“Maneje un poco y se le va la alegría”: entusiasmo y malestar en Buenos Aires en vísperas de la llegada del Papa

“Maneje un poco y se le va la alegría”: entusiasmo y malestar en Buenos Aires en vísperas de la llegada del Papa

Luciana Sastre, de 49 años, vive en Palermo desde hace dos décadas. Para ella, las molestias de tránsito ocasionadas por los cortes de calles en la zona del Monumento a los Españoles son secundarias. “Es histórico, no sé por qué se quejan tanto. Solo son unos días; es el Papa”, sostiene emocionada. Mientras habla, un joven que trabaja para una aplicación de reparto de comida interviene en la conversación. “Maneje un poco y se le va la alegría”, responde antes de retirarse. El intercambio dura apenas unos segundos, pero refleja una discusión que aparece una y otra vez durante una recorrida de LA NACION por la zona: la importancia de recibir al Pontífice frente a las dificultades que ya generan los cortes por el operativo de seguridad. Faltan dos días para que León XIV llegue a la Argentina y su presencia ya comienza a modificar la vida cotidiana de Buenos Aires.Las vallas metálicas delimitan distintos sectores como parte del operativo organizado para recibir al PontíficeCamila Súnico AinchilMaría Collazo intenta encontrar una salida con su auto, pero las calles de Palermo parecen ofrecerle cada vez menos alternativas. Los conductores que circulan este viernes por la del Monumento de los Españoles deben modificar su recorrido por los cortes. En una esquina hay vallas; en otra, un agente de tránsito indica que debe cambiar de dirección. “La verdad que me gusta que venga el Papa; prefería que viniera Francisco, pero bueno, me conformo. Lo que sí no me banco son los cortes; es imposible, hacen la vida complicadísima”, comenta, a la vez que suma que piensa regresar el lunes para participar de la visita papal. “Si hoy fue imposible, el lunes va a ser peor. Pero voy a venir”, agrega. La zona de los cortesEl recorrido de LA NACION comienza en Virrey del Pino, entre las avenidas del Libertador y Luis María Campos, y continúa por los alrededores del monumento, la avenida Santa Fe y distintos sectores de Palermo hasta Ugarteche. Sobre Gorostiaga todavía pasan algunos vehículos. También circulan bicicletas y monopatines. Pero el movimiento se interrumpe al llegar a las primeras barreras metálicas. Hay carteles, policías de tránsito y vecinos que se acercan para preguntar por dónde pueden pasar.Las banderas argentinas y del Vaticano comienzan a compartir espacio en los balcones de distintos edificiosCamila Súnico AinchilMaure ya está cerrada, aunque conserva un acceso peatonal para cruzar de un lado al otro. Jorge Newbery también permanece interrumpida. Matienzo continúa abierta parcialmente, pero está cortada desde Migueletes, al igual que San Benito de Palermo. En las calles liberadas de automóviles, bicicletas y monopatines aprovechan para circular en ambos sentidos. Para quienes conducen, en cambio, encontrar una salida puede significar volver sobre el camino recorrido.La situación se repite en diferentes puntos. Una valla impide avanzar, un cartel anuncia un desvío y un agente señala otra dirección. Algunos peatones deben retroceder y los vecinos preguntan cómo podrán ingresar a sus viviendas. Un vecino cuestiona la anticipación de las restricciones: “Es complicado, no entiendo cómo empezaron esto dos semanas antes si podían dejar abierto y cerrar, por ejemplo, el sábado”.A medida que se avanza hacia el Monumento de los Españoles, los preparativos ocupan cada vez más espacio. Hay trabajadores colocando carteles, otros pintando superficies y personal que termina de acondicionar distintos sectores. Sobre estructuras negras aparecen dibujos blancos vinculados con la visita papal. En el escenario se realizan pruebas de iluminación, mientras algunas personas se detienen a pocos metros para observar los trabajos y sacar fotos. Pantallas gigantes, cerramientos y vallados completan un paisaje que todavía está en construcción.Rosa Salvatierra, de 67 años, permanece unos instantes mirando los preparativos. Sonríe. Llegó desde Tucumán para participar de la visita. “Soy devota”, cuenta. A su alrededor continúan los trabajos, pero ella se detiene a observar el lugar donde se espera recibir al Pontífice. La llegada de León XIV también recupera entre los fieles el recuerdo de Francisco, el Papa argentino que marcó una etapa particular en la relación del país con el Vaticano. Lucas Gutiérrez tiene 20 años y decidió colaborar con los preparativos. “Vine a ayudar, es importante lo que va a realizar el Papa. Francisco nos llamó. León nos buscó”, explica. Su presencia se suma a la de quienes trabajan para acondicionar los espacios antes de la llegada de los asistentes. Algunos trasladan materiales, otros organizan estructuras y varios continúan con las tareas de pintura.Los trabajadores ultiman los detalles de las instalaciones previstas para la visita papalCamila Súnico AinchilPepe Moreno está precisamente ocupado en uno de esos trabajos. Mientras pinta, cuenta qué significa participar de la organización. “Es un placer trabajar para algo así. Mi mamá me pide fotos todo el tiempo, está feliz de que esté trabajando acá. Dios nos ayudó mucho, el Papa es su representante”, dice a este medio. La expectativa por el acontecimiento también se vive entre quienes deben terminar las instalaciones. En los Bosques de Palermo, las restricciones también alcanzan espacios que habitualmente utilizan quienes salen a caminar, correr, tomar mate o almorzar. Una extensa sucesión de vallas blancas bordea los Lagos de Palermo y atraviesa distintos sectores de césped. Algunas acompañan los senderos y otras se suman al alambrado que separa los caminos del agua. Las estructuras metálicas rodean árboles de grandes dimensiones y delimitan