Nadie te advierte lo suficiente sobre la velocidad a la que avanza la vida. De repente, te encontrás sola contando años con una mano abierta y un dedo de la otra. Mi hija Vera acaba de cumplir 6. Un número que suena, y bien, a dientes que se caen y a preguntas existenciales formuladas con la boca llena de galletitas.Frase hecha pero cierta: parece que fue ayer la tenía a upa, sintiendo la fragilidad, a veces aterradora, de los primeros meses. Ahora es una nena con opiniones contundentes sobre el color de sus medias (y si la dejo, de las mías), una risa que retumba y contagia y una capacidad única para desarmar mis defensas.Claro que criar es andar por la cuerda floja. Debe haberlo sido siempre desde que tenemos conciencia de que lo hacemos.Pasamos los días intentando proteger y enseñar a nuestros hijos. Pantallas. Azúcar. Autocontrol (inhalo, exhalo, pa-cien-cia) frente a los berrinches. Idiomas. Circo. Y sigue, sigue, la lista.Pero no podemos todo. De hecho, somos totalmente incapaces ante la rapidez con la que los chicos “se nos van de las manos”.Chicos y cosas“Se nos van de las manos” viene como anillo al dedo para hablar del libro de ensayos (En la era de los niños cosa) Ensayos contra con crianza como emprendimiento (publicado por Adriana Hidalgo), del filósofo argentino radicado en España Santiago Gerchunoff.Se lee de un tirón, te zamarrea varias veces y te deja pensando, aun después de una fiesta de cumple de 6 años.Con las mejores intenciones, moldeamos a los hijos. ¿Al punto de no dejarlos ser? ¿De darles, como dice Gerchunoff, un empujoncito para buscar espacio propio, un supuesto refugio, en Ias redes sociales e Internet?“El libro surgió de una serie de escenas de incomodidad, de vergüenza ajena y también propia -contó Gerchunoff a Clarín-. Me encontraba participando en dinámicas de crianza que, antes de ser padre, me habrían resultado ridículas: los grupos de WhatsApp del colegio --"tierno panóptico, stasi acaramelada, nueva institución disciplinaria a la que nada se le escapa"-- la invasión de los cumpleaños infantiles por los adultos, la obsesión por aprovechar cada instante para enseñar algo, el miedo constante a equivocarnos”.“Nos liberamos del mandato tradicional de tener hijos, pero, cuando decidimos tenerlos, aparece una obligación nueva: justificar esa decisión haciendo el mejor hijo posible”, marcó. ¿Si hay salidas? ¿Cuántos pasos al costado podríamos dar? ¿El equilibrio? La entrevista completa se lee acá.Las formas del amorLos seis años son un umbral. Queda atrás la primera infancia y llega la vida escolar. Más reglas, más independencia; un momento ideal para que consideremos si asumimos tal rol de fabricantes. Y qué hacer con eso.Siguiendo a Gerchunoff, “el amor siempre adopta las formas de su época y la nuestra entiende el cuidado mediante el control, la información y la optimización”.Sí. Mi hija acaba de cumplir 6 y, aunque hay momentos en los que todavía busco a la beba que siempre adoraré, disfruto acompañándola a crecer. Más atenta, gracias las observaciones lúcidas de Santiago.
Seis velitas y varios pasos al costado
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