Marcela Morelo: su nuevo disco con músicos de “lujo”, las serenatas que daba en Lanús y su deseo más profundo

Marcela Morelo: su nuevo disco con músicos de “lujo”, las serenatas que daba en Lanús y su deseo más profundo

Antes de los discos, los viajes y los escenarios, hubo una guitarra y un abuelo que tocaba el bandoneón. También, noches en las que una Marcela Morelo de ocho o nueve años salía con él a cantar serenatas por el barrio. Del otro lado de una ventana podía aparecer una quinceañera que recién se había despertado; después, la puerta se abría y la música seguía adentro, entre vecinos y algo para compartir. Morelo guarda esa escena con una nitidez que atraviesa la conversación. La misma idea de encuentro y de “volver a la esencia” aparece en La Morelo, un disco que le llevó más de dos años y medio de trabajo, en el que revive los clásicos de su repertorio con invitados y que presentará en vivo este viernes en el Teatro Gran Rex. Con La Morelo, su disco número doce, vuelve a sus canciones más conocidas acompañada por artistas como Natalia Oreiro y SoledadPrensa—Lanzaste La Morelo. ¿Qué tiene la Morelo que no tiene Marcela en su casa? —Estamos hablando de la misma persona, pero “La Morelo” sería la de este nuevo disco, mi disco número doce. Es especial porque son las canciones más conocidas de mi repertorio cantadas con otros artistas. Cada canción tiene un invitado y una versión nueva respecto de la original. Son canciones conocidas, pero es un disco bien diferente. Estoy muy orgullosa.—¿Cuando te subís al escenario aparece una especie de alter ego?—Nunca me referí a un alter ego, pero el escenario te provoca un montón de cosas. Para estar óptima hay mucha preparación, no solo mía, sino de un montón de gente que sube a hacer un espectáculo. Está todo el entorno, toda la previa. Este disco, por ejemplo, es el fruto de más de dos años y medio de trabajo. Y ya estamos casi cumpliendo treinta años desde la salida del primero. Digamos que al alter ego lo mantengo trabajando.—¿Cómo te llevás con la exposición?—Bien, porque estoy expuesta por lo que hago. Hasta ahora, por suerte, nunca hubo nada extraordinario a mi trabajo.—¿Buscaste que fuera así o se fue dando?—Se fue dando por cómo soy. Trabajo en mi casa, disfruto de mi trabajo, me encanta lo que hago y lo hago con mi marido. No soy de andar mucho en la noche. Me gusta salir, por supuesto, pero es bastante medido.—Con Natalia Oreiro grabaste “Corazón salvaje”. ¿Cómo fue ese encuentro?—Cuando surgió el nombre de Nati, estaba acá, en Sony. Le mandé un mensaje y me dijo: “Marce, en veinte minutos hablamos”. Le conté que estaba haciendo un disco, que me faltaba la última canción sin artista invitado y que habíamos pensado en ella para “Corazón salvaje”. “¡Me encanta!”, me dijo, y me la cantaba por teléfono. Fue un placer. Nos queremos mucho; las veces que nos encontramos fueron muy amorosas. Después vino a grabar a casa. Fue una experiencia hermosa.—¿Cada colaboración tuvo su propia historia?—Sí, con cada artista fue diferente. A la Sole [Pastorutti] la llamé primero y le di a elegir la canción. Antes que nada era preguntarles si querían ser parte de este proyecto. Todos los artistas que están son los que tienen que estar.—¿Todos pudieron sumarse?—Hubo algunos que no podían, que no era el momento. Pero después, ¿viste cuando tiene que ser? Son estos artistas que están. Para mí es un seleccionado de lujo.—Sobre la adopción, ¿qué te gustaría que empecemos a preguntar y qué dejemos de preguntar?—Que ya está. Son mis hijos y ya pasó una década que viven con nosotros. Tenemos las cosas que tiene toda familia con hijos: la vorágine, la logística de cada día, la rutina. Ponerme a hablar de cómo fue como que...no. Ya pasó y, además, los chicos están más grandes. Son mis hijos.—¿Eso también cambia lo que elegís contar públicamente? ¿Le consultas a ellos si les molesta que comentes algo algo?