No fue una batalla. Fue una masacre. Más de seis mil hombres de Hamas y la Jihad Islámica se dedicaron durante horas a asesinar judíos. Las víctimas estaban durmiendo, desayunando en el porsche, paseando por los senderos sombreados del kibutz. Desarmados. Claro que fue fácil matarlos.La fantasía lúdica de los judeofóbicos hecha realidad: matar judíos indefensos. A la inversa, el retorno de la pesadilla para los judíos: asesinados como ovejas y esta vez en su propia patria.Los verdugos no se privaron de nada: despedazar niños, violar mujeres, asesinar ancianos. Se dieron todos los gustos y además los festejaron. Las escenas festivas de los hijos de Alá fotografiándose con los rehenes aterrorizados o con los cadáveres de las víctimas son pruebas elocuentes del inspirado humanismo de estos caballeros de la guerra.Exhibiciones de dolor y sangre celebradas, además, por las multitudes que en la Franja de Gaza salieron a la calle a disfrutar del espectáculo. El festín de sangre fue completo. No hubo daños colaterales. Fueron a matar y mataron. Sin compasión, sin piedad. Desde las seis de la mañana hasta por lo menos las cuatro de la tarde tuvieron luz verde.Los kibutz levantados a pocos kilómetros de la frontera son verdaderos oasis en medio del desierto. Casas sin muros, sin rejas. Árboles. Muchos árboles y flores. Palmeras, pinos, olivos. Senderos para caminatas, paseos en bicicleta. Plazas y parques para niños. El kibutz para un judío es algo más que una chacra. Es el corazón espiritual de Israel. Allí se forjó la cultura del trabajo, el sueño sionista socialista hecho realidad. Allí nació el sabra, el hombre capaz de luchar contra las adversidades de la naturaleza y de la vida. El kibutz es el honor, el orgullo y la tradición más heroica. De allí salió la élite que fundó a Israel: Ben Gurion, Moshe Dayan, Golda Meier, Ehud Barak, Yigal Allon. No se equivocaron los señores de Hamas cuando decidieron golpear aquello que para Israel representa, en términos laicos, lo sagrado.El predio de Reím es un bosque abierto levantado a cuatro kilómetros de la frontera de Gaza y al costado de la ruta 232. Allí más de tres mil jóvenes celebraban el festival de música electrónica de Supernova. A las seis de la mañana seguían bailando.Muchachos y chicas de 18 a 25 años. Haciendo lo que hacen los muchachos y las chicas en un festival en cualquier parte del mundo. Bailar, reírse, enamorarse. Todo empezó con señales de luz en el cielo. Creyeron que eran fuegos artificiales cuando en realidad eran señales del infierno. Después vieron los parapentos y los paramotores. Y en el acto las ráfagas con fusiles automáticos. Valerosos combatientes.Matando a chicas y muchachos “armados” con una botella de cerveza, un vaso de cartón con vodka. Más de 360 muertos. Baleados sin asco. Cazados como moscas. Los mataron en los autos, los mataron corriendo por el campo, los mataron escondidos en sus refugios. La consigna era matar y matar.No, no fue un combate o una batalla. Fue una orgia de sangre. “Asimetría”. Esa es la palabra que se suele usar para imputar a Israel por poseer más poderío militar que Hamas. Pues bien, aquí la palabra “asimetría” es la que mejor designa en términos realistas lo que sucedió ese fatídico sábado de octubre en las estribaciones del desierto del Neguev.El operativo se planificó minuciosamente. Y para ello dispusieron de recursos millonarios. Armas y dólares donados por Qatar, por Irán, por las conciencias culposas de Occidente. Los jefes de las agrupaciones terroristas calificaron a la jornada como un día glorioso, como una ofrenda a Alá. Nobleza obliga, la mayor autoridad religiosa islámica de la Franja de Gaza condenó el operativo, lo calificó de inhumano, de violatorio de las leyes de la fatwa.Dijo que estos ataques contra la población civil desarmada expone a su propio pueblo a una respuesta masiva y destructiva superior. ¿Premonitorio o lógico? No lo sé, pero en todos los casos Salman al-Dayah habló con el tono de la verdad y, por supuesto, a su fatwa de más de seis páginas los señores de Hamas se ocuparon muy bien en ocultar.A la hora de una evaluación completa, corresponde interrogarse acerca de lo que pasó con los sistemas de defensa de un país como Israel que dispone de uno de los ejércitos y de uno de los servicios de inteligencia más calificados del mundo. Sobre este tema también hay un “ruidoso” silencio.Se sabía, se supo, que desde hacía meses le advertían a las autoridades de Israel que en la Franja de Gaza había preparativos militares inusuales. Por motivos que aún se desconocen estas informaciones se desestimaron.¿Quienes las desestimaron? ¿Los militares? Según se sabe, ningún jefe militar en Israel hace o deja de hacer sin una orden expresa de la máxima autoridad política. Han pasado tres años de la tragedia y aún no hay explicaciones definitivas. ¿Cómo no lo vieron los que disponen de la vista de un lince? ¿Cómo no los escucharon?¿Cómo demoraron tantas horas en llegar en un país donde todo queda cerca? Yo no tengo respuestas a estos interrogantes, pero me da la impresión que quienes deberían tenerlas o no las tienen o las callan. Este mes hay elecciones en Israel. Una buena ocasión para que se discuta lo que pasó y por qué pasó. Se discuta y se investigue.
La masacre del 7 de octubre de 2023
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