Llegó a Netflix Un amor posible, el filme coreano premiado en Venecia que quiere ganar el Oscar

Llegó a Netflix Un amor posible, el filme coreano premiado en Venecia que quiere ganar el Oscar

Es casi imposible no pensar en Parásitos a la hora de sentarse a ver Un amor posible, el filme que Corea del Sur envió para competir por el Oscar a la mejor película internacional el año que viene. Ambas películas coreanas reflejan las desigualdades sociales. La de Bong Joon-ho, Palma de Oro en Cannes y Oscar a la mejor película, lo hacía con mucho más humor y un tono satírico que la convirtió en una de las últimas grandes películas previas a la pandemia.Y si en Parásitos eran los pobres los que se aprovechaban de los ricos, metiéndose a vivir en su casa, en la nueva realización de su compatriota Lee Chang-dong, está claro que quien quiere apropiarse de la vida de los pobres son los ricos.O sea, los parásitos son los otros.La excusa argumental se nutre de dos matrimonios, el de la clase baja, compuesto por un obrero, Ho-seok (Sul Kyung-gu) que hace unos años fue despedido de una fábrica metalúrgica, con secuelas que él no está muy dispuesto a revelar, y su esposa Mi-ok (Jeon Do-yeon), que quiere por todos los medios ayudarlo a salir de esta situación de autoencierro y de depresión, que repercute no solo en la pareja, sino también en Cheol, su hijito de diez años.La “ayuda” llega de la mano de Ye-ji (Cho Yeo-jeong, que era también la esposa rica en Parásitos), una documentalista casada con un empresario adinerado (Zo In-sung), que poco a poco va trabando amistad con Mi-ok), a partir de su deseo, sincero, de retratar la vida de un obrero y de su familia en tiempos, como argumenta ella, en los que la Inteligencia Artificial está haciendo estragos en esa capa social.De entrada, todo parece ir sobre ruedas, a excepción de la necedad de Ho-seok, que no quiere saber nada ni con que lo entrevisten, por más que permite que sigan a la familia con una cámara, ni de hacer terapia grupal con otros excompañeros (“hermanos”, los llamaba cunado trabajaban juntos). El hasta había construido un espacio en su casa para recibirlos y juntarse a beber, pero un día antes de invitarlos por primera vez, se desata una huelga en la empresa, con consecuencias inesperadas.Bueno, tal vez para los coreanos, porque por estas tierras lo que sucede -pérdida del trabajo y brutal represión policial- no sorprende a nadie.Además de plantear las diferencias en los matrimonios, mostradas no solamente por el poder adquisitivo de unos y de otros, Un amor posible hace centro en la crisis personal que tienen más los pobres que los ricos. Y llegado un momento, desde el sillón del living -porque Un amor posible, ganadora del Gran Premio del Jurado en el reciente Festival de Venecia y del premio FIPRESCI otorgado por la Crítica internacional, en la Argentina no estrenó en cines sino que llegó directamente al streaming- llegamos a dudar si la directora no está aprovechándose de Mi-ok.Luego nos sacaremos esa duda.Pero el título habla de un amor. ¿Será que la mujer pobre ve con otros ojos al hombre rico?Lee Chang-dong, que no es un cineasta con una filmografía vasta -su anterior realización es Burning, de 2018, sobre la historia corta de Murakami- se toma sus tiempos para contar lo que desea. Quizá dos horas cuarenta y cuatro sea mucho y aleje al público que está acostumbrado a ver un tipo de cine más pasatista, pero no es que Un amor posible sea una película de una narración compleja ni nada que se parezca.“Un amor posible”BuenaDrama. Corea, 2026. Título original: “Ganeunghan sarang”, 164’. De: Lee Chang-dong. Con: Jeon Do-yeon, Sul Kyung-gu, Zo In-sung, Ye-ji. Disponible en: Netflix.

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