Una comida familiar puede comenzar con una pregunta sencilla y terminar veinte minutos después en una historia llena de nombres, fechas, recuerdos laterales y detalles que nadie había solicitado. Cuando quien habla pertenece a la generación de los baby boomers, es tentador construir una explicación cultural: crecieron en hogares donde a los niños se les pedía escuchar a los adultos, esperar su turno y no interrumpir; ahora, décadas después, por fin ocupan todo el espacio que antes les fue negado.Esa forma de crianza puede ser una parte de la explicación, pero no es la única. Un estudio de Concordia University, de Montreal, analizó a 205 adultos de entre 61 y 90 años y encontró una asociación entre la verbosidad fuera de tema -conocida como off-target verbosity- y las dificultades para inhibir información irrelevante. Cuando ese filtro funciona con menor eficacia, una respuesta puede incorporar detalles que se alejan de la pregunta original.Hablar de más no significa simplemente querer atenciónUn estudio publicado en Frontiers in Psychology fue más allá y distinguió dos funciones relacionadas con la inhibición: borrar de la memoria de trabajo la información que dejó de ser útil y frenar una respuesta que ya no encaja con lo que se está hablando. Cuando los dos fallan al mismo tiempo, una pregunta sencilla puede disparar una cadena de recuerdos difícil de detener.Los adultos mayores disponen además de décadas de información autobiográfica, por lo que una conversación puede activar muchas asociaciones personales. Los propios autores señalan que esa riqueza de experiencias podría contribuir a que aparezcan más datos laterales cuando falla el mecanismo que debería mantenerlos fuera de la respuesta principal.La combinación de ambas cuestiones ayuda a entender el fenómeno. Las normas aprendidas durante la infancia pueden influir en la manera en que una persona se relaciona y ocupa el espacio en una conversación, mientras que los cambios asociados con la edad pueden dificultar el filtrado de recuerdos e información. Así, una pregunta sencilla puede terminar en una historia mucho más larga de lo previsto.
La psicología dice que las personas nacidas entre 1946 y 1964 que hablan demasiado en la cena no están monopolizando la mesa; la generación criada con el lema "ver pero no oír" pasó una infancia esperando un turno que nunca llegó
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