A finales de agosto, en un Tucumán floreciente de azahares, jazmines, lapachos rosas y amarillos, se organizó el XIV Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica. Bajo el eje temático Líneas de fuga. Crítica, imaginación política y escenarios posthumanistas de la técnica casi una centena de docentes, investigadores y estudiantes de distintas áreas de todo el país, se reunió para pensar temas acuciantes de técnica y tecnología desde las disciplinas sociales y las humanidades.“Concebir a la tecnología como pharmakon nos confronta con la obligación crítica de identificar una doble faz –en griego la palabra es ambivalente, significa remedio y/o veneno–, esto nos desafía a explorar las potencialidades que pueden favorecer los efectos curativos. En este sentido, la crítica debe ir más allá de la dimensión tóxica de la técnica para evitar presuponer una postura determinista”, dice la Dra. Carolina Araujo, quien coordinó la organización del Coloquio en Tucumán, durante su primera exposición.Su presentación sigue algunos planteos de Bernard Stiegler, una de las figuras más citadas durante el encuentro, y continúa una serie de preocupaciones que las humanidades disputan sobre cómo pensar las tecnologías. Estamos en un momento de cambio, de configuración, de reelaboración de prácticas, instituciones y saberes. “El constructivismo social de la tecnología y las lecturas políticas de la técnica muestran que la fase de diseño e implementación es el momento de mayor plasticidad política porque los artefactos y las instituciones técnicas todavía pueden inscribirse con intereses y valores plurales antes de que se defina la forma final del sistema o dispositivo”, agrega Araujo en su presentación.Es decir que en los momentos de cambio y de reconfiguraciones tecnológicas, como la inteligencia artificial en el presente; tomar los roles de los diseños, cuestionar los sistemas de valores que se inscriben en la tecnología, asumir que no se trata de una herramienta neutra que depende meramente del uso, es clave para la articulación de los procesos democráticos, para la configuración inevitable de los nuevos ambientes.“La tecnología puede ser un medio de centralización del poder o un espacio para la intervención democrática, de ahí la metáfora del pharmakon, no es neutral”, dice Araujo en diálogo con Ñ. “Según sea su configuración se pueden potenciar sus aspectos beneficiosos o perjudiciales desde el punto de vista político y cultural, por eso creo que no es bueno seguir insistiendo en la idea de la tecnología como herramienta, por lo menos en nuestro tiempo. Me parece que la idea de habitar las tecnologías es mucho más fértil para preguntarnos cómo habitamos esos nuevos entornos técnicos y cómo queremos habitarlos”.El progreso, el determinismo, la inevitabilidad se arman como narrativas falsas vinculadas al porvenir tecnológico, la destrucción necesaria o el endiosamiento transhumanista; la responsabilidad puramente utilitaria, que solo nos permitiría incidir en los usos de las herramientas tecnológicas, sesga los espacios de intervención de los diseños. Esta es la línea de algunas de las investigaciones exploradas en el encuentro filosófico.El primer Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica se organizó en 2010, con un espíritu dialógico que se mantiene. Las exposiciones se hacen en mesas temáticas, con grupos de trabajo consolidados como tales, que presentan sus investigaciones.