Caminaba por Santiago de Chile en 2022 cuando una nube de gas lacrimógeno lo alcanzó y lo dejó mudo seis meses. "Fue en una manifestación, no me di cuenta y ese gas me fue a la garganta. Al otro día canté con dificultad, pero cuando regresé a Europa la voz había desaparecido".Desde Bélgica, sin rastros de esa afonía, "El caballero de la canción" Salvatore Adamo le da una dimensión cinematográfica al episodio que casi lo aleja de los escenarios. A los 82, ese que vendió 100 millones de discos y que a fines de los sesenta frecuentaba Argentina con poesía como Tus manos en mi cintura, sepulta el mal trago y toma impulso: se prepara para cantar por vez 39° (y última) en Japón."Tuve que contactar un foniatra para recuperar la voz. Desde ese momento he hecho 100 conciertos. Quizá perdí agudos, pero he ganado en el registro grave. Mi voz es la de un hombre de cierta edad. La cuido cantando cada día", admite desde Bruselas, con modos tan sofisticados que explican esa insistente etiqueta mediática de "gentleman".-¿Cómo atravesó esos seis meses sin su herramienta de trabajo?-Sentí como si me hubieran atado los brazos. Me faltaba esa actividad vital, porque canto como quien respira y fue como si no pudiera respirar. Cuando regresó fue una liberación. -¿Qué lo sostuvo en ese trance amargo? -La escritura. Y escuché mucha música, pero no la mía. Lo hice para entrar en una atmósfera ideal. También me rodeé de mis nietos. Ellos me dieron la energía para esperar que pasara el mal momento.-¿Es una utopía que vuelva a la Argentina?-No, se podría planear una fecha, me gustaría porque la Argentina es una tierra que podría haber sido la mía. No sé si lo sabe, pero en 1947 mis padres debían elegir entre Argentina y Bélgica. La hermana de mi madre y su hermano vivían allí. Mi madre quería viajar para estar con ellos, pero mi padre eligió Bélgica, no sé por qué. A veces me pregunto qué sería hoy si mis padres hubieran elegido Argentina. El destino tiene su camino y quizá hubiera sido un gran jugador de fútbol en Buenos Aires. He jugado hasta los 18 en Jemappes, donde vivía. Mi puesto era a la derecha, número 7. Era rápido y driblaba, pasaba adversarios.Hubo un tiempo en que el avión de este ítalo-belga que cantaba Cae la nieve, Un mechón de tu cabello y La noche aterrizaba con frecuencia en nuestro país. Tiempos en que era asiduo invitado de Canal 9, junto a Alberto Castillo, Rosamel Araya y Chasman y Chirolita. Los viejos diarios reflejan como aluvión dorado "tano", con presencias como las de Rita Pavone, Ornella Vanoni, Nicola Di Bari, Gigliola Cinquetti y más.Tiene imágenes difusas de su primera visita a la Argentina, hace medio siglo, pero no pudo olvidarse de la sensación entre extrañeza y adrenalina al pisar la Reina del Plata. "Creo que fue 1967. Recuerdo que jugué al fútbol con el equipo de la universidad local e hice dos goles. Los jugadores me llevaron en andas para celebrar", se ríe. "En ese momento pude reencontrarme con parte de la familia materna, que vivían en Berazategui. También tengo recuerdos de Jairo y del muchacho que cantaba Fuiste mía un verano, Favio, a quien encontré en Nueva York".Un ejemplar de Clarín de 1969 muestra a este trovador como noticia por la "adamomanía" que desató en Mar del Plata antes de un recital en el Hermitage. En el tumulto, a un periodista le arrebataron el reloj y Salvatore no tuvo reparos en obsequiarle otro. "Yo me sentía en casa por la gran presencia italiana. Recuerdo un recibimiento en Rosario, en un estadio con 40 mil personas. Me parecía un sueño. Ojalá pueda cantar por última vez en Argentina".El comandante de las ArtesNació en Sicilia, pero a los tres años partió a Bruselas con su familia. Su padre, inmigrante, se ganaba la vida en una mina en Bélgica y se prometió “una vida mejor y menos riesgosa” para sus hijos.Enamorado de la guitarra y de canto, el pequeño Salvatore ganó su primer premio con la música a los 12 años, cuando se animó a entonar en un pequeño certamen auspiciado por una marca de chocolate y se alzó con varios kilos de ese manjar.“Mi padre no estaba acechado por la muerte, pero sí de la miseria. No se habla bastante de los migrantes y todos los días mueren demasiados en los mares”, se lamenta. “Puedo comprender que ver llegar a 60, 70 de una vez no se puede organizar en cada país, pero emigrar no es nunca un placer, es una herida. Por eso debemos pensar que a quien emigra le falta algo en su vida. Es una cuestión vital, no es un capricho. Yo escribí una canción sobre los migrantes”.