Revisar varias veces un mensaje antes de enviarlo, consultar a otras personas sobre una decisión que ya tenemos tomada o buscar en los demás una señal de aprobación después de expresar una opinión. Son comportamientos cotidianos que pueden parecer simples gestos de consideración.Sin embargo, detrás de algunas de esas conductas puede esconderse una necesidad más profunda: depender de la reacción ajena para sentir que estamos haciendo lo correcto. Un artículo publicado en el sitio de estilo de vida Bolde plantea que esa búsqueda de aprobación no siempre responde a una característica de la personalidad.El texto sostiene que muchas personas aprendieron a necesitar la aceptación de los demás desde pequeñas, sin que nadie tuviera que explicárselo directamente. El hábito se habría formado a partir de las respuestas que recibían ante determinados comportamientos.La clave para modificarlo, según el texto, no consiste en volverse indiferente a lo que piensan los demás. Se trata de advertir cuándo estamos buscando información y cuándo, en realidad, necesitamos que alguien nos dé permiso para confiar en nosotros mismos.El artículo recupera las ideas de Anthony De Mello, autor del libro Stop Fixing Yourself, quien describe la búsqueda de aprobación como una programación que puede instalarse durante la infancia. No necesariamente a través de una enseñanza explícita, sino mediante las reacciones del entorno.Por ejemplo, un chico recibe elogios cuando obtiene buenas calificaciones o cuando se comporta de una manera que satisface a los adultos. En cambio, cuando dice algo que genera malestar, percibe un cambio en el ambiente. Con el tiempo, puede asociar la aprobación con la tranquilidad y el rechazo con la sensación de haber hecho algo mal.También menciona al terapeuta Richard Brouillette, quien relaciona este comportamiento con experiencias infantiles en las que una persona aprende que no es suficiente tal como es. La necesidad de conseguir afecto y reconocimiento puede convertirse así en una forma de compensar esa percepción.Cuando buscar aprobación parece ser simplemente consideraciónEn la adultez, este hábito no siempre resulta evidente. Puede manifestarse al consultar a varias personas antes de tomar una decisión, aceptar una invitación que no nos interesa para evitar incomodar o modificar una opinión según quién esté escuchando.La psicoterapeuta Amy Morin, citada a través de un artículo de Psychology Today, advierte que algunas personas confunden estas conductas con la amabilidad. La diferencia está en que alguien considerado elige adaptarse, mientras que quien necesita aprobación puede hacerlo porque teme lo que sucedería si dejara de complacer. La clave no es la fuerza de voluntad, sino reconocer el hábitoPara De Mello, la respuesta no consiste en dejar de preocuparse por la opinión de los demás. El cambio empieza cuando podemos identificar el comportamiento mientras está ocurriendo: advertir que estamos reescribiendo un mensaje para no parecer difíciles o que aceptamos un plan solamente para conseguir la aprobación de alguien. La diferencia, entonces, está entre escuchar a los demás y necesitar su aprobación para confiar en nuestro propio criterio. Reconocer cuándo ocurre puede ser el primer paso para recuperar una decisión que, en realidad, siempre estuvo en nuestras manos.
La psicología dice que las personas que dejaron de necesitar la aprobación de los demás no se hicieron más fuertes, sino que finalmente se dieron cuenta de que habían sido entrenadas para necesitarla, y ese hecho fue la clave
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