Los expertos en psicología coinciden: la reducción del círculo social a los 60 años no es un declive; los investigadores lo llaman selectividad socioemocional, el intercambio deliberado del cerebro entre la multitud y la cercanía

Los expertos en psicología coinciden: la reducción del círculo social a los 60 años no es un declive; los investigadores lo llaman selectividad socioemocional, el intercambio deliberado del cerebro entre la multitud y la cercanía

A partir de cierta edad, algunas personas comienzan a notar que ya no tienen la misma necesidad de conocer gente nueva, mantener vínculos lejanos o aceptar invitaciones por compromiso.El cambio puede resultar extraño si se lo compara con etapas anteriores de la vida. Durante la juventud, ampliar el círculo social suele estar relacionado con descubrir experiencias, oportunidades y nuevas formas de pensar.Pero con el paso del tiempo, esa búsqueda puede perder importancia. Las reuniones multitudinarias pueden dejar de resultar tan atractivas y, en cambio, ganar valor una conversación tranquila con un amigo de muchos años, una pareja o un familiar cercano.La psicología tiene una explicación para este fenómeno. No se trataría necesariamente de aislamiento, sino de una transformación en la manera de administrar el tiempo, la energía y las relaciones.Cuando importa más la calidad que la cantidadLa teoría de la selectividad socioemocional, desarrollada por la psicóloga Laura Carstensen, sostiene que cuando las personas perciben el futuro como más limitado, tienden a priorizar objetivos emocionalmente significativos por encima de aquellos relacionados con explorar, conocer gente o acumular nuevas experiencias.Los estudios asociados con esta teoría también encontraron que las personas mayores pueden tener redes sociales más pequeñas, pero mantener una cantidad similar de vínculos emocionalmente cercanos. Cuáles son las características de este comportamiento:Menos contactos periféricos: conocidos, compañeros ocasionales o relaciones sostenidas principalmente por costumbre pueden perder espacio.Más vínculos significativos: las relaciones que ofrecen confianza, afecto y sensación de pertenencia adquieren mayor importancia.El tiempo cambia de valor: cuando el futuro comienza a percibirse como menos ilimitado, aumenta la tendencia a elegir cuidadosamente dónde invertirlo.No significa quedarse solo: reducir la cantidad de personas alrededor no equivale necesariamente a tener menos apoyo emocional. La investigación distingue entre el tamaño de la red y la calidad de los vínculos.Las novedades pueden perder prioridad: conocer personas nuevas y explorar posibilidades sigue siendo posible, pero puede dejar de ocupar el primer lugar entre las motivaciones sociales.La cercanía gana terreno: pasar tiempo con quienes realmente importan puede resultar más satisfactorio que participar en numerosos encuentros sociales.La teoría de Carstensen también plantea que estas prioridades no depende exclusivamente de la edad cronológica. La percepción subjetiva del tiempo disponible puede modificar las prioridades sociales incluso en personas más jóvenes.Cuando el futuro se siente amplio, aumenta la búsqueda de experiencias y conocimientos; cuando se percibe como limitado, adquieren mayor peso las experiencias emocionalmente significativas.Por eso, llegar a los 60 y descubrir que el círculo social se hizo más pequeño no necesariamente representa una pérdida. Puede ser la consecuencia de haber aprendido qué relaciones generan verdadero bienestar y cuáles ya no justifican el tiempo y la energía que requieren.En lugar de contar cuántas personas forman parte de la vida cotidiana, esta perspectiva propone observar quiénes permanecen cerca y qué lugar ocupan esos vínculos. La reducción de la cantidad puede convivir con una mayor profundidad en las relaciones que se conservan.

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