La intensidad de Hindú, ganador del “clásico moderno”, va más allá del partido: “Aguantamos al final y... Perdón, no puedo más”

La intensidad de Hindú, ganador del “clásico moderno”, va más allá del partido: “Aguantamos al final y... Perdón, no puedo más”

1 de noviembre de 202600:166 minutos de lectura'Pascal Senillosa alzado en los festejos de Hindú tras la clasificación para la final del Top 14 de URBA, lograda con un trabajado 16-12 sobre CASI gracias a una energía desbordante.Pablo ElíasUna relación tormentosa fraguada al calor de los cruces repetidos en instancias definitorias. Una enemistad moderna, hija de este siglo. Desarrollada junto a la modalidad de torneos instaurada, con etapa clasificatoria y playoff. Que, al correr del tiempo, comenzó a generar distintos hábitos en los simpatizantes, exacerbó el folclore tribunero –bien entendido y simpático–, y fue fogoneando la pasión, también. Entonces, llegar a la postemporada se convirtió en un objetivo, y acompañar al equipo, una “obligación”. Por aquello del sentido de pertenencia, de animar una fiesta única, como son estos partidos cruciales, de semifinales, de cuartos de final –cuando se programaban– o la mismísima final.Del roce de tantos encuentros decisivos se alimentó la rivalidad y, como consecuencia, el duelo se transformó en un “clásico moderno”. Un clásico fuerte, como el del CASI con el SIC, el de Alumni y Belgrano, o el de Champagnat y Newman (mencionados por estricto orden alfabético). Parecido y, a la vez, distinto a ellos. No nació de una escisión ni creció a la par de una historia colegial. Vio la luz por elección. Ellos se eligieron al cabo de tantas contiendas protagonizadas. Y es un clásico caliente en las tribunas, tenso dentro de la cancha. Con cantos más acordes con la popular futbolera que al fraternal clima del rugby. Así ha sido casi siempre. Cargadas y dedicatorias, sí, faltas de respeto y groserías, lamentablemente, también, pero en ocasiones contadas y específicas. En este último sábado de octubre, soleado y de temperatura apacible, se vivió un capítulo más de la animosidad “Cebra-Elefante”. Y con un premio especial para el vencedor: llegar a la definición del certamen y dejar a un costado al enemigo íntimo.La alegría de los jugadores de Hindú contrasta con la desazón de CASI; hubo un solo try en una semifinal de mucha lucha y pareja.Pablo ElíasAl cabo de un partido sin vuelo, pero nervioso y sin resolución hasta dos minutos después de cumplido el tiempo reglamentario, festejó Hindú. Profunda emoción rodeó la celebración del equipo de Don Torcuato. Franco Diviesti, un pilar del triunfo, tenía los ojos mojados. Se pasó la mano, corrió la emoción y confesó para LA NACION: “Lo que se vivió acá fue una locura… No lo puedo explicar… Tenemos un club… Se vio en el final del partido, cuando hubo que aguantar la venida del CASI. ¿Si tiramos la chapa a la cancha? No. Nosotros jugamos todos lo partidos del año igual, minuto a minuto. Venimos a disfrutar”. Carlos Repetto, otro gladiador del finalista, con un hilo de voz, agregó: “Fue muy duro… Aguantamos al final… Y… Perdón… No puedo más”. Respiró, tomó aire, soltó una sonrisa y completó el concepto: “Acá no hay secretos. Es laburar y laburar. Dejar todo por el club, que es nuestra casa”.A sus espaldas, un festival de bañeras y paraguas azules y amarillos tentaba a los jugadores que quedaban dispersos por la cancha, saludando a familiares y amigos. De a poco se fueron sumando a la fiesta y contagiados por el fervor, cantaban: “A volveeer… A volveeer… Al barrio de San Isidro vamo’ a volver”. La referencia es a la llamativa ausencia desde 2023 en los playoff. El Elefante, tocado en su amor propio, juró a lo largo de la temporada que iba a volver al barrio de la alegría, de la definición del título, e Hindú cumplió la promesa. Volvió, ganó y el próximo sábado buscará un nuevo título ante Newman, el mejor equipo del año.Sebastián Cancelliere es tackleado por Joaquín Sáenz de Miera y lo espera Alejo Lavayén; atrás, Nicolás Amaya, miembro de una familia tradicional de Hindú.Pablo ElíasEn la otra punta de la cancha, la más cercana al ingoal que da a la pileta, se palpaba espesa la desazón. Tanto esfuerzo, tanta lucha, tanta dedicación y esfuerzo, para quedar a la deriva en la última pelota. Felipe Hileman lloraba desconsolado en el hombro de un familiar; Juan Bautista Torres Obeid tenía los ojos colorados y vidriosos. A Jerónimo Solveyra le dolía más el alma que el hombro izquierdo, donde recibió un golpe, al inicio del segundo tiempo, que lo obligó a dejar la cancha. Y entre tanta tristeza y frustración, Luis Briatore, el capitán del equipo, se brindó generosamente y reflexionó: “Es una pena, claro. Pero… ¡Qué te puedo decir! Hay que levantarse y seguir intentando”. No hay palabras posibles para levantarle el ánimo al octavo. Ni existen elogios que le dibujen una sonrisa en el rostro marcado por la pesadumbre y la frustración. No obstante, la campaña del equipo ha sido muy buena. No lo entenderá ahora, lo comprenderá cuando baje la amargura. “Sí… Cuando pasen las horas se valorará. No es fácil llegar hasta acá. Y estar en esta instancia es muy bueno para el club. Es una fiesta muy linda”, reconoció.El triunfo de Hindú ante CASIDe fondo seguían sonando los hits de la alegría de Hindú. Iba a volver al barrio de San Isidro y volvió. Ganó, aguantando, sufriendo… Pero ganó… Ganó una nueva edición del clásico moderno. Caliente en las tribunas y tenso dentro de la cancha. El de los enemigos íntimos.Síntesis Hindú 16 vs. CASI 12Por Juan de Dios Vera Ocampo

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