— No hace falta, te das cuenta. Al principio eran más chicos y había sido todo muy fuerte. Pero hoy son grandes. Entonces, me siento como desubicada.—¿Qué te enseñaron ellos que ninguna otra experiencia te había dado?—Me hicieron sentir mamá. Lo que es una mamá en una familia, en una casa: la responsabilidad, el ejemplo, los límites. Es impresionante el trabajo de ser madre, es una responsabilidad muy grande que espero saber llevar adelante.—¿Esa responsabilidad también trae dudas?—Somos personas, somos mujeres; una no deja de ser una misma cuando es mamá. Pero hay otra entrega y, a veces, las prioridades cambian. Es normal tener dudas, incertidumbre, preguntarse si una hace las cosas bien o mal."Es impresionante el trabajo de ser madre, es una responsabilidad muy grande que espero saber llevar adelante", dicePrensa—¿Cómo ves el presente de las mujeres en la música argentina?—Me parece espectacular. Hay muchas músicas: bajistas, bateristas, guitarristas, tecladistas, cantantes espectaculares. Hay un mundo de chicas saliendo y es impresionante. Cuando yo salí, recuerdo los premios Gardel y es verdad que no había tantas chicas. Me parecía raro. Costó encontrar artistas que emergieran, que tomaran notoriedad, porque seguro que las había. Ahora, por suerte, están con todo y cantando por todo el mundo.—Si pudieras mandarle un audio a la Marcela que todavía no había sacado su primer disco, ¿qué le dirías?—Que confiara. Que siguiera adelante con su camino, que continuara con esa pasión, que para mí se transforma en algo muy poderoso. Le diría, con los ojos cerrados: “Andá, que va a andar”. Siempre que uno está en movimiento, pasan cosas.—¿Qué recordás de aquellos primeros años?—Quedar sorprendida. No imaginé que la salida del primer disco me iba a llevar a recorrer muchos países, toda la Argentina, Europa. Lugares muy lejanos en mis sueños, como Israel o Rumania. No los tenía en mi mapa. Me sorprendió muchísimo."Siempre sentí que la música era para mí", planteaPrensa—¿Hubo un momento en el que dijiste: “La música es para mí”?—Lo sentí siempre. Desde muy chica estudio música y me crié en una casa con un músico. Mi abuelo tocaba en casa y me contagió de cerca ese amor. Primero jugaba sola a ser cantante. Después, en el secundario, cuando empezaban los tests vocacionales, yo decía que iba a ser música, que iba a cantar. Era medio raro decir eso en el colegio, pero siempre lo sentí. Como seguir una estrella, como si mi angelito me guiara. Y me dejé llevar.—¿Qué te quedó de ese abuelo que te marcó el camino?—El amor, la paciencia y las ganas de transmitirme eso que te da la música: en un momento podés volar, podés ser libre. Lo veía tocar y lo que más me sorprendía era cómo sus ojos inmediatamente estaban en otro nivel. Cerraba los ojos o miraba para arriba y yo, que era chiquita, pensaba: “¿Dónde andará?”.—¿Llegaron a tocar juntos?—Sí. Él tocaba el bandoneón y yo, la guitarra. Cuando aprendí a tocar empecé acompañarlo, me empezó a llevar a hacer serenatas. Tendría ocho o nueve años. En el barrio lo llamaban cada vez que una chica cumplía quince o se casaba, para que fuera a tocarle a la ventana.—¿Cómo eran esas salidas?—Se hacían a la medianoche. Mi abuelo arreglaba con la familia: “A las doce vamos a ir y vamos a cantar”. Todo el barrio escuchaba la serenata. La chica abría la ventana… Te lo cuento y parece una película.—¡Eran una especide de Mariachis!—Pero de Lanús donde nací [risas]—¿Lo hacían como un trabajo?—No, de onda, en el barrio. Una vez que la chica abría la puerta o la ventana —a veces costaba porque estaba durmiendo—, la familia ya tenía algo preparado y entrábamos todos: mi abuelo, yo, mi abuela, mi mamá, mi papá, gente del barrio. A tomar algo, comer y seguir cantando y tocando. Fue una experiencia inolvidable. Cada vez que me acuerdo lo tengo muy fresco.