Los hijos adultos que llaman a sus padres únicamente cuando tienen algo importante que contar no necesariamente son distantes. Según la mirada de expertos en psicología, muchas personas crecieron en hogares donde el teléfono se utilizaba para transmitir novedades, resolver cuestiones prácticas o comunicar algún problema, pero no para conversar sin un motivo concreto.Esa costumbre puede mantenerse con los años. Una oferta laboral, una mudanza o un compromiso sentimental parecen razones suficientes para levantar el teléfono. En cambio, contar una anécdota del día o compartir algo gracioso puede parecer innecesario.Una costumbre que se aprende en la infanciaEstas conclusiones surgen de un artículo publicado por el sitio Bolde. En algunas familias, las llamadas eran breves y estaban orientadas a intercambiar información. Aunque hubiera cariño, las conversaciones espontáneas y prolongadas no formaban parte de la dinámica habitual.Los expertos en comunicación denominan "orientación hacia la conversación" a las diferencias en la manera en que las familias comparten pensamientos y experiencias. Mientras algunos hogares fomentan el intercambio cotidiano, otros priorizan las novedades y los asuntos prácticos.Quienes crecieron con esta última modalidad pueden llegar a la adultez convencidos de que necesitan tener algo relevante para contar antes de comunicarse. Incluso una anécdota divertida o un detalle insignificante de la jornada queda afuera de la conversación.El científico del comportamiento Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, estudió qué sucede cuando las personas se ponen en contacto con otras. Sus investigaciones señalan que solemos subestimar cuánto puede significar ese acercamiento para quien recibe la llamada.Los padres también pueden esperar un motivoLa costumbre puede repetirse entre generaciones. Cuando un hijo llama inesperadamente, su madre o su padre puede preguntar si ocurrió algo malo. Esa reacción refleja una dinámica aprendida: si el teléfono sonaba sin aviso, era habitual que hubiera un problema o una noticia importante detrás.El resultado es que ambos pueden extrañar el contacto cotidiano, pero ninguno se comunica porque siente que no tiene nada relevante que decir.La distancia también afecta lo que los padres conocen de la vida de sus hijos. Pueden enterarse de un ascenso o de la compra de una casa, pero desconocer las pequeñas experiencias que forman parte de la rutina, desde una situación graciosa hasta una preocupación relacionada con el trabajo.Una investigación de Kfir Ifrah y Frieder Lang, que siguió a más de mil adultos jóvenes en dos países, encontró que la frecuencia de las llamadas telefónicas predecía la cercanía con madres y padres con más fuerza que las visitas presenciales o los mensajes digitales.Además, una encuesta del Pew Research Center reveló que el 36% de los padres de adultos jóvenes consideraba que se comunicaba con sus hijos menos de lo que le gustaría. Entre los padres varones, la proporción llegaba al 44%. Esto no significa que exista una obligación de llamar todos los días ni que el contacto frecuente garantice una buena relación.Sin embargo, se plantea una diferencia importante: una llamada no necesita contener un anuncio, una novedad o un problema para tener sentido. A veces, compartir una anécdota cotidiana y escuchar la voz del otro es motivo suficiente para comunicarse.
La psicología dice que los hijos adultos que solo llaman a sus padres cuando tienen noticias no son distantes, sino que fueron criados para creer que una llamada telefónica necesitaba un motivo y nadie les dijo jamás que ellos eran el motivo
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