¿Qué ha pasado con las experiencias de software libre y la promesa de internet? ¿Qué significa vivir entramados con un capitalismo de plataformas? ¿Por qué Uber moto se instala en países del Sur Global mientras que sus sistemas de transporte público empeoran? ¿Por qué medios y periodistas en todo el mundo se forman con las iniciativas de Google? ¿Quién se adapta a qué? ¿Es imperativo que los sistemas universitarios nacionales incorporen Notebook LM? ¿Qué sucede con las soberanías de datos, cognitivas, creativas?Pensar y no asumir lo dado, la filosofía de la técnica y de la tecnología crecen como áreas en la región desde la que piensan esos mismos contextos.El Coloquio y las reflexiones sobre la técnica en ArgentinaEl primer Coloquio de Filosofía de la Técnica se organizó en 2009 en el Centro REDES, una unidad asociada al CONICET en Buenos Aires. “Duró un día, fue nacional y sentó las bases”, cuenta el Dr. Diego Lawler, quien impulsó la fundación del encuentro, sobre esa incipiente reunión. “El ámbito de la filosofía de la tecnología en Argentina, no estaba montado todavía, era subsidiaria de la filosofía de las ciencias. La tecnología se consideraba como aplicación del conocimiento científico”, agrega. La concepción de la tecnología como ciencia aplicada fue un enfoque tradicional del área, que hoy resulta imposible sostener. Como cambian el mundo y sus prácticas, los abordajes filosóficos, que trabajan con esos cambios, que forman parte de su tiempo; también vuelven a enfocarse, generan teoría fértil que permita pensar.“A partir del segundo Coloquio, se conformó rápidamente una red nacional y regional que ha ido creciendo”, dice el Dr. Javier Blanco. La Universidad Nacional de Córdoba, a la que él pertenece, tiene hoy uno de los grupos más consolidados y se incorporó durante el segundo año. Ese mismo 2010, la reunión cobró su carácter internacional con la participación de investigadores de Brasil, México y Colombia.Y el tercer Coloquio se organizó en Villa General Belgrano, en Córdoba. “Fue en un hotel, estuvimos tres días conviviendo y debatiendo, le dio una impronta singular de mucha discusión abierta y desprejuiciada”, cuenta Blanco, que dirige la Maestría en Tecnologías, Políticas y Cultura de la UNC, nacida en 2015, como efecto y sostén del encuentro académico.Más de quince años atrás, los esfuerzos se concentraban en impulsar y fortalecer un área para la filosofía de la técnica nacional que no fuese subsidiaria de la filosofía de la ciencia, que pudiese definir su campo y función, su importancia y el pensamiento sobre las tecnologías de ese momento. Instagram, por ejemplo, se había lanzado ese mismo año.“La transformación más significativa se da es la tecnología misma, cuya acelerada evolución experimentamos todos los días”, dice Blanco sobre los cambios que detecta. “Los marcos conceptuales con los que pensamos la tecnología se vuelven parcialmente obsoletos, no siempre permiten abordar los desafíos que se producen a un ritmo cada vez más rápido, ni dimensionar las transformaciones que la evolución en los ambientes técnicos producen en la cultura, la política y la sociedad en general”.“La reflexión sobre la tecnología hoy es constitutiva, no se puede tener una visión externa, está incorporada en nuestra propia condición humana”, expresa Lawler. “A partir de la emergencia de la IA, la escala del problema ha cambiado. Algunos modelos de lenguaje más complejos configuran nuestros procesos cognitivos, rehacen lo humano, qué pasa con los grandes grupos económicos”.Lejos de las imágenes vetustas de incomprensión de la filosofía, de su lejanía con la vida y la cotidianidad, su práctica y ejercicio dan estructuras que permiten pensar de qué se trata la condición actual.Tras la pandemia y algunos años de suspensión del encuentro presencial, los investigadores de la red que se fue consolidando, hicieron el Glosario de Filosofía de la Técnica (Ediciones La Cebra). A partir de ahí, se organizó el Coloquio en distintas sedes en las provincias, reforzando el carácter federal: Río Cuarto, al sur de Córdoba, y también en las capitales de Catamarca, Entre Ríos y, ahora, Tucumán. El año próximo será en Mendoza.Nuestro mundo de la vida, la cotidianidad está inmersa y sucede en/ entre grandes sistemas tecnológicos, el Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica se sostiene como ámbito necesario de discusión filosófica respecto a nuestra condición epocal, los antecedentes y el diseño del mundo por venir.
"Rehace lo humano": los riesgos de adaptar nuestro pensamiento a las nuevas tecnologías
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