Para medir el valor de un lote de maíz hay que mirar fundamentalmente el pueblo más cercano: el contratista que hace las labores, el taller que repara las máquinas, los camiones que llevan los granos, los feedlots, los establecimientos porcinos o avícolas que los transforman en carne y los tambos, en leche, e incluso, si las hay cerca, las plantas de molienda húmeda o seca, o de bioetanol, que los convierten en ingredientes de alimentos, bebidas y otras industrias y en energía. Recién con esa postal completa se aprecia de qué manera una decisión de siembra se convierte en trabajo y movimiento económico, y lo hace de manera descentralizada, agregando valor y desarrollando localidades del interior del país. El valor agregado del maíz empieza mucho antes de la siembra y sigue después de la cosecha. No es lineal, sino que se construye en red. Y quien lo determina es la demanda, el consumidor, cuando convierte el esfuerzo productivo en el valor que está dispuesto a pagar por él. Hay centenas de millones de dólares invertidos en investigación antes de que una semilla sea seleccionada para sembrarse en un campo. Otro tanto ocurre con los insumos que se aplican. Luego, durante el cultivo, intervienen el productor, los asesores, las empresas de servicios, y, tras la cosecha, las diversas industrias que procesan el maíz, las empresas de transporte, la exportación, y hasta la diplomacia, gestionando el acceso a mercados. Cada eslabón depende de los otros, y la cadena necesita acordar prioridades entre quienes producen, transforman y comercializan, y llevarlas como propuestas comunes a los gobiernos. Maizar, como asociación de las cadenas productivas del maíz y del sorgo, trabaja para lograr que el crecimiento de estos cultivos abra cada vez más oportunidades a partir de cada lote. El mundo demanda y valora los productos de esta cadena: maíz, sorgo, harinas, aceites, carnes, bioetanol, toda una extensa red de producción que genera valor social en la Argentina.El maíz se transforma en proteína animalEl papel de la tecnología es clave. Fue ella la que amplió las posibilidades del cultivo en nuevas regiones: el maíz tardío y los planteos de baja densidad permitieron sembrar en ambientes con restricciones de agua. A la vez, la chicharrita, que tanto golpeó la campaña 2023/24 llevándose un 20% de la producción, mostró cuánto puede comprometer ese desarrollo una amenaza sanitaria y por qué la respuesta tiene que ser conjunta. De allí que Maizar coordinó con instituciones públicas y privadas la creación de la Red Nacional de Dalbulus maidis, encargada de recolectar muestras y analizar quincenalmente la situación de la plaga en las cinco principales regiones maiceras del país para orientar las decisiones de productores y técnicos. Sostener esa cooperación y ampliar la prevención y el acceso a la tecnología es lo que puede devolverle al maíz tardío su lugar.FronteraMaizar también impulsa la expansión del cultivo hacia el Sur, tradicionalmente no incluido en los mapas agrícolas, un cultivo fundamental para la expansión de su producción ganadera. Río Negro es una muestra clara de ese potencial de crecimiento: en diez años, la superficie maicera se duplicó, de 12.000 a 24.000 hectáreas, y aun así la provincia debe comprar al resto país unas 100.000 toneladas de maíz anuales para sus animales. Neuquén, Mendoza, Corrientes y Misiones, entre otras provincias, exploran oportunidades del mismo tipo. Para avanzar, hacen falta riego, energía y financiamiento. La amortización acelerada de las inversiones en riego, recientemente sancionada, es el tipo de herramienta que ayuda a pasar de los proyectos a la producción.El acceso a la tecnología también depende de lo que se decide fuera del país. Una nueva semilla puede estar aprobada por las autoridades regulatorias argentinas y seguir esperando la autorización de los países que compran el grano, lo que demora su llegada al productor. Acortar esos plazos es una prioridad en la que Maizar trabaja en colaboración con los productores de maíz de Brasil y Estados Unidos, a través de MAIZALL, la alianza que reúne las cadenas de los tres principales productores de este cultivo para que los países compradores adopten reglas basadas en la ciencia.Para que las oportunidades que encierran el maíz y el sorgo se multipliquen hay tres frentes que abordar, y todos necesitan reglas que permitan planificar más allá de una campaña. El primero es invertir y producir: se requieren condiciones para incorporar riego, tecnología y bienes de capital, y un menor costo de insumos como fertilizantes y semillas.El segundo es transformar más grano cerca de donde se cosecha, con inversiones en carnes, alimentos y bioenergía. El proyecto de ley que propone elevar del 12 al 15% la mezcla de bioetanol en las naftas va en ese sentido. El bioetanol es una energía renovable, de menor impacto ambiental, que suma demanda para el maíz dentro del país y desarrollo en las regiones productoras. Lo muestra Brasil, que en una década pasó de una producción de etanol de maíz incipiente a más de 10.000 millones de litros, traccionando una gran demanda industrial cerca de las zonas productoras. Bioetanol. Asociación de Cooperativas ArgentinasACAEl tercero es llegar a los mercados: caminos, energía, logística y acceso comercial. Los derechos de exportación se cobran sobre el precio en el puerto, y los siente más el productor que está lejos y ya paga más flete. Por eso, hace falta un sendero previsible de reducción de retenciones hasta su eliminación. Por su parte, el sorgo, cuya superficie sembrada cayó en la última campaña, necesita sumar destinos y compradores para volver a crecer.Federico Zerboni, que acaba de dejar la presidencia de Maizar, ha trabajado articuladamente con toda la cadena y con los gobiernos nacional y provinciales en el camino de agregar valor a estas cadenas de potencialidad deslumbrante. Las nuevas autoridades continuaremos ese camino. El resultado se medirá por los obstáculos que se logren remover para permitir el desarrollo de las redes, las inversiones que se concreten y los mercados que se abran. Una cosecha se cuenta en toneladas; el desarrollo tiene que poder verse en el pueblo más cercano. A ello nos abocaremos.El autor es presidente de MaizarPor Luis María Urriza
Maíz tardío: el cultivo que desafía los límites y apuesta por la tecnología
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