Un religioso de 42 años impulsa la oposición a la destrucción de 2100 acres de "belleza natural" para la construcción de centros de datos de IA en Texas: “Un pacto con el diablo”

Un religioso de 42 años impulsa la oposición a la destrucción de 2100 acres de "belleza natural" para la construcción de centros de datos de IA en Texas: “Un pacto con el diablo”

En Granbury, un pequeño pueblo histórico ubicado a 110 kilómetros de Dallas, las reuniones del Ayuntamiento suelen comenzar con una plegaria. Sin embargo, en las últimas sesiones, el tono de los rezos dio un giro insólito.Matt Long, miembro de la comisión de desarrollo del condado de Hood y ferviente creyente cristiano, se presentó ante el consejo municipal para oponerse enérgicamente a la recalificación de 2.100 acres de terreno destinados al megaproyecto tecnológico Project Patriot. Su argumento apeló al impacto urbanístico y a la teología: "¿Como cristianos, creemos que intercambiar 2.100 acres de belleza natural por complejos tecnológicos impíos nos acerca a la Creación? ¿Pactar con Google, Meta y Amazon nos acerca a Dios o es hacer un trato con el diablo?".El encendido alegato de Long se ha convertido en la punta de lanza de un fenómeno en rápida expansión por todo Texas. A medida que el estado se encamina a superar a Virginia como la capital mundial de los centros de datos -impulsado por megaproyectos como Stargate de OpenAI, SoftBank y Oracle en Abilene-, una coalición bipartidista y profundamente motivada por valores religiosos ha comenzado a frenar el avance de las multinacionales de la Inteligencia Artificial (IA).De la literatura apocalíptica al colapso del agua: Los fundamentos de la resistenciaLa oposición contra las infraestructuras de IA en el ámbito rural tejano ha encontrado un catalizador inesperado en los textos bíblicos. En los debates locales y en grupos de organización digital, líderes teológicos y residentes citan con frecuencia los libros de Daniel y el Apocalipsis, advirtiendo que el reemplazo de la naturaleza por inteligencias artificiales y sistemas de vigilancia masiva constituye una afrenta espiritual. Clayton Tucker, candidato demócrata a comisionado de agricultura de Texas y católico practicante, ha llegado a comparar las granjas de servidores con el fruto prohibido: "Si mordemos esa manzana del conocimiento, ¿será eso lo que nos expulse de esta canica azul del Edén que llamamos Tierra?".Más allá de la retórica teológica, la resistencia se sustenta en problemas materiales inmediatos. Los centros de datos de última generación requieren volúmenes masivos de agua para sus sistemas de refrigeración y demandas eléctricas extraordinarias. El operador de la red eléctrica de Texas (ERCOT) advirtió que la demanda de energía podría quadruplicarse para 2032 debido a la avalancha de solicitudes de conexión tecnológica.A este escenario se suman los reclamos por contaminación acústica e impacto en la salud. Vecinos del condado de Hood demandaron recientemente a la firma MARA Holdings por el ruido ininterrumpido de su instalación de minería de Bitcoin y servidores, denunciando migrañas, acúfenos (tinnitus) e incapacidad para conciliar el sueño.Un frente transversal: El 71% de los independientes y la mayoría rural rechazan las obrasLa magnitud del descontento ciudadano ha tomado por sorpresa al sector empresarial y a la clase política. Una encuesta de la Universidad de Texas y el Texas Politics Project reveló que el 56% de los votantes registrados en el estado se opone a la construcción de centros de datos en sus comunidades, una cifra que escala al 62% en los condados rurales, donde se proyectan la mayoría de estas obras por la disponibilidad de suelo no incorporado.El rechazo cruza todas las fronteras ideológicas. Mientras que el 71% de los demócratas y el 62% de los independientes se oponen a las instalaciones, la base republicana se encuentra severamente dividida (44% en contra frente a un 42% a favor). A nivel nacional, la tendencia se replica: sondeos de Gallup señalan que 7 de cada 10 estadounidenses rechazan la instalación de un centro de datos cerca de sus hogares, preocupados por el inminente aumento en sus facturas de luz y la pérdida de confiabilidad en el suministro eléctrico.Con al menos 248 proyectos planificados y 335 en funcionamiento en suelo tejano, la investigación de la firma Data Center Watch detalla que la presión comunitaria ya logró paralizar o bloquear al menos 48 megaproyectos valuados en más de 156.000 millones de dólares en todo el país.Viraje político en Austin: El gobierno frena los incentivos fiscales a Big TechLa creciente hostilidad pública ha comenzado a alterar el tradicional discurso pro-corporativo de los altos mandos de Texas. El gobernador republicano Greg Abbott, quien anteriormente calificó al estado como el "epicentro del desarrollo de la IA", envió una carta formal a los reguladores exigiendo un control estricto sobre el consumo de agua y energía de estas instalaciones. Además, Abbott respaldó la derogación de la exención del impuesto estatal sobre las ventas para los centros de datos, una medida de alivio fiscal que le cuesta al tesoro tejano más de 3.000 millones de dólares al año.En la misma línea, el vicegobernador Dan Patrick ordenó al Senado estatal estudiar normativas más severas para frenar el impacto en la infraestructura pública. Mientras condados como Hill County aprueban moratorias de construcción por un año y los ciudadanos apelan al fiscal general Ken Paxton para frenar las anexiones de tierra, la tensión entre las aspiraciones de Silicon Valley y la preservación de las comunidades locales amenaza con convertirse en uno de los ejes rectores del debate político nacional.

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