Luego de vueltas y más vueltas, los malos tragos acusados por una hernia condujeron por fin a Luis Chitarroni –todo un experto en demoras y peripecias del no– a una guardia hospitalaria. Le informaron entonces que había sufrido, simultáneamente, un infarto silencioso. Irónico, en un cruce entre escritura y vida (o entre literatura y enfermedad), Chitarroni, cuenta Claudia Melnik, dijo un tiempo más tarde: “Fui por una operación de hernia y soy un enfermo cardíaco… ¿a quién le gustan las digresiones?”.Compilado por Daniel Guebel y Nancy Giampaolo, Todo lo que usted siempre quiso saber sobre su escritor argentino favorito y nunca se atrevió a preguntar reúne un conjunto de escenas peculiares, anécdotas, recuerdos, frases, rumores y alguna que otra maledicencia sobre diversos autores y autoras argentinos. Desde Lucio V. Mansilla y Macedonio Fernández, pasando por Silvina Ocampo y Abelardo Castillo, hasta llegar a César Aira y Alan Pauls, el volumen –a diferencia del Museo del Chisme, de Edgardo Cozarinsky–, rubrica cada una de sus entradas con la firma del “espía” que ha servido como fuente. Figuran en la nómina de confidentes Luis Gusmán, Paula Pérez Alonso, Rodrigo Fresán, Guillermo Piro y Esther Cross, entre muchos otros. No todos los aportes o “anécdotas secretas”, como reza la portada del libro en un diseño que replica un sobre de inteligencia desclasificado, se lucen como la frase de Chitarroni que citamos al comienzo. Sin embargo, sobresalen un puñado de historias que, junto al prólogo firmado por ambos compiladores, justifican esta aventura (solo un poco) indiscreta. Veamos dos casos.El primero está protagonizado, como no podía ser de otra manera, por Rodolfo Fogwill. Sergio Bizzio y el autor de Los pichiciegos son interrumpidos por un amigo musculoso del primero que habla con cierta afectación y ostenta signos de artista vano. El hombre apoya las manos en la mesa y de la camisa entreabierta comienza a oscilar una crucecita que cuelga de una cadena de plata. Fogwill, cuenta Bizzio, interrumpe el movimiento de la bendita cruz tomándola entre sus dedos para espetarle: “¿No te alcanza con la cruz de ser boludo?”. El lector interesado deberá acceder al expediente completo para saber si el asunto escaló del plano verbal al físico. El segundo: de acuerdo con Luisa Valenzuela, el Borges anciano se hacía leer los grafitis vulgares del baño. No contento con ello, en un inmaculado bar inglés, George le dictó al hombre que lo acompañaba sus propios versos escatológicos. El otro, claro, se aprestó a inmortalizarlos en la puerta con una lapicera. Se trata, en última instancia, de historias que escritores narran sobre otros escritores. Relatos que contribuyen, para bien, para mal, a forjar una imagen de autor que ellos mismos –los protagonistas de las anécdotas, pero también quienes las profieren– se han preocupado de pergeñar y poner a circular en ese mezquino campo de batalla –como diría Guebel– que la literatura sabe ser.Todo lo que usted siempre quiso saber sobre su escritor argentino favorito y nunca se atrevió a preguntarDaniel Guebel y Nancy GiampaoloInterzona120 páginas$ 26.900IdeasLibros
Reseña. Todo lo que usted siempre quiso saber sobre su escritor argentino favorito y nunca se atrevió a preguntar, de Daniel Guebel y Nancy Giampaolo
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