La psicología dice que bostezar cuando vemos a otro hacerlo disminuye con la edad y no estaría ligado a la empatía: un estudio de Duke encontró que no siempre está asociado con el cansancio y los niveles de energía

La psicología dice que bostezar cuando vemos a otro hacerlo disminuye con la edad y no estaría ligado a la empatía: un estudio de Duke encontró que no siempre está asociado con el cansancio y los niveles de energía

Basta con ver a alguien bostezar para que muchas personas sientan de inmediato la necesidad de hacer lo mismo. Incluso leer repetidamente la palabra “bostezo” puede producir una sensación parecida.Durante años se propuso que esa capacidad de contagio estaba relacionada con la empatía. La hipótesis parecía atractiva: cuanto mayor fuera nuestra facilidad para conectarnos con el estado de otra persona, mayor sería la probabilidad de imitar de forma involuntaria su bostezo.Un estudio, sin embargo, puso en duda esa explicación. Alex Bartholomew y Elizabeth Cirulli, del Centro de Variación del Genoma Humano de la Facultad de Medicina de la Universidad Duke, reclutaron a 328 adultos sanos. Cada participante observó durante tres minutos un video con personas bostezando y registró cuántas veces bostezaba mientras lo veía.Además, completaron pruebas cognitivas y cuestionarios diseñados para medir empatía, contagio emocional, cansancio, patrones diarios de energía y otras características.La edad fue la única variable que destacóDe las 328 personas, 222 bostezaron al menos una vez durante el video. Algunas no lo hicieron nunca y otras llegaron a bostezar hasta 15 veces.La susceptibilidad resultó bastante estable: cuando una persona era propensa o resistente al bostezo contagioso, tendía a mostrar un patrón parecido en distintas sesiones.Pero al comparar esa variación con los demás datos apareció una sorpresa. Una vez considerada la edad, los investigadores no encontraron una relación significativa con empatía, inteligencia, hora del día, somnolencia ni niveles de energía.La única variable independiente que mostró una asociación clara fue la edad: a medida que aumentaba, disminuía la probabilidad de bostezar por contagio. Incluso ese resultado explicaba muy poco.La edad representó solo alrededor del 8% de la variación entre las personas. Es decir, la mayor parte de la diferencia seguía sin explicación.Esto no demuestra que empatía y bostezo jamás tengan relación. Otros estudios, entre ellos uno realizado durante un año con 109 adultos y publicado en 2011 en la revista científica PLOS ONE, encontraron que el bostezo contagioso era más frecuente entre familiares que entre amigos, conocidos y desconocidos. Sin embargo, una revisión de investigaciones publicada en 2017 en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews concluyó que la evidencia sobre la relación entre el bostezo contagioso y la empatía seguía siendo inconsistente y no concluyente.Lo que el trabajo de Duke mostró es algo más específico: en esta muestra amplia y bajo estas condiciones experimentales, las medidas de empatía no explicaron por qué unas personas bostezaban más que otras.Tampoco bostezar al ver a alguien hacerlo significa necesariamente estar cansado. El bostezo espontáneo y el contagioso no son el mismo fenómeno. Podemos bostezar por sueño, cambios en el estado de alerta o múltiples factores fisiológicos, pero también puede aparecer una respuesta automática simplemente al observar el gesto de otro.Por eso, alguien que bosteza después de vernos hacerlo no está necesariamente revelando que durmió mal. Y alguien que no lo hace tampoco está demostrando falta de empatía.La respuesta parece ser un rasgo sorprendentemente estable, pero todavía sabemos muy poco sobre aquello que determina sus grandes diferencias individuales.

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