zonas que, hasta ahora, formaban parte del recorrido cotidiano de los visitantes.Las extensas hileras de baños químicos forman parte del despliegue previsto para recibir al públicoCamila Súnico AinchilLas embarcaciones permanecen sobre el lago y las construcciones tradicionales del parque se distinguen entre la vegetación. Los faroles, los árboles y los caminos de tierra rojiza conservan su lugar, aunque ahora comparten el paisaje con largas hileras de baños químicos de color turquesa. Las cabinas de la empresa Basani aparecen junto a las calles internas, cerca de las orillas y entre los senderos. Algunas tienen sus puertas aseguradas con precintos negros.Entre quienes disfrutan del parque está Matías Cejas, de 30 años. Mira las barreras que rodean parte del lago y no comprende por qué se colocaron también en ese sector. “¿Por qué vallan este lugar? ¿Le tienen miedo a los patos?”, pregunta entre risas. En ese momento, cuatro aves atraviesan el espacio delimitado y continúan caminando sobre el césped. Matías las señala. “Los patos salen igual”, comenta.Los patos continúan caminando sobre el césped y atraviesan los sectores delimitados por las vallasCamila Súnico AinchilLos animales siguen su recorrido sin prestar atención a las estructuras. Algunos tienen plumaje blanco y otros, grisáceo. Picotean el pasto, se acercan al agua y caminan entre los árboles. A pocos metros, varias personas permanecen sentadas, tomando mate o almorzando. La escena contrasta con el despliegue de sanitarios, barreras y cerramientos que ocupa parte de los espacios verdes.Cerca de la avenida Dorrego aparecen nuevas estructuras, carteles y personal de tránsito. Las pantallas y los paneles decorativos anticipan la concentración de público prevista para los próximos días. En algunos sectores hay vehículos vinculados con el montaje; en otros, los trabajadores continúan acondicionando las instalaciones. Mientras tanto, quienes utilizan habitualmente el parque buscan caminos que todavía permanezcan habilitados.La salida de Palermo tampoco resulta sencilla. Durante la recorrida de LA NACION, algunos pasos que estaban abiertos minutos antes comienzan a quedar bloqueados. Las vallas aumentan y los agentes indican nuevos desvíos. Lo que parecía una salida termina en otra interrupción. Hay que regresar, buscar una calle habilitada y volver a intentar.Las imágenes del papa León XIV y los símbolos religiosos anticipan la expectativa por su llegadaSin embargo, a medida que el recorrido se aleja del sector del monumento, aparece otra señal de la visita. En distintos balcones cuelgan banderas argentinas, pero ahora el celeste y blanco comienza a compartir espacio con el amarillo y blanco del Vaticano. Las enseñas se multiplican en las fachadas y anticipan, desde las viviendas, la llegada del Pontífice.Euforia en RecoletaLa escena se vuelve todavía más visible en Recoleta. Allí, en avenida Alvear 1637, se encuentra la Nunciatura Apostólica, ubicada en el histórico Palacio Fernández Anchorena, donde se hospedará León XIV durante su estadía en Buenos Aires. Aunque la zona también estará alcanzada por restricciones de circulación, este viernes presenta un panorama diferente al de Palermo. Todavía no se observa el mismo despliegue de vallas y el tránsito continúa con mayor tranquilidad.Las fachadas, en cambio, muestran una preparación evidente. Hay numerosas banderas del Vaticano, otras con el rostro de León XIV y con mensajes dedicados al Papa. También aparecen imágenes de la Virgen y una bandera argentina acompañada por una referencia a las islas Malvinas. Los colores amarillo, blanco y celeste se repiten en distintos balcones.Algunas personas caminan por la vereda, se detienen frente al edificio, levantan sus teléfonos celulares, toman fotografías y siguen su camino. Otras permanecen unos instantes observando la fachada. A diferencia de Palermo, donde las conversaciones giran alrededor de los cortes, aquí predominan las miradas hacia la residencia y las imágenes que los visitantes quieren conservar.Catalina Casco llegó desde Salta acompañada por otras tres personas. El grupo decidió acercarse a la Nunciatura antes de la llegada del Pontífice para conocer el lugar donde se hospedará. “Vinimos acá por él”, cuenta a este medio.A unos metros, Luis Flores, de 57 años, se detiene frente al inmueble y toma fotografías hacia el interior del predio desde la calle. Como otros visitantes, aprovecha que todavía es posible acercarse a la residencia sin encontrarse con el despliegue de barreras observado en Palermo. “Era muy chico la primera vez que un Papa vino a la Argentina. Ahora, poder ser testigo de una visita como esta representa mucho para mí”, cuenta a LA NACION. Las actividades recreativas conviven con los trabajos de acondicionamiento y las restricciones de accesoMientras las personas pasan y fotografían el edificio, algunos trabajadores realizan tareas sobre las cámaras de seguridad instaladas en la zona. El movimiento es discreto, aunque no pasa inadvertido. La llegada del Papa también comienza a reflejarse en los accesos a la sede diplomática.Frente al edificio hay seis personas vestidas con ropa deportiva y distintivos que parecen vinculados con la seguridad vaticana. Caminan hasta una puerta ubicada sobre la calle Montevideo y se disponen a ingresar. Uno de ellos se detiene unos segundos para hablar con este medio. “Vinimos con el Papa. Es un bello país”, expresa. Después entra junto con sus acompañantes.Poco más tarde, otras diez personas llegan al mismo acceso. Todas visten traje y entre ellas se escuchan conversaciones en francés e italiano. Antes de entrar, uno de los hombres señala a este medio una bandera del Vaticano, sonríe y continúa hacia el interior con el resto. Por Camila Súnico Ainchil

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