MAR DEL PLATA.- La madre y la cría de elefante marino que hace casi dos semanas se instalaron en el extremo norte de las playas de La Perla y se convirtieron en una atracción para vecinos y turistas no solo hicieron ruido con sus rugidos. También agitaron el Concejo Deliberante y ayudaron a acelerar la aprobación de un proyecto de ordenanza que alienta a aplicar sanciones a quienes molesten o afecten a animales salvajes, ya sea en la costa o en cualquier otro lugar del distrito de General Pueyrredón.La iniciativa se había presentado a comienzos de abril y apuntaba a la necesidad de generar conciencia y tomar recaudos frente a la cada vez más frecuente presencia de mamíferos marinos sobre la arena, por momentos casi en convivencia con una gran cantidad de gente que cada temporada de verano disfruta del sol y el mar en este frente de balnearios. Hace unos días se acaba de convertir en norma vigente esta ordenanza que, entre otras medidas, advierte que se debe respetar una distancia prudente con los animales y establece, en particular, condiciones para el sobrevuelo de drones, que deben permanecer a no menos de 150 metros para no provocar condiciones que estresen o alteren la vida normal de estos visitantes, sea cual sea la especie.A mitad de esta semana, recaló en esas mismas arenas un tercer elefante marino, un ejemplar juvenil de unos dos añosMauro V. RizziLos elefantes marinos se convirtieron en novedad porque, si bien hay registros frecuentes por aquí, son minoría y casi excepcionales. Mucho más sorprendió que se haya dado sobre una playa marplatense el nacimiento de un cachorro, al que pronto se le bautizó como Alfredito. Días después también hubo nombre para la mamá: Perla. Y a mitad de esta semana, por si fuera poco lo inédito del caso, recaló en esas mismas arenas, frente al ex Asilo Unzué, un tercer elefante marino, un ejemplar juvenil de unos dos años. El concejal Ariel Bordaisco, presidente del bloque UCR + Nuevos Aires e impulsor de esta ordenanza, destacó que se apunta a tener a lo largo del año una norma que fije pautas y establezca sanciones para quienes no respeten el espacio y los movimientos de esta variedad de fauna salvaje que suele recalar por aquí. “Cuando un lobo marino, un elefante marino u otro animal silvestre aparece en nuestras playas, lo que corresponde es respetar su espacio y no intervenir”, dijo el edil, y apuntó ahora a difundir y promocionar esta ordenanza para que llegue a la mayor cantidad de gente posible.Aún queda por determinar la autoridad de aplicación y cuál será la dimensión de la sanción para estos casos. Se estima que regirá por el Código Contravencional. En el caso de multas económicas, los fondos recaudados se deberán destinar a programas de protección, prevención y erradicación del maltrato animalAntecedentes trágicosHay registros de muy malas experiencias en términos de interacción entre animales y humanos en la zona. Vale recordar un caso que ocurrió en Santa Teresita y tuvo enorme trascendencia pública por su desenlace: la muerte de un cachorro de delfín en 2016, rescatado en las orillas por bañistas, que lo movieron en distintas direcciones para grabarse en videos y tomarse fotos. Hace un par de años se dio un hecho similar y tuvo el mismo final. Similares circunstancias se han dado con animales de otras especies y también de menor tamaño en los que hay registro de excesos, ya sea por agresiones o manipulaciones violentas. Se ha visto, por ejemplo, con pingüinos o algún cachorro de lobo marino, que son muy frecuentes en estas playas, ya que en el puerto local, sobre la Escollera Sur, hay una colonia de esta especie. En los últimos tiempos, precisamente por la presencia periódica de lobos o elefantes marinos en esta zona, se acostumbró a establecer un perímetro de seguridad alrededor de los animales. En temporada, se encargan los guardavidas, que delimitan con sogas un espacio restringido sobre la arena. Si los animales se mueven hacia donde hay gente, se amplía ese perímetro y se pide a los bañistas que se reubiquen. En estos casos, es el animal el que manda.Fuera de temporada, como se dio en el caso de esta elefanta marina y su cría, intervino el área de Guardafaunas y Reservas Naturales junto a Defensa Civil. Se desplegaron cintas sobre un amplio territorio de playa reservado a los animales. A la gente se le pidió mantenerse a distancia, no molestarlos con ruidos, no arrojarles comida y, por sobre todo, no acercarse con perros que puedan o bien atacarlos o, en el mejor de los casos, alterarlos con sus ladridos. Vale recordar que, con el mismo objetivo, ya se implementó, en este caso para comportamientos aguas adentro, un protocolo para no afectar a las ballenas francas, que tienen cada vez más presencia en estas costas, en particular desde mayo hasta octubre, cuando se las ve en tránsito hacia Puerto Madryn, zona de reproducción de la especie. También se establecieron perímetros de distancia para embarcaciones y deportistas que utilicen tablas y motores de botes detenidos cuando los animales están en cercanía, entre otras medidas de cuidado. Por Darío Palavecino
Tras la llegada de Alfredito y su madre: Mar del Plata estableció multas para quienes molesten a la fauna que se instala en sus playas
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