A primera vista, parecía otro de los extraños problemas observados durante décadas entre los ciervos del sitio de Hanford, un lugar que forma parte de la historia nuclear de Estados Unidos. Al principio, los investigadores vieron un ejemplar con pequeñas astas cubiertas de terciopelo y una apariencia que podía confundirse con la de un macho. Pero al mirar detenidamente las fotos se percataron de que, en realidad, era una hembra.Desde hace más de tres décadas, los biólogos observan la población de ciervos en el sitio Harford, que depende del Departamento de Energía. Los estudios permiten analizar el número de ejemplares, su distribución, la proporción entre machos, hembras y crías y determinadas anomalías físicas.En este lugar del estado de Washington, estuvo el Reactor B, inaugurado en 1943 como el primero que produjo plutonio utilizado para elaborar Fat Man, la bomba atómica lanzada sobre Nagasaki, Japón, en agosto de 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial.El reactor siguió en actividad durante la llamada Guerra Fría, hasta 1989. A partir de ese año, gracias a un acuerdo entre el Departamento de Energía (DOE), la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) y el Departamento de Ecología del Estado de Washington, comenzó la limpieza de los desechos nucleares.¿Un macho o una hembra?Una de las tareas consiste en monitorear los ciervos que viven en las inmediaciones. En 2026, los investigadores hicieron cuatro recorridos y contabilizaron 227 ciervos mulos (Odocoileus hemionus). El 53,7% eran hembras adultas, un 15,9% machos y un 18,9% ejemplares sin astas cuyo sexo no pudo determinarse con precisión.El ejemplar que llamó la atención tenía unas astas muy pequeñas, cubiertas de terciopelo. Pero su aspecto general no coincidía con el de un macho, ya que tenía un hocico más largo, un cuello más delgado y ausencia de manchas en las glándulas tarsales. Por eso, los biólogos llegaron a la conclusión de que era una hembra.Aunque podría pensarse en un caso de deformación atribuida a la contaminación radiactiva, el informe del sitio de Hanford descarta esta posibilidad. En cambio, explica que existen casos documentados de hembras de ciervo mulo que desarrollan astas, aunque son poco frecuentes.Los investigadores recuerdan que los problemas de crecimiento de las astas observados históricamente en algunos machos fueron objeto de estudios anteriores. Durante los años 90 se detectaron casos de atrofia testicular y esterilidad en algunos ciervos. Las investigaciones citadas en el informe no encontraron una relación entre esa anomalía y los niveles de contaminación.El informe concluye que los datos obtenidos en 2024 y 2026 son, en términos generales, compatibles con los promedios históricos registrados desde 1995. Desde entonces, tampoco detectaron una tendencia estadísticamente significativa en los máximos de ejemplares observados en las regiones norte y sur del área estudiada.De esta manera, el extraño ciervo fotografiado en 2026 no aparece en el informe como una señal de un deterioro de la población, sino como una rara particularidad biológica descubierta gracias al programa de seguimiento.
Los biólogos del sitio Hanford pensaron que un ciervo inusual se había adentrado en la reserva, hasta que las fotos mostraron que la cornamenta pertenecía a una cierva
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