JERUSALÉN.– El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sufrió un revés en las elecciones legislativas, pero no una derrota definitiva. Con una participación récord en más de un cuarto de siglo y sin una mayoría clara para ninguno de los bloques, el resultado abrió un escenario de negociaciones en el que los partidos liderados por árabes-israelíes podrían tener la llave para desplazar del poder al mandatario, que gobierna Israel desde hace casi 17 años de forma ininterrumpida.Con un 84% escrutado, el bloque de Netanyahu, Likud, aventaja al del opositor Gadi Eisenkot, Yashar, pero ninguno de los dos llega a una mayoría para gobernar. Aunque el Likud se mantenía como la fuerza más votada, los primeros resultados confirmaban el retroceso de la coalición de derecha y extrema derecha que sostiene al gobierno.La incógnita es si Eisenkot conseguirá reunir una mayoría parlamentaria de 61 de los 120 escaños de la Knesset para formar un gobierno alternativo. La posibilidad de una alianza con los partidos árabes israelíes, que obtuvieron un resultado histórico, podría resultar decisiva, aunque persisten profundas resistencias políticas y sociales a esa opción.Casi el 78% de los ciudadanos habilitados para votar acudieron a las urnas, la participación más alta desde 1999. Los resultados definitivos se conocerán en los próximos días, cuando se complete el escrutinio, incluidos cientos de miles de votos en ausencia de militares y diplomáticos.Benjamin Netanyahu, se dirige a sus simpatizantes durante el evento de la noche electoral del partido Likud, celebrado en el Centro Internacional de Convenciones (sala Teddy), tras la publicación de los resultados de las encuestas a pie de urnaOlivier Fitoussi - dpa DPANetanyahu descartó de plano la posibilidad de formar un gobierno que dependa de las formaciones árabes, cuyos votantes representan alrededor del 20% de la población israelí. “Debemos establecer un gobierno fuerte, de derechas y nacionalista”, afirmó el mandatario después de votar. “No debemos poner en peligro a Israel y establecer un gobierno que dependa de partidos árabes antisionistas”, agregó.Su postura anticipa una negociación compleja para Eisenkot, que dejó abierta la puerta a cooperar con esas fuerzas bajo determinadas condiciones, entre ellas el reconocimiento de Israel como Estado judío y el rechazo a Hamas como organización extremista. Sin embargo, algunos de los posibles socios del dirigente centrista ya descartaron esa alternativa, por lo que todavía no está claro si estarán dispuestos a modificar su posición para impedir la continuidad de Netanyahu.Uno de los principales dirigentes árabes israelíes, Yussef Jabareen, llamó el miércoles a construir una “verdadera alianza judeoárabe” para terminar con el gobierno del primer ministro. “Quien quiera ofrecer una alternativa real y auténtica al gobierno de Netanyahu, cuyas manos están manchadas de sangre, deberá dirigirse a nosotros y allanar el camino hacia el cambio”, declaró a medios israelíes.Según las proyecciones iniciales, las dos principales listas árabes podrían alcanzar un número récord de escaños en el Parlamento. La Lista Unificada, que agrupa a tres partidos de mayoría árabe, y la Lista Árabe Unida, encabezada por Mansour Abbas, emergieron así como actores potencialmente decisivos en la formación del próximo gobierno.“Estamos aquí, no estamos al margen”, afirmó Abbas durante una celebración en la sede de su partido, que en 2021 se convirtió en la primera formación árabe en integrar una coalición de gobierno israelí, aunque por un breve período.La eventual incorporación de esos partidos a una coalición opositora vuelve a poner en primer plano las divisiones en torno a la identidad de Israel y el lugar de su minoría árabe, descendiente de los palestinos que permanecieron en el territorio tras la creación del Estado en 1948. Aunque tienen ciudadanía israelí, sus integrantes denuncian discriminación y suelen ser objeto de sospechas por su solidaridad con la causa palestina, una tensión que se profundizó tras el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023.El legislador israelí Mansour Abbas, líder del partido Ra'am, abraza a un simpatizante tras la publicación de los primeros resultados de los sondeos a pie de urna en las elecciones generales de Israel, en Sakhnin, IsraelMahmoud Illean - APPara Yair Golan, líder del partido Demócratas y partidario de incorporar a las formaciones árabes a un gobierno alternativo, los resultados deberían servir para superar esas divisiones. “Ya no debemos aceptar la división racista de Netanyahu entre votos judíos y votos árabes”, sostuvo.El retroceso electoral también reflejó el desgaste de algunos de los socios más radicales de Netanyahu, entre ellos el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, palestinos y sus posiciones de línea dura en materia de seguridad.Una sociedad marcada por las guerrasLa votación estuvo atravesada por el cansancio de una sociedad marcada por las guerras y las consecuencias del ataque del 7 de octubre, así como por el malestar ante las exenciones del servicio militar obligatorio concedidas a sectores de la población judía ultraortodoxa. La indignación por esos privilegios alimentó las críticas contra el gobierno, en un país donde el servicio militar constituye una obligación para la mayoría de los ciudadanos judíos.Sin embargo, el resultado también mostró los límites de la oposición para capitalizar el descontento por la gestión de la guerra y la crisis de los rehenes. Mientras sus detractores acusan a Netanyahu de prolongar el conflicto por conveniencia política, debilitar la independencia judicial y permitir que los ultraortodoxos eludan el reclutamiento, sus partidarios lo consideran un dirigente capaz de defender la seguridad nacional y la identidad judía frente a las presiones internacionales.Eisenkot, por su parte, construyó su perfil sobre su trayectoria militar y la promesa de recuperar la confianza de la sociedad israelí y mejorar la posición internacional del país. Su hijo y dos sobrinos murieron en Gaza, una experiencia que sus simpatizantes consideran una muestra de su cercanía al dolor de las familias afectadas por la guerra. Entre las prioridades de las fuerzas que podrían respaldarlo figuran avanzar en el reclutamiento de los ultraortodoxos y reforzar la independencia del Poder Judicial.Gadi Eisenkot saluda a la gente en el memorial Black Arrow, cerca del Kibbutz Mefalsim, junto a la frontera de GazaILIA YEFIMOVICH - AFPAun si el Likud logra conservar la primera posición, el presidente israelí, Isaac Herzog, no está obligado a encomendar a Netanyahu la formación del gobierno. Su decisión dependerá de las posibilidades de cada candidato de reunir los apoyos necesarios en el Parlamento.También existe la alternativa de un gobierno minoritario, que necesitaría la cooperación de fuerzas ajenas al Ejecutivo para aprobar leyes. Si las negociaciones fracasan, Israel podría volver a las urnas a comienzos del próximo año, una posibilidad que evocaría el prolongado bloqueo político que llevó al país a celebrar cinco elecciones entre abril de 2019 y noviembre de 2022.Desde el exterior, el resultado tampoco parece anticipar un cambio sustancial en la política regional israelí. Un funcionario político de Hezbollah, que pidió permanecer en el anonimato, declaró que un eventual cambio de gobierno no modificaría la posición de Israel en el Líbano, Siria, Gaza y Cisjordania.“Un cambio de poder no modificará la postura expansionista de Israel”, afirmó el dirigente del movimiento chiita, que insistió en que su organización mantendrá su apoyo a los palestinos y su política de resistencia frente a la ocupación.
Netanyahu pierde fuerza en las urnas y los partidos árabes podrían definir el futuro del gobierno israelí
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