Nací en una playa de pescadores a sesenta kilómetros del centro de Río. Jamás había visto una manifestación allí en este balneario carioca de poco más de 35 mil habitantes. El prolongado ayuno de manifestaciones en el barrio de Sepetiba terminó en esta elección presidencial brasileña.Pocos días antes del balotaje del último domingo, cuando miles de personas salían a las calles de Brasil, centenares de jóvenes y no tan jóvenes luciendo remeras rojas y agitando banderas con la cara del presidente Lula da Silva también colmaron la avenida frente al mar de aguas serenas de Sepetiba.Los manifestantes formaron así parte de la inédita ola de politización que atraviesa Brasil. La movilización partió de la playa de Doña Luiza, justo frente a la imagen de Iemanjá, la divinidad que es la Reina del Mar de las religiones afro, y llegó a la iglesia católica de San Pedro, una de las más antiguas de la ciudad de Río. En el recorrido de más de una hora cantaron y vivaron el nombre de Lula, asociado a la palabra “democracia”.Las declaraciones del ex candidato Flávio Bolsonaro prometiendo que cambiaría la Constitución de Brasil generaron fuerte preocupación y contribuyeron a que se sumara gente en las calles. Y a que esos mismos manifestantes mostraran la Carta Magna de Brasil en los actos proselitistas, como si ella misma fuera una bandera.El barrio de Sepetiba es un sitio de casas bajas, mucha tranquilidad y, como tantos otros de Brasil, asiento también de algunas iglesias evangélicas. Es un retrato del resto del país. Queda justo frente al paraíso Restinga da Marambaia, donde los presidentes de Brasil suelen pasar sus vacaciones. Fue así con Fernando Henrique Cardoso, con Dilma Rousseff y ahora con Lula.Entre las playas de Sepetiba y las de su vecina Restinga, de arenas blanquísimas, hay 20 ó 30 minutos en barco. Una belleza. Pero a pesar de la cercanía con uno de los lugares preferidos de los presidentes, Sepetiba casi nunca es noticia. Se la recuerda más bien por hechos históricos lejanos, como la presencia del emperador Don João VI (1767-1826), por los textos del periodista João do Rio (1881-1921), que la describía como un ‘refugio’ carioca y lugar de espiritualidad y pesca, por la inauguración del primer templete de Río de Janeiro, en el inicio del siglo XX, por las filmaciones de la primera telenovela en colores de Brasil, ‘O Bem Amado’, del genial Dias Gomes (1922-1999) y por un show de Preta Gil (1974-2025), hija del cantante Gilberto Gil, en 2016.Algunas veces Sepetiba y Restinga también son evocadas por haber sido uno de los terribles escenarios de la dictadura militar brasileña (1964-1985). Según cuentan algunos historiadores, en la Restinga eran lanzados cuerpos de opositores del régimen que a veces llegaban a las orillas de Sepetiba. Un hecho que fue mencionado en “Aún estoy aquí”, de Walter Salles, galardonada con el Oscar a mejor película extranjera en 2025.Pero ni los crímenes de la dictadura ni las manifestaciones de 1983 y 1984 por “Directas ya”, en reclamo de comicios directos, habían despertado el fervor de la pacata Sepetiba. Como dijo una amiga con quien trabajé en el antiguo Jornal do Brasil, “Los brasileños ahora son como los argentinos. Están en las calles”. Aprendieron a manifestarse. Hasta en mi eterno balneario, Sepetiba.
Sepetiba, un balneario que entró en el mapa de la inédita politización brasileña
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