acerca un canasto con ovillos para que se aquiete y ponga sus huevos. Ella, Nelly Meilán y Claudia Mazzola tejieron un enorme tríptico, “Creer para ver”, y en cada tapiz se lee una de las palabras.A cielo abierto, en una soga infinita flamea la ropa recién lavada y sobre unos palos clavados en la tierra se secan las zapatillas. Un perro duerme abrazado a un chancho sobre la tierra agrietada. Seguimos a lo de Renzo Galeano, que tiene los perros menos guardianes del mundo: aúllan de felicidad cuando nos ven bajar de la camioneta, sin siquiera saber quiénes somos.Termo y mate en mano, Renzo cuenta cómo aprendió el oficio de su padre, Boli. No hay definición posible: ¿es ebanista, artesano, carpintero o artista? Dice que para que la madera de chañar dure cien años, hay dos semanas al año para cortarla, con luna en cuarto menguante, entre mayo y junio.En otra parada, Esteban explica cómo se tiñe la lana mientras aviva la leña en un pozo cavado en la tierra donde hierve el agua de los tachos con el lloro o resina del algarrobo. El sol atraviesa las madejas que cuelgan de un alambre, los colores resucitan, y las gallinas guineas se agitan gritando a coro.Más allá hay telares que exigen la fuerza de manos varoniles para lograr una trama ajustada; todo es coordinado por Silvina Bravo, que aprendió el oficio en la Escuela de Telar con apenas 15 años.Este puñado de historias es posible por la persistencia de hombres y mujeres de la Asociación Adobe, que hace 25 años se esfuerzan por rescatar oficios y tradiciones, conservar el medio ambiente y mejorar la calidad de vida de la comunidad de Quimilí Paso.Escuela de Familia AgrariaHay mucho más: una Escuela de Familia Agraria de donde llevo miel, dulce de zapallo, mermelada mixta y dulce de leche que hacen los alumnos internados. En el taller de carpintería, los niños pegan sus maderitas para hacer juguetes, y se cuelgan de Manuel exigiendo atención al grito de “maestro, maestro”.En el taller de cuero hay adolescentes concentrados en cortar, anudar y coser, mientras reina un silencio infrecuente entre chicos de esa edad. Al costado de la ruta provincial 92, Horacio se ocupa del vivero, cuida los plantines de algarrobo, una calandria picotea la tierra y un cardenal inquieto se posa en el alambrado.En uno de los horcones del alero me enseña la colonia diminuta de abejas meliponas. Las hormigas acarrean sus hojas en fila india y yo recojo una vaina de quebracho blanco abierta como un libro de semillas.Entre otras acciones, Asociación Adobe da un apoyo constante a la Escuela de la Familia Agrícola Avellaneda (becas, transporte escolar, talleres de cerámica, textil y madera, mejora de las instalaciones y el albergue estudiantil) y a una Posta Sanitaria que brinda atención ginecológica, vacunación, farmacia, enfermería y control de crecimiento infantil.La reserva forestal “Amílcar Romero” tiene 1.800 hectáreas adquiridas para evitar el desmonte. Allí mismo se levantó la capilla de adobe y su campanario de madera. A las 33 familias que la habitan se les donó la titularidad de las tierras y se logró el acceso al agua con la construcción de un acueducto, y el acceso a la electricidad y a la conectividad con pantallas solares.Gracias a la recuperación y revitalización del arte textil se generaron puestos de trabajo e ingresos sostenidos, además de fomentar el arraigo de la comunidad.La riqueza del monte se puede visitar en el Museo de Arte Popular José Hernández (Av. Del Libertador 2373).
Una muestra celebra el patrimonio natural y cultural de Santiago del Estero
Full Article
Original Source
Read the full article at Clarin →KhanList aggregates and links to publicly available news content. We do not host full articles from third-party sources. Always verify important information with original sources.