Los espacios verdes cumplen un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, pero también pueden ofrecer lugares de tranquilidad y bienestar. Con esta idea, Gunisha Kaur, de 16 años, comenzó a crear jardines con dos objetivos: proporcionar hábitats para los insectos polinizadores y hacer que la naturaleza sea más accesible para niños con diferentes necesidades sensoriales.Su proyecto, Buzzing Blooms, permitió establecer más de 20 jardines para polinizadores e iniciativas de restauración ecológica. En apenas dos años, registró un aumento del 155% en la riqueza de especies polinizadoras, que pasó de 18 a 46. Este trabajo le valió el tercer puesto en los Premios Internacionales Jóvenes Ecohéroes 2026.Kaur nació en Ludhiana, una ciudad de la India con una importante actividad industrial, donde observó una disminución de los insectos polinizadores con el paso del tiempo. Su experiencia familiar también influyó en la iniciativa: su hermano menor, que tiene autismo, la ayudó a comprender cómo el contacto con la naturaleza puede proporcionar tranquilidad y bienestar.El reconocimiento internacional destacó precisamente su capacidad para combinar la conservación de la biodiversidad con la participación comunitaria y la creación de espacios inclusivos. La relación entre las personas y la naturaleza: cómo nació el proyectoLa experiencia de su hermano menor llevó a Kaur a reflexionar sobre la disponibilidad de espacios verdes seguros y accesibles para niños neurodivergentes. En 2023, fundó Buzzing Blooms, una iniciativa destinada a transformar terrenos urbanos poco utilizados en hábitats libres de productos químicos para los polinizadores y, al mismo tiempo, en lugares de calma para personas con distintas necesidades sensoriales.“Inspirada por mi cultura, que enseña respeto por la naturaleza, quise crear espacios que fomentaran tanto la biodiversidad como el sentido de pertenencia”, explicó.Su propuesta no consiste únicamente en atraer insectos a los jardines, sino también en diseñar ambientes donde las personas con necesidades particulares puedan sentirse cómodas y participar de actividades al aire libre.Buzzing Blooms utiliza plantas autóctonas distribuidas en diferentes niveles de vegetación, junto con métodos de cultivo que evitan el uso de pesticidas químicos. Los espacios están pensados para favorecer la reproducción de especies polinizadoras y contribuir a la recuperación de la biodiversidad urbana.El proyecto también busca involucrar a estudiantes y comunidades locales en actividades de protección ambiental. Hasta el momento, participaron más de 400 estudiantes, de los cuales 250 son neurodivergentes. Además, la iniciativa alcanzó a más de 8.000 personas mediante talleres, campañas de restauración y programas de aprendizaje inclusivo.De esta manera, Kaur consiguió que la conservación ambiental también se convirtiera en una oportunidad para promover la participación de niños y jóvenes que no siempre encuentran espacios adaptados a sus necesidades. La tecnología que incorporó a su proyecto de espacios verdesLa tecnología también comenzó a formar parte del trabajo de Kaur cuando observó que las temperaturas extremas del verano podían provocar que los insectos polinizadores abandonaran temporalmente determinadas zonas, con posibles consecuencias para la producción de frutas y otros cultivos.A partir de esa preocupación, desarrolló AeroBloom, un sistema experimental de polinización artificial aérea que utiliza drones guiados por inteligencia artificial y está diseñado para funcionar en espacios urbanos reducidos.Según la organización, la propuesta busca apoyar la producción agrícola durante períodos de estrés climático, cuando las condiciones ambientales pueden afectar la actividad de los polinizadores naturales. Su objetivo no es reemplazar a estos insectos, sino ofrecer una herramienta complementaria en situaciones específicas.Para Kaur, restaurar la naturaleza implica mucho más que aumentar la cantidad de plantas o atraer nuevas especies. Su propósito es demostrar que los espacios verdes también pueden diseñarse para que personas con diferentes necesidades participen, encuentren tranquilidad y se beneficien del contacto con el entorno natural.
Tiene 16 años, creó jardines inclusivos para niños neurodivergentes y ganó un premio internacional por proteger la biodiversidad
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