Carmen, de 78 años, llevaba 49 años de casada y diez de infelicidad. No se animaba a dar el paso de separarse por “el qué dirán”. Sus padres le habían enseñado que el casamiento era para toda la vida y sentía la mirada acusatoria de ellos cada vez que se le cruzaba por la cabeza plantearle el divorcio a su marido.“Vamos creciendo con esto. Entre todos construimos significados negativos de la vejez. No hay lugar para cambios, para proyectos nuevos ni para parejas nuevas”, indica la psicogerontóloga Luciana Machluk, profesora adjunta de la cátedra Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Universidad de Buenos Aires (UBA).Y sugiere poner en contexto el vínculo con preguntas como: cuál es mi proyecto de vida, qué me moviliza, que me entusiasma, por dónde va mi deseo, de qué tengo ganas, qué pasa con mi pareja ahora.Según la profesional, esto es precisamente lo que se trabaja en algunos espacios grupales como los talleres de habilidades sociales para personas mayores y, por supuesto, en los espacios terapéuticos.—¿Qué es lo mejor para matrimonios de muchos años: terapia individual o de pareja?—No hay una mejor que otra. Yo soy amiga de lo pragmático, de lo que funciona. Entonces, en principio que empiecen por algo. La verdad es que a veces iniciar una terapia individual lo que hace es que se facilite una terapia de pareja, si es necesaria. Lo deseable es que no quede todo encerrado en esa pareja, que haya un otro, un profesional que pueda intervenir para que eso tenga una dinámica diferente y posibilidades de mejora o decisión de separación cuando se ve encaminado para ese lado.—¿Cómo puede comenzar a llevarse mejor una pareja que está en crisis?—Bueno, empezar a compartir espacios de esparcimiento, de recreación, conectarse con espacios de disfrute juntos y por separado para después tener nuevos temas de conversación. Que haya ganas de escuchar al otro y ganas de contarle al otro. Las dos cosas. Y en simultáneo ver qué pasa con la vida sexual.—Hay muchos tabúes con eso también.—Sí, y falta de información. Hay algo ahí de que bajaron los brazos y que dan por sentado que la vida sexual es de una manera y no puede ser de otra. Por ejemplo, hay efectos de ciertos fármacos que hacen que los hombres no tengan la erección de la misma manera que antes. A veces se piensa que esto es natural en la vejez y no lo es. Ya dan por sentado que ahora la vida es así.—¿Qué se puede hacer en esos casos?—Consultar a un profesional. Porque si no se pierden de experimentar otras búsquedas, incorporar juegos sexuales, ir a un sex shop juntos y ver qué hay ahí que pueda revitalizar la pareja. Y no solo en lo sexual, en todos los órdenes de la vida. No dar por sentado que eso ya no es posible. Entonces, un poco también es poner en duda lo que siempre pensamos. Cuesta, es difícil, pero posible. Y la verdad es que los beneficios son múltiples.La soledad en la parejaCarmen comenzó terapia por recomendación de sus amigas, porque la veían angustiada y con pocas ganas de hacer cosas. Salía poco y cada vez se encerraba más en su casa. Pasaba horas con su marido y la mayoría del tiempo no se hablaban o discutían porque él no la escuchaba: se sentía sola.“Cuando la persona se siente sola y no integrada puede ser la base y la causa de un montón de cuestiones. Por ejemplo, es factor de riesgo para demencias y para cuestiones de salud mental con patologías como depresión, cuadros de ansiedad y riesgo suicida. Incluso cuestiones cardiovasculares”, señala Machluk.—El miedo a la soledad puede ser una razón por la que algunas personas, sobre todo las que pasaron la mitad de su vida en pareja, no se animan a separarse.—Puede ser, pero tal vez lo que está sucediendo (y me parece un ángulo interesante para pensar) es que ya están en situación de soledad adentro de la pareja. ¿Cómo se arma eso? Cuando las personas pierden la intimidad en el vínculo, la intimidad de todo tipo, como conversaciones que no tienen profundidad ni cercanía, ni ese brillo de cuando estás deseando contarle al otro lo que te pasó. Ya cuando el vínculo está chato, la pareja se volvió chata.—¿Acá es cuando se sugiere la terapia?—Claro, que alguien de afuera (en espacios terapéuticos o en grupos donde se trabajen estas cuestiones) haga que la persona pueda detenerse a pensar: "¿Es que la pareja no funciona o es que entramos en un círculo vicioso del que nos está costando salir?".—Hay quienes consideran que en la vejez ya es tarde para separarse, ¿esto es así?—No. Cuando la cosa no va, no va. Pero tal vez se puede pensar un poquito si hay algo en lo que tengamos capacidad de acción. Si tenemos ganas de que esa pareja siga funcionando.El gran paso de la separaciónCarmen finalmente decidió separarse. Dejó sus prejuicios y creencias de lado y se animó a dar el paso que tanto le costaba. Se dio cuenta de que su mayor miedo no era la mirada del afuera.“Cuesta la mirada de los hijos. A veces el mayor obstáculo es pensar en cómo se lo tomarán ellos. Entonces, el apuntalamiento, el trabajo terapéutico o el de los espacios grupales tiene que ver con colaborar en la construcción de esa conversación”, manifiesta la psicogerontóloga.Y cuenta: “Las nuevas personas mayores, las que están entrando en la vejez, ya vienen de otra manera, con otra juventud. Por eso se están separando más parejas. En la pandemia se vio muchísimo. Se están permitiendo pensar que no tienen por qué estar juntos toda la vida”.La profesional lo asocia también al aumento de la expectativa de vida. “La etapa de la vejez es la más larga de la vida. Puede ser más de 40 años, porque cada vez hay más centenarios. Tenemos que acomodar nuestras cabezas a estos cambios que tienen consecuencias en las prácticas cotidianas”, afirma.Por último, destaca uno de los momentos clave de la adultez, que es la jubilación. “Una de las transiciones más importantes de la vida. Y a nivel pareja puede ser un punto de quiebre. Por eso, la importancia de anticiparse”, sugiere Machluk, quien menciona no solo los espacios terapéuticos sino también los programas prejubilatorios, donde se trabaja para que sea una transición saludable.“Ayudan a mejorar la comunicación en la pareja y a tener conversaciones con anticipación, previo a jubilarse, no cuando ya están con el torbellino de emociones que implica este cambio tan importante”, concluye.
Parejas mayores en crisis: ¿separación o resignación?
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