200 niños y niñas pasaron por Casa MANU (Mucho Amor Nos Une) desde su creación. La cifra marca un hito para el hogar convivencial de Monte Grande, que desde hace más de dos décadas acompaña a infancias con VIH y otras situaciones de extrema vulnerabilidad.En el año en que Casa MANU cumple 25 años, la institución alcanzó otro número que refleja su recorrido: 200 niños y niñas pasaron por el hogar desde su creación. Aún así, Silvia Casas, su fundadora, asegura que ninguna estadística alcanza para explicar lo que ocurre con cada chico que cruza las puertas del hogar. “Hay 200 historias, pero en realidad son muchas más, porque cada una se multiplica con la historia de vida de ese chico”, dice.El hogar nació en 2002, pero su recorrido empezó mucho antes. En 1990 Silvia y su familia adoptaron a Emanuel, “Manu”, el primer niño con VIH adoptado en Argentina. En ese momento, el virus traía consigo miedo, estigmatización y falta de información. Los médicos habían pronosticado que Manu viviría apenas unos meses, pero vivió ocho años. Después de su muerte, Silvia decidió transformar ese duelo en un hogar para otros chicos que se encontraran en la misma situación que su hijo.Casa MANU brinda un cuidado integral a niños y niñas que, por distintas circunstancias, no pueden vivir con sus familias. Además de asegurar la continuidad de los tratamientos médicos, el hogar acompaña su desarrollo, su escolaridad, su bienestar emocional y los procesos de revinculación familiar o adopción cuando la Justicia lo determina.Con el paso de los años, este hogar se convirtió en una referencia nacional en el cuidado de niños y niñas con VIH. La tarea de Silvia también fue reconocida con el Premio Abanderados de la Argentina Solidaria, el Premio “Juan L. Vega” al Modelo de Vida Comprometida de CILSA y la distinción Embajadora de Paz, entre otros reconocimientos vinculados a la inclusión y la defensa de los derechos de las infancias.Actualmente en Casa Manu viven 26 chicos, aunque la capacidad formal es para 25. El sobrecupo, explica Silvia, es casi una constante. “La situación social también golpea a las organizaciones. Nos pasa lo mismo que a cualquier familia argentina. Faltan recursos, alimentos, pañales. Todo eso repercute directamente en los chicos”.Por eso, además del equipo permanente, muchas veces necesitan reforzar horarios críticos como el almuerzo o la cena con voluntarios que se acercan a ayudar.En ese contexto de desafíos constantes, la llegada del niño número 200 adquiere un significado especial. “Nos alegra poder hacer cosas por ellos. No solamente desde lo médico, sino desde el mejoramiento biopsicosocial. La ciencia avanzó muchísimo y hoy podemos brindarles una calidad de vida completamente distinta. La alegría se multiplica cuando llega una familia que apuesta por ese niño y lo adopta”, dice la fundadora.Sin embargo, Silvia insiste en que el trabajo de Casa MANU no empieza ni termina en los tratamientos médicos. Para ella, el cuidado también se construye desde el afecto. “Si se sienten amados, valorados y tenidos en cuenta, ellos solitos van por más”, asegura. Ese concepto atraviesa toda la filosofía de Casa MANU. Los niños llegan después de atravesar historias de abandono, embarazos sin controles médicos, consumo problemático, desnutrición fetal o familias completamente desbordadas por la vulnerabilidad social.Desde esa experiencia, Silvia también invita a ampliar la mirada sobre la adopción. Recuerda que muchos de los chicos que esperan una familia ya no son bebés, sino niños de cuatro, cinco o diez años, e incluso grupos de hermanos que esperan ser adoptados juntos. Para ella, ampliar la mirada sobre la adopción de niños más grandes también significa ofrecerles la posibilidad de crecer en familia. “Hay muchos chicos que necesitan una familia, que necesitan un olorcito a mamá o a papá”, dice.Mientras transita el año de su 25.º aniversario, la ONG ya puso en marcha los festejos. El próximo 28 de agosto organizará una noche solidaria en la Sociedad Italiana de Monte Grande, donde convocará a voluntarios, colaboradores y vecinos para celebrar el recorrido de la institución y reunir apoyo para continuar con su tarea. La Camerata Monte Grande y la Biblioteca Popular Florentino Ameghino participarán de la celebración.
Un espacio donde 200 chicos encontraron un hogar
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