Romance de ocho estaciones

Romance de ocho estaciones

Ella tiene un mal día. Se nota. Sube en estación Acassuso cubriéndose con el pelo mitad del rostro. Se sienta en el primer asiento, que no tiene ventana.Apoya la cabeza rendida contra esa pared donde debía haber un vidrio. Tiene la vista fija en algo que nadie más puede ver. Le asoma una lágrima y enseguida la barre como se echa a una mosca del almuerzo aunque luego otra, con igual suerte, insista en caer.El tren arranca. La gente se reparte los lugares. Ella saca un auricular de cable, lo conecta al celular y se lo calza dispuesta a habitar otro mundo. Y justo antes de elegir la banda sonora del viaje alcanza a oír una guitarra. Cierra con pesadez los párpados como diciendo: “Oh, no”. Un músico de su edad coloca la voz y un parlante.Ella suspira lamentándose. El cantante afirma la posición de sus piernas intentando hacer equilibrio. Entonces la ve y la descoloca: “¿Cómo estás, tanto tiempo?” Ella tarda en hilvanar pistas mentales. De golpe se ilumina. Entre halagada y coqueta: “No puedo creer que te acuerdes”. “Sí, claro”, responde él, galán, y ella sonríe igual a cuando en una comedia romántica dos miradas se reconocen entre un mar de gente.Por un diálogo breve entiendo que coincidieron en otro viaje tiempo atrás. Ella pregunta por su banda. El se apura en avisar que cambió el Instagram.El tren llega a Martínez y el show aún no ha empezado. El se presenta ante un público que lo ignora. Ella descuelga los auriculares de sus oídos dispuesta a escuchar.Ahí me vuelvo testigo de algo hermoso. La mayoría sigue abducida en sus celulares mientras él entona una de Sabina y se deja la voz entera, rompiéndose la garganta como si estuviera cantando en River o en los Grammys. Lo da todo. Pero lo más lindo no es la forma en que busca lucirse. Es cómo el resto del vagón desaparece y quedan sólo ellos dos. El canta para ella, que se da cuenta. Tanto, que le cuesta sostener la mirada mientras él le dedica su actuación. Enreda el auricular sin saber qué hacer.Porque ¿qué se hace cuando alguien te mira a los ojos justo ese día en el que parece no haberte visto nadie?“Yo me dije: Cuidado chaval te estás enamorando” reza el tema que sin querer subtitula la escena. “Y desnudos al anochecer nos encontró la luna” entona él mientras la tarde se apaga y ella baja la vista con pudor. Después lo aplaude cual groupie.Y yo la veo transformarse como si el día volviese a empezar o ella se recordase. Hasta que chequea preocupada por qué estación vamos.En Núñez sube otro músico. Nuestro Romeo, generoso, lo suma de "artista invitado". Tocan juntos.Llegando a Belgrano, aunque ella se resiste, una fuerza mayor la obliga a bajarse.Ninguno quiere despedirse, está claro. Pero el tren frena. Las puertas se abren. El intenta retenerla con los ojos. Y ella le dice desde el andén, sin hablar, tantas cosas...Cuando el tren vuelve a ponerse en marcha, mientras nos alejamos, recuerdo aquello que suele decir mi madre: “La vida puede cambiar en un instante”.

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