-¿Cuál es el idioma que le queda más cómodo para cantar?-El francés es el que conozco mejor, el que estudié bien y me queda mejor para escribir. El italiano, y más precisamente el siciliano, era el idioma de mi familia. En castellano y en italiano me dicen que mi voz es más clara. -¿Y fonéticamente cuál considera el idioma más poético?-Cada idioma tiene su característica. El francés es más fantasioso, el castellano tiene pasión, el italiano romanticismo. Yo canté fonéticamente en japonés y en coreano. Como artista puedo captar la música de cada idioma y eso me ayuda muchísimo para memorizar las letras, en turco, en alemán, en flamenco...-¿La música y el hecho de ser políglota lo mantienen tan jovial?-Sí, hay algo de mágico en la música. Yo digo que tengo 82 años, cuatro veces 20 años más dos, pero trato de vivir en 20.-¿Cree que la industria musical sabe cuidar a sus leyendas?-Tengo la impresión que el Show business en Europa me respeta, no me olvidó. He recibido últimamente la medalla de la academia francesa, que para mí es el más grande honor. Obtuve muchos premios por lo que llaman éxito, pero este reconocimiento fue, y no quiero ser presuntuoso, por la calidad de mis letras. Entonces, creo que la gente me respeta, que me reconocen aún por la calle. El día que no me reconozcan estaré triste. Me piden perdón cuando me paran y yo les digo: el día que no lo hagan más será una desilusión.-Habla de la calidad de las letras... ¿Cree que la industria está en las antípodas fogoneando letras mediocres?-Divido por estilos musicales. En el rap en Francia hoy hay raperos que son poetas... Yo elegí el estilo de la canción francesa en el que la letra es muy importante. Es verdad que cuando empecé mis letras eran más simples y cándidas, pero con la madurez escribí canciones para denunciar injusticias y me incliné por canciones sociales que quizá son menos conocidas en Sudamérica.-¿Qué conserva de aquel niño que ganó chocolates por cantar hace más de medio siglo?-Una inmensa ternura. Y la gratitud a mi padre que aceptó que yo dejara los estudios para cantar. La ternura se quedó en mí como un motor.-Habla mucho sobre la ternura. ¿Es un acto de rebeldía en la canción de hoy?-La ternura en los jóvenes de hoy se expresa con otras palabras. Hoy hay más pudor en la expresión de la ternura. Los jóvenes se defienden como pueden. No quieren desarmarse y mostrar directamente la dulzura, se escudan en la ironía. Hoy la ternura se esconde.-¿En qué piensa cuando le hablan del futuro?-En el momento de alejarme de los escenarios. Espero sentir cuando sea la hora, o que mi familia me haga comprender cuando sea tiempo de irse. No tengo edad para trabajar, pero sí para el placer. Y el escenario es justamente, para mí, puro placer.-¿Hay cuestiones que ya no está dispuesto a sacrificar por la música? -Mi único lamento es que tuve que elegir entre hacer conciertos por el mundo o ver todos los días a mis hijos. Por suerte pude educarlos perfectamente y no hay reproches. Lo compenso con mis nietos, aunque viven en Londres.-¿En definitiva la música le robó tiempo con su familia?-Sí, eran dos privilegios y no podía tener los dos. Tenía miedo de que mis hijos aún lo sintieran, pero hemos hablado mucho y han comprendido la situación. Sabe que el amor filial y paterno es perfecto.-¿Le debe su don de poeta a esa "herida" inmigrante que nunca cicatriza del todo?-Tal vez... Yo trato de hablar desde mi sensibilidad. Trato de darle a las cosas una connotación poética, con metáforas... Me dieron ganas de escribir poemas cuando descubrí a Víctor Hugo. Y hasta cuando denuncio trato de conservar una forma de elegancia.-Apunta la elegancia sin olvidarse del origen... Alguna vez dijo esta frase: "Siempre seré un ex pobre"...-Sí es una cosa que se queda en mí. Cuando era joven mi familia era muy ecónoma, no hacía locuras, contaba lo que compraba. La única compensación de esa infancia en que no podía vestir como lo soñaba es que hoy mis trajes son elegantes. Pero nunca vestiría con algo demasiado brillante o colorado. No podría comportarme como nuevo rico, algo siempre me recuerda como era cuando era niño.
Salvatore Adamo, el cantante que perdió la voz en un accidente y la recuperó: "Tengo 82, cuatro veces 20, y trato de vivir como a los 20"
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