Dos poemarios en un solo volumen despliegan variaciones sobre el deseo, la sexualidad y la fatalidad de la violencia. Ambos, además, presentan la estructura de un relato, con personajes que atraviesan un conflicto o se preparan para estrenarlo. En La torpeza, son un gigante y Titania (“Ella es / más bien torpe, / casi ciega, tal vez por tuerta”); en No cerca del lobo, una doncella se dirige a una dama: “No soy una virgen, señora, / tengo fuerzas y saberes, / tengo un deseo y mi lengua, / tengo esta boca que llega / al centro justo de otro cuerpo”.Los diecisiete poemas de La torpeza, de Adriana Fernández (Buenos Aires, 1970), describen un vínculo de sometimiento como una metamorfosis disfrazada de canibalismo: “No duele, piensa. / Si me come y no duele / es amor”. En algunos versos resuena el tono taimado (y teatral) de Hilario Ascasubi: “Que no falte / dicen las voces familiares. / Y ahora la están carneando”; en otros, la parodia de una sentencia: “Pero respirar es una tentación / tampoco vale caer en ella”.En las diez escenas de No cerca del lobo, Andrea Donnini (Buenos Aires, 1971) da voz a una joven a quien no le falta “crueldad o la cosa feroz de los bosques” a la hora de la conquista. Con un estilo atildado, discurre sobre una serie de aventuras eróticas que también asumen un cariz antropofágico: “La piel de Adela era blanca, señora, / más que el aire que se corta jugoso / como las peras maduras”. Ávida y experimentada, no teme confesarse: “Ahora busco un reaseguro: / que el banquete sea largo, / que los hierros no me tienten, / que ella, al fin, me desee”.La torpeza / No cerca del loboAdriana Fernández / Andrea DonniniGG Editora 58 páginas$ 25.000IdeasLibrosContenidos especiales
Reseña. La torpeza/No cerca del lobo, de Adriana Fernández y Andrea Donnini
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