La acacia negra llegó a la Argentina en el siglo XVIII con propósitos que sonaban razonables: dar sombra en las estancias, construir cercos vivos, ornamentar jardines. Durante décadas cumplió esa función sin despertar alarmas. Lo que nadie calculó fue la velocidad con que este árbol utilitario se volvería protagonista de uno de los procesos de invasión biológica más extendidos del país.La Gleditsia triacanthos puede alcanzar los 20 metros de altura. Su tronco cilíndrico y recto viene armado de espinas rojizas, simples o ramificadas, que en algunos ejemplares llegan a los 15 centímetros de largo. Es caducifolio -pierde las hojas en otoño e invierno- y produce unas vainas largas, oscuras y dulces que maduran entre diciembre y marzo. Esa vaina es, en buena medida, el secreto de su éxito invasor.La acacia negra puede formar bosques cerrados y desplazar la vegetación nativa en ambientes donde antes predominaban pastizales abiertosInes ClusellasUna máquina de germinarLo que hace tan difícil de combatir a esta especie no es un rasgo único sino una combinación de factores. El primero es su flexibilidad: según Pedro Tognetti, docente investigador de IFEVA (Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura) en la FAUBA e investigador del CONICET, “la planta muestra una enorme plasticidad fenotípica”, lo que significa que cada individuo puede modificar su comportamiento según el ambiente en el que crece. El segundo es su potencia reproductiva: la tasa de germinación supera el 70% en casi cualquier condición. En palabras de quienes la estudian, la acacia negra es una máquina de germinar.Las flores de la acacia negra aparecen agrupadas en racimos y preceden a la formación de las vainasArchivo Revista JardinEl tercer factor lo explica Carlos Anaya, ingeniero agrónomo y arborista certificado por la International Society of Arboriculture: “Las vainas que produce son muy apetecibles para el ganado y el proceso digestivo de los animales cumple una función precisa al romper la dormición de las semillas y activarlas para germinar”. Así, a medida que el ganado se desplaza por el campo y defeca, las semillas viajan con él y brotan en lugares cada vez más distantes. El resultado de ese proceso es visible en el mapa: la especie avanzó sobre la Región Pampeana, las riberas del Reconquista, el río Luján y el Delta del Paraná, los bosques del Espinal en Córdoba y San Luis, la Mesopotamia y las Yungas de Tucumán y Salta. Es, según Tognetti, una de las leñosas más agresivas de la Argentina.Por qué aquí y no alláLa pregunta que subyace a todo esto es por qué la acacia negra es invasora en Argentina y no en su lugar de origen. La respuesta de Tognetti apunta al paisaje: “La región de las pampas no tenía originalmente abundancia de árboles; estos estaban restringidos a zonas particulares como talares o bosques en galería. Al no haber competidores leñosos en el pastizal, el camino queda libre”. A eso se suma la ausencia de sus enemigos naturales, insectos o enfermedades propios de su zona de origen, y la fragmentación de los paisajes rurales.Las espinas, simples o ramificadas, pueden alcanzar los quince centímetros de largo y dificultan el manejo de los ejemplares adultosIstock - iStockphotoLo que el árbol hace al paisajeA lo largo de los arroyos pampeanos, donde la acacia crece con facilidad porque hay luz, humedad y ausencia de árboles nativos que compitan, las consecuencias son silenciosas y profundas. Tognetti describe lo que ocurre: la planta desplaza a las gramíneas nativas, altera el ciclo de nutrientes y, con su densa sombra, elimina la flora original por falta de luz. La irradiación solar bajo ese dosel se reduce entre un 85% y un 95%. Sin luz, las plantas acuáticas desaparecen y, con ellas, los organismos que dependen de ellas.El resultado visible es un pastizal abierto que se convierte en bosque cerrado. “Como es una planta invasora, modifica todo el ecosistema. No solamente ocupa determinados nichos sino que altera otro tipo de vida. Tiene mucha capacidad de crecimiento y ocupa mucho espacio, con lo cual es difícil que crezca otra planta dentro de ese matorral”, explica Anaya. Bajo tierra, las raíces acidifican el suelo y alteran su composición química, con efectos que persisten mucho después de que el árbol sea removido.Las semillas de la acacia negra pueden permanecer en el suelo y germinar cuando encuentran condiciones favorablesInes ClusellasA las consecuencias ecológicas se suman las productivas: la acacia reduce la superficie cultivable, disminuye la producción de forraje y la capacidad de carga ganadera. Tognetti agrega un detalle que cualquier productor rural conoce bien: daña la maquinaria y dificulta el tránsito en los caminos.El tiempo, el factor decisivoSi hay un elemento clave en este contexto, es la edad de la planta al momento de intervenir. La síntesis de Tognetti es elocuente: “Controlar una plántula de semanas es fácil; un árbol de 6 meses ya rebrota tras el corte y uno adulto tiene reservas masivas para resistir ataques y ya ha dejado miles de semillas en el suelo”.El pastoreo vacuno puede funcionar como herramienta de control si se aplica en el momento justo: cuando las plantas tienen entre 7 y 13 centímetros de altura, el consumo y el pisoteo del ganado reducen su capacidad de rebrote. Las plantas más grandes requieren una presión mucho mayor, con resultados menos predecibles. La clave, según Anaya, está en el manejo preventivo del suelo: evitar el sobrepastoreo y no destinar al ganado los sectores bajos y húmedos donde la acacia encuentra su mejor oportunidad.Las vainas de la acacia negra son apetecibles para el ganado, que contribuye a dispersar sus semillas a través del campoIstock - iStockphotoCuando la invasión ya está instalada, los métodos cambian de naturaleza. Tognetti advierte que los métodos puramente mecánicos suelen fallar porque la planta rebrota con más fuerza tras el corte. Los mejores resultados llegan con técnicas combinadas -químico-mecánicas- seguidas de monitoreo constante. El control químico con herbicidas sistémicos es la herramienta más eficaz, aunque, como reconoce Anaya, “es una planta complicada de manejar cuando ya está invadido el terreno”.Una plaga sin políticaFrente a un problema de esta magnitud, la respuesta institucional sigue siendo fragmentaria. Entre Ríos sancionó en 2017 la Ley N° 10.485, que declara de interés provincial el manejo y control de la especie. Las vainas de Gleditsia triacanthos maduran entre diciembre y marzo y son una de las claves de la capacidad reproductiva de la especieIstock - iStockphotoEn 2026, un proyecto de ley presentado por el diputado nacional Francisco Alejandro Morchio busca declarar plaga vegetal a la acacia negra y promover su control y erradicación en todo el territorio argentino. El proyecto, que reedita una iniciativa presentada por el mismo legislador en 2024, apunta a coordinar acciones entre organismos públicos, productores e instituciones científicas para frenar la expansión de esta especie invasora, reducir su impacto ambiental y económico y proteger los ecosistemas y especies nativas.A nivel nacional, el Ministerio de Ambiente la clasificó como especie exótica invasora de categoría 2, de uso controlado. La advertencia de Tognetti es que esto no alcanza: “Hoy el esfuerzo es mayormente individual o municipal. Falta una estrategia coordinada a escala de paisaje”. Hay, sin embargo, algo que los especialistas no pierden de vista. La acacia negra no es maliciosa: es exitosa. “No hay especies indeseables”, dice Anaya; “la naturaleza es muy amplia y para cada planta hay un sitio adecuado”. El problema no es el árbol en sí sino el lugar equivocado en que fue plantado y la falta de decisión colectiva para manejarlo.
Un árbol que devora el paisaje: por qué es tan difícil detener la invasión de la acacia negra
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