Ella tenía 14 años; él ya había cumplido 15. El flechazo fue total. Se enamoraron con la fuerza incontrolable e irremediable del primer amor. Hicieron todo lo que por entonces, más de medio siglo atrás, solían hacer los adolescentes cuando se ponían de novios: lo que en aquel tiempo se llamaba asaltos - reuniones en casa de amigos, donde en general las chicas llevaban la comida y los varones, la bebida; salidas al cine; tardes en el club: él jugaba al tenis, ella lo alentaba; larguísimas conversaciones telefónicas. Como correspondía a dos chicos de buena familia, no se permitieron el sexo. Besarse fue lo más osado que hicieron. Una mudanza, nuevos amigos, nuevas rutinas… El amor que había estallado una tarde quedó trunco. No volvieron a saber nada el uno de la otra. Cada cual siguió su camino. Ella entró a la facultad, se recibió, se casó muy joven, muy joven se convirtió en madre, y muy joven se separó. Por cuestiones laborales vivió afuera y viajó bastante. En uno de sus regresos conoció al hombre con el que comparte la vida desde hace más de 30 años. Cómoda en su matrimonio y feliz con su rutina, salía del banco un día cuando se topó de frente con aquel primer amor de la adolescencia. Un café alcanzó para comprobar que el deseo de entonces sólo había estado dormido durante todos estos años. El también está casado, una segunda gestión después de una convivencia que dejó tres hijos como fruto. A lo largo del encuentro ella comprobó que él lo recordaba todo: desde el nombre de sus amigas, esas que ella no veía desde los años de secundaria, hasta cómo endulzaba el café. No había olvidado tampoco los lentos que bailaban juntos. Al despedirse, ella se negó a darle el teléfono; él la buscó en las redes. Le escribe y postea canciones de amor. Ella volvió a sentir la inconfundible inquietud de la conquista y un brillo indisimulable le enciende la mirada. No obstante, decidió bloquearlo. Dice que tiene miedo, que es como asomarse a un abismo, que odiaría ser infiel... Y, también, que no quiere perder por nada del mundo aquellos buenos recuerdos de su amor adolescente. Se sabe, el único paraíso es el paraíso perdido.Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOPasiones Argentinas
Los paraísos perdidos
Full Article
Original Source
Read the full article at Clarin →KhanList aggregates and links to publicly available news content. We do not host full articles from third-party sources. Always verify important information with original sources.