Los días 28 y 29 de septiembre de 1976, a solo seis meses del golpe de Estado, de la abolición de la democracia, el abogado Lucio Garzón Maceda dio testimonio, con su colega Gustavo Roca, de los atroces delitos cometidos por la dictadura militar, ante la Subcomisión Bicameral en el área Relaciones Internacionales del Senado de Estados Unidos, presidida por Donald Fraser.El objetivo de las audiencias investigativas era conocer la violación de los derechos humanos en la Argentina. Ambos testimonios se apoyaron en el informe de la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU), presentado como prueba objetiva de la situación que se vivía en el país.Lucio Garzón Maceda, especialista en derecho laboral, asesor de diversos organismos sindicales y de la CGT, se destacó por la defensa de los derechos humanos y de los derechos sindicales.Garzón Maceda fue viceministro de Trabajo durante la gestión de Ídeler Tonelli, entre 1987 y 1989. Falleció el 17 de septiembre de 2026 a los 95 años, catorce días antes que se presentara en la Embajada de Francia el libro La negación del Olvido. Su título proviene del Prefacio de Julio Cortázar a la versión en francés.Los legisladores Fraser, Kennedy, Koch, expresaron la magnitud de las declaraciones y alertaron que el Departamento de Estado había aconsejado a la Junta Militar iniciar una campaña de prensa en la Argentina contra ambos denunciantes.Con Jimmy Carter, la Junta Militar fue sancionada por violación de los derechos humanos. A causa de las conclusiones de la subcomisión se suspendió el programa de Ayuda Militar.La denuncia, sustancial por su repercusión y alcance, ha sido considerada como la primera derrota pública de la dictadura en el ámbito internacional, tal como se desprende de la desclasificación de los documentos del Departamento de Estado, en el año 2004. Como consecuencia de esa acción internacional se juzgó a ambos abogados por traición a la patria, en ausencia. El Partido Socialista Francés, presidido por su secretario general François Miterrand, organizó una conferencia de prensa en la que se dio a conocer la trascendencia de las audiencias de aquellos días.El 31 de enero y el 1° de febrero de 1981 se desarrolló el Coloquio de Paris en el Senado y en la Asamblea Nacional de Francia. Las actas del coloquio internacional fueron publicadas al año siguiente en un libro preparado por el Grupo de Abogados Argentinos Exiliados en Francia (GAAEF).Después de 45 años, el libro Le refus de l’oubli. La politique de disparition forcée de personnes. Colloques de Paris. Janvier/février 1981, se niega al olvido del ser, y ha sido recientemente traducido al español por la Embajada de Francia en Argentina y por CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina), versión digital de acceso libre. Este libro contiene un prólogo firmado por Garzón Maceda, Norberto Consani y quien firma esta nota.Para la organización de ese Coloquio el GAAEF trabajó en estrecha colaboración con organismos especializados en la defensa de los derechos humanos, las asociaciones internacionales de juristas, las ONG, los movimientos religiosos. La presidencia del Coloquio la ejercieron Adolfo Pérez Esquivel y Maurice Aydalot, el Informe General estuvo a cargo de Luis Joinet, y reunió a más de 50 autores participantes de diversos países del mundo.El impacto internacional sensibilizó a la opinión pública, y las actas del Coloquio propusieron que las desapariciones forzadas fueran asimiladas a crímenes de lesa humanidad, para que los autores no se beneficiaran con la prescripción. Los trabajos, los proyectos de convenciones, presentados en el Coloquio de París fueron considerados provechosos para las instancias previas de la elaboración de la “Convención Internacional de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas”, adoptada por la ONU en 2006, y que entró en vigencia en 2010.¿Qué representa hoy el Coloquio de París? Simboliza que los derechos humanos están siempre a prueba. Lo comprobamos todo el tiempo y en todos los lugares. Implica que las palabras y sus significados, en una época de debilidad de las organizaciones y convenios internacionales, suscita preocupación y casi desamparo.Con cierto optimismo, aquel Coloquio puede dar muestra de lo que resultó capaz la acción pública internacional, contra la política de dar muerte. Esta es la forma de concebir la política como “tecnología del poder”, sin ciudadanía, sin esfera de deliberación, ni partidos.La negación del olvido es la negación de la democracia. En esta dirección continuaba la “ley de autoamnistía” de los militares. En la democracia representativa contemporánea la opacidad del poder se ha convertido en un problema estructural. El pasado adquiere sentido con una memoria política activa, obligada a buscar la verdad y la justicia.¿Cuánto sabemos de lo que realmente aconteció en la AMIA, ¿cuánto sabemos del crimen del fiscal Nisman? Menos sabemos del castigo a los responsables. La política, el “orden del mundo”, la hacen asimismo aquellos que han fundado el derecho, las leyes, la comunidad internacional.La democracia moderna se fijó un horizonte (paz, emancipación, progreso, bienestar) su olvido, conlleva su negación. Pero, ¿sabemos cómo construirla ante el ascenso de fuerzas internas y externas destructivas?No podemos olvidar la distancia establecida entre las ideas, las tradiciones políticas intelectuales, y los hechos con sus problemas y circunstancias actuales. Enfrentar a la violación de los derechos humanos del pasado es interrogarse sobre la protección jurídica y efectiva que puede brindar la democracia y el resguardo de las normas internacionales que deben preservarlos.
Negación del olvido, preservación de la memoria
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