—¿Te acordás de alguna de las canciones que cantabas?—Sí. Cantaba una y era completamente inconsciente de la letra, porque decía: “No creas que si tú te alejas yo voy a llorar…”. Era un valsecito lindo, pero la letra era de desamor total. ¡Y yo se lo cantaba a una chica que cumplía quince o se estaba por casar!—Por ahí era un aviso. ¡Habría que ver si se separaron o no! [risas]—¡Esperemos que no! [risas] Marcela Morelo recordó que su abuelo la llevaba a cantar serenatas por el barrio de LanúsPrensa—¿Te pasó que una canción tuya fuera un éxito mientras vos atravesabas un momento triste?—Sí, claro. La vida tiene subidas y bajadas, y esta profesión también, como todas. Pasa con las familias, las relaciones, los vínculos. Pero volvemos a lo que hablábamos antes: tengo la bendición de cantar, de escribir canciones, y eso muchas veces me salva.—En esta vorágine, ¿cómo cuidás el tiempo que necesita una construcción artística?—En mi caso, trabajo de lo que hago. Ese tiempo es el tiempo bendecido. Me gusta conversar sobre esto porque creo que no soy la única que siente que hay que volver a la esencia, parar un poco, vivir más el presente. Lo vengo sintiendo toda la vida. Investigo, me encanta estudiar, leer, meterme en todo.—Tus canciones tienen mucha calidez. ¿Se puede escribir una canción de amor en un momento poco romántico?—Ahora estoy volviendo a componer mucho y no sé si es un momento muy romántico. Con mi marido sí, pero hay una movida bastante potente alrededor de la vida, de la familia, de todo. Mi vida personal está bastante agitada. Sin embargo, cuando me pongo a componer y a tocar la guitarra, encuentro paz. Las canciones son un refugio. Este año nos juntamos a componer con Sole y Claudia [Abraham] en Los Ángeles e hicimos varias canciones preciosas. Son mi sostén. Volver a componer me hace sentir segura y tener cosas que quiero mostrar en el futuro.—¿Qué encontrás en la música cuando alrededor las cosas están más difíciles?—La música es un gran refugio. Acompaña todos los momentos: la tristeza, la alegría, un viaje, estudiar, vivir. Yo soy música, toco un instrumento y me encanta. En mi rutina de tocar, cantar, hacer mis ejercicios de canto y mi rutina física encuentro un lugar cómodo, lindo, de descanso. —¿Por qué sentís que tu entorno está agitado?—Por cosas personales. Hoy creo que estamos todos tocados en la vida personal; hay movimientos muy grandes. Es una época fuerte y nos toca a todos. A mí me gustaría bajar un poco las revoluciones. Hace rato que se viene sintiendo esa cuestión: está cambiando todo, se rompen estructuras viejas, de toda la vida. Hay un movimiento muy grande y creo que depende de nosotros poder dar un salto.—¿Lo pensás desde un lugar espiritual?—Creo en todo. Me encanta. Escucho meditaciones, escucho el Evangelio todos los días. Soy católica, pero creo que hay una vuelta al ser profundo. Hay mucha información, demasiada. Siento en el espíritu, en el alma, una cosa de cambio, de volver a la esencia.—¿Este disco también fue una vuelta a tu esencia?—Exactamente. Volvimos a agarrar las canciones desde la guitarra. Las versiones originales ya están, entonces había que hacer otras. Volver a tocar con la guitarra canciones que tienen muchos años fue muy emocionante. De cada una hicimos hasta dos o tres versiones, hasta encontrar la que nos gustaba. Y se terminaba de cerrar con el artista invitado.—¿Escuchar tus canciones en otras voces te hizo descubrir algo nuevo?—Sí. Al ser interpretadas por otros artistas descubrí más cosas de canciones que yo escribí y canto. Me pegaban más algunas palabras. Me gusta mucho lo que hicieron. Luciano [Pereyra], Abel [Pintos] y Nahuel [Pennisi], por ejemplo, cantaron en el mismo tono que yo: ni siquiera se cambió eso. Pero ese toque que le dieron, esa sílaba que estiraron, me emociona mucho. Me encanta.

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