Michael Cholbi, filósofo, sobre el duelo: “Puede comportar pérdida de memoria, menos fluidez verbal y un defectuoso procesamiento de la información”

Michael Cholbi, filósofo, sobre el duelo: “Puede comportar pérdida de memoria, menos fluidez verbal y un defectuoso procesamiento de la información”

Cuando alguien a quien queremos muere, el mundo parece desmoronarse bajo nuestros pies. Un vacío inmenso irrumpe en nuestra vida y nos acompaña a cada instante. Lo que antes nos entusiasmaba pierde importancia y las rutinas cotidianas dejan de tener sentido. Es como si miráramos la vida a través de un cristal empañado. Y es que la muerte de alguien importante puede cambiar nuestra manera de relacionarnos con el mundo y hacer que dejemos de reconocernos. ¿Cómo seguimos siendo quienes éramos cuando una persona fundamental para entendernos a nosotros mismos ya no está?El filósofo Michael Cholbi, catedrático de Filosofía en la Universidad de Edimburgo y especialista en ética y filosofía de las emociones, aborda esta cuestión en Duelo (Paidós), un ensayo que invita a mirar la pérdida desde una perspectiva poco habitual. Frente a la idea de que este proceso es una herida que debemos aprender a cerrar, Cholbi propone entenderlo como una experiencia capaz de transformar nuestra relación con nosotros mismos.“Es lo que sucede dentro de nosotros cuando reaccionamos a la muerte de alguien que nos importa”, afirma antes de añadir. “Más que la herida indeleble que a menudo se describe en el discurso popular, el duelo representa, en cambio, una oportunidad, una posibilidad de mantener bajo una nueva luz las relaciones importantes para nosotros y de lograr una relación más madura y diáfana con nosotros mismos”.Living with grief without ‘moving on’— a philosophical discussion| Michael Cholbi & Imi LoLa pérdida del yoSu propuesta no consiste en romantizar el sufrimiento ni en afirmar que toda pérdida acaba convirtiéndose en una lección. El dolor puede ser devastador, confuso y difícil de soportar. Sin embargo, Cholbi plantea que, precisamente porque esta ausencia altera nuestra comprensión del mundo, el duelo puede abrir un proceso de autoconocimiento que difícilmente se produciría en otras circunstancias.El especialista lo ilustra con una frase habitual entre quienes atraviesan una pérdida: “He perdido una parte de mí”. Esta expresión no solo describe la tristeza, sino que refleja la desorientación que sentimos porque esa muerte “ha trastocado nuestra autobiografía”. Las personas que queremos no ocupan un lugar aislado en nuestra vida. Participan en la construcción de nuestros recuerdos, proyectos, hábitos y valores. Somos, en parte, quienes somos porque hemos compartido nuestra historia con ellas.Por eso, cuando mueren, no solo desaparece alguien del presente, sino que también se tambalea la forma que teníamos de entender la vida y nuestro propio yo. “El duelo hace que nos sintamos poco familiares o irreconocibles para nosotros mismos. Los individuos por los que lloramos son, en cierto sentido, vitales para nuestra comprensión de quiénes somos y qué nos importa”, expresa Cholbi.Qué podemos descubrirDe esta manera, el filósofo puede convertirse en una oportunidad de autoconocimiento. No se trata de descubrir datos triviales sobre uno mismo, sino de comprender mejor los valores, las emociones y los vínculos que orientan nuestra existencia. “El autoconocimiento es el propósito y el bien del duelo”, asegura.Este proceso puede hacernos preguntas hasta entonces inexploradas, como por qué era importante esa relación o qué parte de esa historia queremos conservar. Estas preguntas no aparecen necesariamente de forma ordenada ni consciente. A menudo surgen en medio de la confusión, la rabia, la culpa o la tristeza. Pero, a medida que intentamos dar sentido a lo que sentimos, pueden aflorar facetas de nuestra identidad que permanecían ocultas bajo las rutinas y la vida cotidiana.Por ejemplo, el duelo puede ayudarnos a reconocer hasta qué punto nuestra felicidad estaba vinculada a una persona, qué necesidades emocionales satisfacía esa relación o qué aspectos de nosotros mismos habíamos desarrollado a su lado. “Cuando logramos el autoconocimiento, nuestra vida tiene más sentido”, manifiesta.El propio Cholbi reconoce que su propuesta encierra una paradoja: ¿cómo puede ser beneficiosa una experiencia que nos hace sufrir? El filósofo no sostiene que este dolor no garantiza una transformación positiva, del mismo modo que el autoconocimiento no elimina necesariamente la tristeza. Sin embargo, sugiere que esta experiencia puede convertirse en una vía para conocernos mejor. Su intensidad nos obliga, en ocasiones, a prestar atención a dimensiones de nosotros mismos que normalmente permanecen en segundo plano. Además, no entenderemos su valor hasta que lo atravesemos.El duelo como un trastornoCuando el bienestar se identifica con la ausencia de emociones desagradables, los efectos de este dolor pueden llegar a verse como un trastorno mental. “Buena parte de la cultura occidental ha aprendido a ver el duelo como una amenaza para el autocontrol y para el control social”, señala Cholbi.Esta visión ha contribuido a interpretar el sufrimiento por una pérdida desde el modelo médico, como si se tratara de un estado que necesariamente debe curarse. “El duelo posee propiedades que se asemejan lo suficiente a otros estados que ya están medicalizados, en especial la depresión”, dice el experto. Entre esas semejanzas, menciona efectos cognitivos: “Puede comportar pérdida de memoria, disminución de la fluidez verbal y un defectuoso procesamiento de la información”.#1152 Michael Cholbi: The Philosophy of Death and DyingAun así, advierte de que el parecido entre determinados síntomas no basta para concluir que sea una enfermedad. Para ilustrarlo, recurre a una comparación con la fiebre: “Es un signo muy frecuente de enfermedad contagiosa, pero también una señal positiva de que el organismo está combatiéndola. Por supuesto, las fiebres pueden volverse tan intensas que lleguen a ser peligrosas para la salud. Sucede lo mismo con el duelo. Sus respuestas pueden representar amenazas para nuestro bienestar si se tornan demasiado intensas o difíciles de gestionar”, afirma.En definitiva, “el buen duelo no consiste en dejar atrás, ni en aferrarse, sino en construir a partir de nuestra relación pasada con el fallecido”. Aprender a vivir con una ausencia no significa olvidar a quien ya no está, sino encontrar la manera de integrar su recuerdo en nuestra historia y reconstruir, poco a poco, una vida en la que esa persona siga teniendo un lugar.Jara Bravo

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