La psicología dice que preocuparse por lo que la gente piensa de uno no es una debilidad; los investigadores sostienen que la autoestima es un indicador que evolucionó específicamente para medirla, y que el hecho de que nos moleste el rechazo significa que el instrumento funciona

La psicología dice que preocuparse por lo que la gente piensa de uno no es una debilidad; los investigadores sostienen que la autoestima es un indicador que evolucionó específicamente para medirla, y que el hecho de que nos moleste el rechazo significa que el instrumento funciona

Una crítica puede permanecer dando vueltas en la cabeza durante horas. Quedar afuera de una reunión puede generar dudas que antes no existían. Y descubrir que alguien no tiene una buena opinión de nosotros puede resultar incómodo incluso cuando se trata de una persona con la que apenas existe relación.¿Por qué importa tanto lo que piensan los demás? Una posible explicación fue planteada hace más de tres décadas por un grupo de psicólogos: la autoestima podría funcionar, en parte, como un sistema interno encargado de detectar cuánto somos aceptados y valorados por otras personas.La propuesta fue desarrollada por Mark R. Leary, Ellen S. Tambor, Sonja K. Terdal y Deborah L. Downs en un estudio publicado en 1995 en Journal of Personality and Social Psychology. Los investigadores la denominaron "hipótesis del sociómetro" y realizaron cinco estudios para ponerla a prueba.La teoría que compara la autoestima con un medidorTradicionalmente, la autoestima fue entendida como la evaluación positiva o negativa que una persona hace de sí misma. Leary y sus colegas propusieron observarla desde otra perspectiva.Según su hipótesis, la autoestima actuaría como un "sociómetro": un mecanismo psicológico sensible a las señales que indican si una persona está siendo incluida, aceptada o rechazada por los demás.El planteo parte de la importancia que las relaciones sociales tuvieron para los seres humanos. Para nuestros antepasados, pertenecer a grupos favorecía el acceso a recursos, protección y posibilidades de reproducción. Ser excluido podía tener consecuencias importantes.Por eso, sostuvieron los investigadores, habría resultado útil desarrollar mecanismos capaces de detectar amenazas a esos vínculos. Desde esta perspectiva, una caída de la autoestima funcionaría de manera similar a una señal de advertencia: indicaría que existe un posible problema en las relaciones sociales y podría motivar comportamientos destinados a recuperar la aceptación.Los cinco estudios sobre aceptación y rechazoLeary y sus colegas realizaron cinco investigaciones para analizar distintas predicciones de la teoría.Una de las preguntas era si las personas con mayor autoestima también tendían a sentirse más aceptadas e incluidas. Los resultados mostraron una relación entre ambas variables: quienes tenían una percepción más positiva de sí mismos también solían considerar que los demás los valoraban e incluían.Pero los investigadores querían avanzar más allá de esa correlación. En otros experimentos manipularon situaciones de aceptación y rechazo para observar qué ocurría con la autoestima. Los resultados mostraron que sentirse excluido podía modificar temporalmente cómo los participantes se evaluaban a sí mismos.Un detalle resultó particularmente importante: no todas las formas de exclusión tuvieron el mismo efecto.Por qué el motivo del rechazo cambia la reacciónEn dos de los estudios, los investigadores analizaron qué sucedía cuando una persona era excluida por motivos relacionados con ella y qué pasaba cuando quedaba afuera simplemente por azar.Cuando los participantes interpretaban que habían sido rechazados por razones personales, su autoestima disminuía. En cambio, cuando sabían que la exclusión había sido aleatoria y no decía nada sobre cuánto los valoraban los demás, el efecto no era equivalente.La diferencia reforzó la hipótesis del sociómetro. No sería simplemente "quedar afuera" lo que activa la respuesta psicológica, sino la interpretación de que esa exclusión revela una pérdida de aceptación o valoración interpersonal.Esto ayuda a explicar situaciones cotidianas. Que alguien no pueda asistir a una reunión porque no había espacio suficiente puede generar una reacción distinta a descubrir que todos fueron invitados excepto uno.El resultado objetivo es parecido —no participar—, pero el mensaje social percibido cambia.Por qué necesitar aceptación no equivale a ser débilLa teoría cuestiona una idea frecuente: que a una persona psicológicamente fuerte debería resultarle indiferente lo que los demás piensen de ella.Desde la perspectiva propuesta por Leary, ser sensible a determinadas señales de aceptación y rechazo forma parte del funcionamiento de las relaciones humanas. Eso no significa que todas las opiniones deban tener la misma importancia.El propio modelo fue desarrollado posteriormente para hablar de "valor relacional": cuánto percibe una persona que alguien considera importante mantener una relación con ella. Las señales procedentes de familiares, parejas, amigos o grupos relevantes pueden tener un significado muy diferente de la opinión de un desconocido.También existen diferencias individuales. Algunas personas son especialmente sensibles al rechazo y pueden detectar amenazas incluso ante señales ambiguas.

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