La reflexión de Allan Kardec que sigue más viva que nunca: “¿Por qué en el mundo los malos tienen tan a menudo más influencia que los buenos? Por la debilidad de los buenos”

La reflexión de Allan Kardec que sigue más viva que nunca: “¿Por qué en el mundo los malos tienen tan a menudo más influencia que los buenos? Por la debilidad de los buenos”

Hay frases escritas hace más de un siglo que todavía parecen describir problemas del presente. Una de ellas aparece en El libro de los Espíritus, escrito por Allan Kardec, y plantea una pregunta directa: “¿Por qué, en el mundo, los malvados ejercen por lo general mayor influencia que los buenos?”. La respuesta también es breve: “Por la debilidad de los buenos”.La frase forma parte de la pregunta 932 de El libro de los Espíritus, una obra publicada por primera vez en París en 1857. La edición consultada para esta nota fue traducida al castellano por Gustavo N. Martínez y publicada por el Consejo Espírita Internacional en 2011, a partir de la segunda edición francesa, considerada definitiva por sus editores.Hay, sin embargo, un detalle importante sobre la autoría de la reflexión. Kardec fue quien recopiló y puso en orden el contenido de la obra, mientras que el libro presenta sus respuestas como enseñanzas recibidas de los Espíritus. La propia edición señala que las respuestas aparecen como textos atribuidos a esas comunicaciones.Por eso, cuando se habla de esta frase como una “reflexión de Allan Kardec”, conviene entenderla dentro de ese contexto. El planteo aparece en una pregunta formulada por Kardec y la respuesta figura en boca de los Espíritus, según el sistema de presentación de la obra.La explicación de la frase está en las palabras que siguen. Ante la pregunta, los Espíritus respondieron: “Los malvados son intrigantes y audaces; los buenos son tímidos. Cuando estos se decidan, lograrán imponerse”.La idea central es sencilla: el mal no tendría una ventaja automática sobre el bien. Su influencia aumentaría cuando quienes consideran importante actuar de acuerdo con determinados principios permanecen callados, dudan o no intervienen frente a quienes sí toman la iniciativa.En ese sentido, la palabra “debilidad” no se refiere necesariamente a una falta de bondad. El punto está en la falta de decisión. Una persona puede rechazar una injusticia, reconocer una conducta dañina o defender una causa justa y, aun así, no hacer nada frente a ella.La frase contrapone dos actitudes. Por un lado, presenta a los “malvados” como personas “intrigantes y audaces”. Por otro, describe a los “buenos” como “tímidos”. Kardec plantea así un problema que excede la conducta individual: qué ocurre cuando un grupo cuenta con buenas intenciones, pero otro grupo actúa con mayor decisión.La frase aparece en el contexto de una reflexión sobre la vida humanaLa pregunta 932 no aparece aislada. Forma parte del Libro Cuarto de la obra, titulado Esperanzas y Consuelos, y del capítulo dedicado a las penas y los goces terrenales. Está ubicada junto a otras preguntas sobre la felicidad, el sufrimiento y las condiciones de la vida en la Tierra.La pregunta anterior, la número 931, plantea por qué las clases que sufren son más numerosas que las felices. La respuesta sostiene que la Tierra es un “lugar de expiación” y vincula la transformación de la humanidad con la construcción de una sociedad basada en el bien y en los buenos Espíritus.Después aparece la pregunta 932 sobre la influencia de los malos. Y, de inmediato, la pregunta 933 aborda los padecimientos morales y menciona el orgullo, la ambición, la avaricia, la envidia y los celos. Así, el fragmento forma parte de una reflexión más amplia sobre las causas del sufrimiento y sobre la responsabilidad humana frente a ellas.La respuesta también coincide con una idea que atraviesa otras partes de El libro de los Espíritus: el progreso moral depende del esfuerzo de las personas. En la obra, la vida humana aparece vinculada a un proceso de perfeccionamiento, y las cualidades morales no se presentan como algo fijo o definitivo.Una frase sobre la acción y la responsabilidadLeída fuera de su contexto religioso o filosófico, la frase puede entenderse también como una reflexión sobre la acción colectiva. No alcanza con considerar que algo está mal. Para que una conducta injusta pierda fuerza, alguien debe ponerle un límite.Esa es la parte más incómoda del planteo de Kardec: la existencia de personas buenas no garantiza por sí sola que el bien tenga influencia. También hace falta decisión. La respuesta incluso anticipa esa posibilidad cuando afirma: “Cuando estos se decidan, lograrán imponerse”.La reflexión, publicada en el siglo XIX, propone así una pregunta que conserva vigencia: ¿qué sucede cuando quienes tienen convicciones positivas prefieren el silencio mientras otros actúan con mayor audacia?No se trata, en la lógica del texto, de afirmar que todas las personas que defienden el bien son débiles ni que todas las personas consideradas malas tienen poder. El planteo es más concreto: la pasividad de quienes podrían actuar permite que quienes sí toman la iniciativa tengan una influencia mayor.Nota generada con inteligencia artificial bajo supervisión y edición humana.

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