Nueva longevidad: por qué deberías planear tu fiesta de 90

Nueva longevidad: por qué deberías planear tu fiesta de 90

Hay fechas que funcionan como mojones en la vida, y el cumpleaños es quizás el más íntimo de todos. De chicos, organizar la fiesta era una negociación de alto vuelo. Con los padres, que preguntaban por qué había que invitar a fulanito si él no nos había invitado. Con los compañeros, a lo largo de todos los recreos del año, a fuerza de figuritas cambiadas y amenazas de dejar a alguien afuera. Y después venían los deseos: ¿en casa, al aire libre o en un pelotero? ¿Mago o payaso? ¿Chocotorta o torta de crema?Más allá de las anécdotas, el cumpleaños es una brújula. Lo tomamos como referencia por añoranza, por deseo o por proyecto. Pero casi siempre miramos hacia atrás: la fiesta de la primaria, el último festejo, la última torta. Pocas veces nos permitimos imaginar el cumpleaños del futuro. Por eso propongo un ejercicio sencillo y a la vez incómodo: pensar cómo nos gustaría celebrar nuestros 90 años.Suena lejano, pero lo es menos de lo que creemos. En las sociedades donde ciertas necesidades y cuidados básicos están garantizados, una buena parte de quienes llegan a los ochenta alcanza los 90, y no pocos soplan las velitas de los 95.Para quienes andamos por los 50 y tantos, las chances de llegar a esa fiesta son muy distintas de las que tuvieron nuestros padres. No es una particularidad argentina: lo discuten Europa, Japón, China, Estados Unidos y toda América Latina. Es un fenómeno de época. Sin embargo, solemos tercerizar el paso del tiempo. Los viejos siempre son los otros. Y en esa distancia dejamos de apropiarnos de uno de los grandes logros colectivos que el siglo pasado nos regaló: vivir más, pero con algo de autocuidado y suerte, también vivir mejor. Hace más de 30 años, cuando escuchaba a los expertos en envejecimiento, todos hablaban de cuántas personas mayores habría en el futuro. Tenían razón. Pero esa mirada cuantitativa se quedó corta, porque casi nadie hablaba de cómo se iban a vivir esos años. A eso llamo nueva longevidad: no solo vivimos más tiempo, lo vivimos de una manera radicalmente distinta a la de quienes nos precedieron.Lo vemos a diario. Personas que deciden ser protagonistas de la segunda mitad de su vida. Que se separan después de décadas de pareja, que emprenden el viaje tantas veces postergado, que arrancan un proyecto propio, que se anotan en la carrera que la crianza de los hijos no les permitió o que, por qué no, vuelven a enamorarse. Gente que ante ciertas historias piensa "esa película ya la vi" y entiende que la satisfacción vital pasa por otro lado. La nueva longevidad es justamente eso, pensar diferente esta etapa de la vida.En buena parte del mundo, los mayores de hoy sostienen una porción enorme del consumo, de la economía doméstica y de los cuidados familiares. Son la generación de mayores más educada y con más recursos de la historia y, paradójicamente, no se preparó para vivir más que sus padres. En la Argentina, la gran mayoría es propietaria de su vivienda, muchos hacen trabajo voluntario y una cantidad inmensa cuida a nietos u otros familiares. ¿Alguien se imagina qué pasaría si las abuelas, que cargan con buena parte de esos cuidados, decidieran hacer huelga?Imaginar el propio cumpleaños 95 no es fácil, y hay una razón. John Locke, filósofo y médico inglés del siglo XVII, distinguía entre ideas simples, las que nos llegan por los sentidos, como un color, un olor o el dolor, e ideas complejas, que solo se construyen combinando otras y, sobre todo, reflexionando. La longevidad es una idea compleja: no podemos percibirla antes de tiempo. Hay que pensarla. Y como pensarla cuesta, la depositamos en el otro.Tercerizar el tiempo es, en el fondo, renunciar a aprender. Y la vida es aprendizaje.Humberto Maturana, el biólogo y pensador chileno, sostenía que el futuro les pertenece a los mayores. Lo decía pasados los ochenta, lo que le daba cierta autoridad. Maturana también enseñaba que todo quehacer humano ocurre en el lenguaje. Por eso importa cómo nombramos o nos referimos en este caso a las personas mayores. ¿Alguien llamaría "abuelito" a Mick Jagger? Tiene nietos y bisnietos, sí, pero sigue de gira.No hace falta ser un Rolling Stone para redefinir el envejecimiento. Hace unos años visité en su casa de Tucumán a Efraín, que tenía entonces 95 años: había empezado a correr pasados los ochenta y llegó a competir en cuatro mundiales de atletismo. La estadounidense Harriette Thompson, que también se calzó las zapatillas ya de mayor, fue la primera mujer en completar una maratón con más de 90 años.¿Qué los impulsó? ¿Qué hace que alguien salga de gira, corra una maratón, vuelva a enamorarse o se desviva por sus nietos? La respuesta es una sola: el deseo. El deseo de vivir, el proyecto; un proyecto que le da sentido a su propia vida. Eso es lo que define esta nueva longevidad.Pensar cómo festejaremos nuestros 90 años es, entonces, una invitación a seguir siendo curiosos, a seguir preguntándonos y a construir proyectos que llenen de vida y de afectos los cumpleaños que vendrán. La vida, al fin y al cabo, se mide por la pasión que sentimos por ella. Por cierto, mientras usted leía estas líneas, envejeció unos minutos. Quizás sea un buen momento para empezar a imaginar esa fiesta.➪¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com

Original Source

Read the full article at Clarin →

KhanList aggregates and links to publicly available news content. We do not host full articles from third-party sources. Always verify important information with original sources.