Antes de pintar una pared, Sasha Primo pregunta. Quiere saber qué había allí antes, quiénes viven alrededor, qué historias circulan en el barrio, qué plantas crecen en la zona, qué recuerdos conserva una comunidad. Entrevista a vecinos, conversa con historiadores, trabaja con biólogos, visita escuelas y organiza talleres con jóvenes y adultos mayores. Después empieza a dibujar.Sus murales pueden ocupar paredes enteras y sus esculturas alcanzar grandes dimensiones, pero la imagen que finalmente aparece es el resultado de un proceso que puede extenderse durante meses. La investigación, las entrevistas y las actividades con los habitantes forman parte de la preparación de cada proyecto.En los últimos quince años, Primo realizó más de cien murales, esculturas e instalaciones en más de cuarenta ciudades de América Latina, Estados Unidos y Europa. Sus obras pueden verse en Ciudad de México, comunidades de Oaxaca y Chiapas, Ciudad de Panamá, Quito, Washington DC, Oakland, Pittsburgh, Denver, San Diego y Tirana, entre otros lugares. En Argentina trabajó en Santa Cruz, Salta, San Juan, Córdoba, La Plata y Buenos Aires.“Mi misión trasciende los murales y esculturas como objetos estéticos: busco generar conexiones con las historias de las personas, apoyar a grupos marginados y diversos y mejorar los espacios públicos, con el objetivo de fomentar un sentido de orgullo y pertenencia”, explica en su sitio web.Sasha Reisin –Primo es su nombre artístico– estudió Artes Electrónicas en la Universidad Nacional de Tres de Febrero y comenzó a realizar intervenciones en el espacio público en 2012. Sus primeros trabajos estuvieron vinculados con imágenes de culturas africanas y latinoamericanas.“Cuando empecé pintaba murales inspirados en tribus africanas y latinoamericanas, a las que quise después acercarme para generar mis propias referencias y entender mejor las culturas. Quería crear obras con significado para cada lugar”, cuenta a Revista Ñ.Durante cuatro años viajó por América Latina y compartió experiencias con distintas comunidades. Realizó talleres, entrevistas y trabajos de investigación. “Ese proceso transformó mi manera de trabajar: hoy desarrollo murales, esculturas e instalaciones, donde la participación de los vecinos es una parte fundamental del proceso y una forma de construir un espacio público con el que la comunidad pueda identificarse”, dice.Esa metodología aparece en proyectos realizados en distintos puntos de Estados Unidos. En Grand Rapids, Michigan, Our Guardians surgió a partir del trabajo con Treetops Collective, una organización que acompaña a mujeres refugiadas. El mural reúne a mujeres de distintos orígenes alrededor de una mesa, con un mapamundi como elemento central. Las flores que aparecen en la parte inferior fueron realizadas durante una actividad con vecinos.En Hoytsville, Utah, Primo trabajó sobre la historia de la región. Entrevistó a habitantes, historiadores y representantes de las naciones Ute y Shoshone, recorrió distintos puntos del territorio y realizó actividades con estudiantes antes de definir el diseño del mural. En Marshalltown, Iowa, algunas de las palabras que aparecen en sus murales surgieron de una consulta a los vecinos sobre sus deseos para el futuro de la ciudad.También hay proyectos en los que la investigación se concentra en el ambiente. Resilience, realizado en Escondido, California, está dedicado a la flora y fauna nativas de la región y fue desarrollado a partir de una investigación sobre especies locales, especies extintas y especies invasivas vinculadas con los incendios forestales. El proyecto contó con la participación de la Ciudad de Escondido, la Fundación Comunitaria de Escondido y el Centro de Artes de California.En Galveston, Texas, Do You Hear the Sound of Galveston? recupera parte de la historia musical de la ciudad a través de la figura de Willard Dickerson, director de orquesta y docente de escuelas públicas que tuvo un papel en la eliminación de las barreras raciales en las escuelas de Galveston. El mural ocupa el anfiteatro de Menard Park.En Argentina, Primo realizó junto a la artista Euge Petre Enlace Defensa, un mural en San Telmo que conecta visualmente dos sectores del barrio separados por la autopista. También presentó Animalario, una instalación temporal en Microcentro inspirada en la fauna autóctona del humedal. Para ese proyecto contó con el asesoramiento de una bióloga naturalista e involucró a estudiantes de escuelas secundarias públicas.La participación de los habitantes no se limita, según Primo, a aportar información para una obra ya definida. “Todos mis proyectos implican una investigación profunda a través de entrevistas, talleres con jóvenes, adultos mayores y visitas a escuelas donde se ilustran historias locales”, explica. El objetivo es que quienes viven en el lugar puedan reconocerse en la obra y participar de las decisiones que forman parte de su realización.“Mi arte es una especie de collage: superpongo historias y experiencias, tanto personales como colectivas”, dice. En ese collage entran paisajes, animales, plantas, palabras, personajes y episodios de la historia local. Son elementos que cambian de una ciudad a otra y que, antes de llegar al muro, pasan por conversaciones, recorridas y talleres.La práctica de Primo comenzó con el muralismo y se amplió hacia las esculturas y las instalaciones. En todos los casos mantiene el mismo procedimiento: conocer el lugar, investigar sus historias y trabajar con quienes lo habitan. El resultado queda en el espacio público como una obra, pero también como registro de un proceso colectivo.
Sasha Primo y el arte de hacer comunidad: murales creados con historias, plantas y recuerdos
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