Laura Martín viene repitiendo en redes y entrevistas una idea que resume muy bien su forma de explicar las lesiones vocales: “Los nódulos se cocinan a fuego lento, son una patología más crónica”.La frase, difundida en una publicación de Instagram, sirve para desmontar una confusión muy habitual: creer que una ronquera persistente o una voz fatigada son apenas molestias pasajeras. En su planteo, los nódulos no suelen ser el resultado de un esfuerzo puntual, sino de una cadena larga de sobreuso y de señales mal leídas o directamente ignoradas.Ese enfoque encaja perfectamente con otras declaraciones suyas. En una entrevista en Hoy por Hoy Zaragoza, con motivo del Día Mundial de la Voz, explicó: “Vivimos en una sociedad en la que nos gusta hablar, hablar todos a la vez y por encima del ruido”.Y enseguida añadió otra frase que da bastante contexto al problema: “Parece que quien más fuerte habla tiene más razón y eso nos perjudica”.No está hablando solo de cantantes o docentes, aunque los menciona como grupos especialmente expuestos. Está describiendo un modo muy extendido de usar la voz en la vida cotidiana, donde se grita, se compite con el ambiente y se empuja la laringe mucho más de lo necesario.La logopeda también insiste en que el gran error es no tomar en serio los primeros síntomas: “No es lo mismo una pérdida de voz puntual que arrastrar disfonías encadenadas durante meses”.Esa diferencia es clave para entender su frase sobre el “fuego lento”. Una afonía ocasional puede aparecer por un resfriado o por un esfuerzo puntual; los nódulos, en cambio, suelen instalarse cuando la voz viene soportando carga durante mucho tiempo. Por eso, ella misma los ubica en el terreno de lo crónico y no de lo repentino.Martín también desmonta remedios populares. “Los caramelos de menta no ayudan”, dice sin rodeos. Y remata con otra aclaración igual de tajante: “Dan una falsa sensación de alivio. Ni las gárgaras ni una infusión llegan a las cuerdas vocales, porque pertenecen al sistema respiratorio, no al digestivo”.Lo que intenta hacer con esas definiciones es cortar una reacción bastante común: sentir un pequeño alivio momentáneo, volver a forzar la voz y agravar el problema. En su visión, el cuidado vocal no pasa por soluciones mágicas, sino por descanso bien pautado, hidratación constante y bajar el volumen antes de que la lesión se consolide.Por otro lado, defiende los reposos vocales, pero con matices: “Los reposos vocales bien pautados son fundamentales”. No propone callarse durante días sin criterio, sino aprender “cuándo y cómo descansar la voz”. Y suma una advertencia muy precisa sobre el volumen: “El nivel de decibelios es uno de los principales predictores de disfonía”.Para ella, reducir apenas unos decibelios puede marcar una diferencia enorme en el desgaste acumulado. Ahí termina de cerrarse la lógica de su frase principal: los nódulos “se cocinan” lentamente porque la lesión no nace solo del gran esfuerzo, sino también de cientos de pequeños abusos repetidos en el tiempo.
Laura Martín, logopeda: “Los nódulos se cocinan a fuego lento, son una patología más crónica”
Full Article
Original Source
Read the full article at Clarin →KhanList aggregates and links to publicly available news content. We do not host full articles from third-party sources. Always verify important information with original sources.