La historia de Jorge Suárez: tres bypass, un doble trasplante de riñón y páncreas, 21 meses sin poder actuar y ahora se luce en calle Corrientes

La historia de Jorge Suárez: tres bypass, un doble trasplante de riñón y páncreas, 21 meses sin poder actuar y ahora se luce en calle Corrientes

Fueron 21 meses sin actuar. “Un montón”, confiesa Jorge Suárez, dueño del extraño privilegio de ser un resiliente de su propio cuerpo. En 2015 le realizaron un triple bypass, y el año pasado, un doble trasplante de riñón y páncreas. Volvió primero como director de Los pilares de la sociedad y desde septiembre conmueve en Visitando al Sr. Green, la obra que protagoniza junto a Facundo Arana y dirige Santiago Doria de miércoles a domingo en el Multiteatro.Nacido en el ‘63, ahora al festejo original por su cumpleaños, el 26 de febrero, le sumó otras dos fechas, el 17 de septiembre y el 9 de junio, los días de sus riesgosas operaciones.Hijo único, casado con Laura Singh, diseñadora de vestuario y artista plástica, papá de Agustín (33 años) y Violeta (de 25), es actor desde los 16 años y tuvo su regreso con gloria, ya que fue nominado Mejor Director Premios ACE y en Visitando… compone a un anciano creíble gracias a su cuidada caracterización -una hora y cuarto de maquillaje antes de cada función- y una metamorfosis corporal notable.Parece que fue ayer cuando en enero de 2025 se despidió de Los mosqueteros del rey. En marzo viajó a Italia y España con Laura para celebrar treinta años de casados, una segunda luna de miel con el amor de su vida, que se interrumpió por una descompensación, atención médica de urgencia en Madrid, y ya en Buenos Aires, seis meses de diálisis y finalmente el doble trasplante.La resiliencia en primera persona-¿Sos creyente? ¿Sentís que alguien te está diciendo: “Quédate un poco más”?-Me parece que hay alguien que se divierte mucho conmigo, que me hace hacer todo esto para que yo siga haciendo lo que hago y no estoy hablando de actuar. Me crié en un hogar donde mi papá (Jorge) no creía en nada más que en el trabajo, en el amor de la familia, en las flores, las plantas y los caballos. Mi madre (Lila) no era católica de ir a la iglesia, pero tenía sus virgencitas y a veces rezaba."Yo sí creo en Dios, soy muy creyente, no de ir a la misa a un horario y cantar canciones religiosas, pero tengo una fe inmensa, la que me sostiene. La resiliencia que tengo debe tener que ver con que valoro mucho la vida. El que no perdió el páncreas no sabe valorar el páncreas. Un viejito que por la edad no puede trasladarse bien cuánto va a valorar el hecho de caminar. 'Si yo pudiera ir hasta la esquina', te va a decir, 'antes podía y no iba'. Siempre terminamos valorando lo que ya no podemos, lo que ya no se da", asume.-O valorar actuar después de casi dos años sin poder hacerlo…-Siempre lo valoré, desde que tengo 16. Son 47 años ya de esta pasión y esta vocación. Y 21 meses sin actuar es un montón. Única vez en mi vida, nunca estuve más de un mes de descanso antes de la temporada de verano. Y pensá que de Europa fui directo a diálisis, me hicieron las primeras cuatro en Madrid y al llegar acá tres veces por semana, cuatro horas durante seis meses y después el trasplante. Y lo que pensaba en la cama mientras estaba completamente enchufado por todos lados, era “¿cuándo podré volver a actuar? ¿Podré volver a actuar? Ojalá que sí, ojalá que pueda”.Y agrega: "Me hicieron un doble trasplante de riñón y de páncreas en el CEMIC. Y estoy muy agradecido porque fue como un milagro, seis meses es muy poco de espera de un donante, hay gente que está ocho o quince años, a todos ellos mi amor y mis fuerzas para que no claudiquen. Cada vez hay más trasplantes y gracias a la Ley Justina todos somos donantes, excepto que uno exprese lo contrario".-¿Cómo atravesaste el después?-Estaba muy sensible los primeros días y una enfermera me dijo: 'Tenés que pensar que esa persona que te donó los órganos no podía seguir usándolos. Y ¿qué mejor que dárselo a alguien que los necesita, que todavía tiene muchas cosas que hacer?'. Ahí me tranquilicé. Ella me sugirió que le pusiera un nombre y le puse Juan Carlos, porque son dos y como son de la misma persona, quería integrarlos con un nombre compuesto. Hace poco tomé conciencia de que salíamos a escena juntos. Entonces le dije: 'Bueno, hoy Juan Carlos con todo, ¡vamos!'. Y él está descubriendo de qué se trata la actuación y yo trato de enseñarle."Lo que me pasó en el 2015 fue algo que se descubrió de casualidad por un problema en una arteria de una pierna y me hicieron tres bypass para prevenir lo que después te generan infartos y esas cosas. Yo fui un gran fumador hasta los 50 y esto me pasó a los 52. Ya no fumaba, pero Walter Rodríguez, gran cardiocirujano, me dijo: 'Esto no fue por la diabetes, fue por el cigarrillo'. Así que cumplo años el 26 de febrero del 63, el 17 de marzo del 2015 y el 9 de junio del 2025.-La pasión está en la actuación, pero también está en el deseo de vivir.-Sí, de vivir y de vivir con mis amores, mi mujer y mis dos hijos. Decía Freud, que lo hice también (en escena), que la salud mental estaba dividida en dos. La mitad es el amor, el encuentro, el estar con alguien y compartir la vida. Y la otra mitad, tener una vocación. Yo me levanté de la cama para dirigir Los pilares de la sociedad y agradecía a Dios que existieran las barandas para poder subir esa escalera que me quedaba después del ascensor, porque estaba recuperándome y todavía no tenía piernas.-¿Qué sentiste al volver al escenario y comprobar que sí podías?-Mucha fragilidad. Te confieso que tuve sueños conmovedores con mi entrada al escenario, frente al público ese día donde están los compañeros, los invitados especiales, los que me vieron nacer como actor. Y fue muy parecido a lo que soñaba y no hace más que colaborar con mi enorme sensibilidad y con mi mar de fondo, que tengo un océano dentro. Me conmueve mucho la vida."Yo fui diabético, insulinodependiente, 37 años de mi vida, desde los 25, es muchísimo. Y la China, el amor de mi vida, desde los 21. Y ahí estamos los dos dando ejemplo de cómo con los obstáculos y con los temores se puede vivir, se puede tener hijos amados, se puede todo", sentencia.-¿Con tu mujer la relación es, como dice “Green” de la suya, treinta años sin un sí ni un no?-Nooo, acá es todo lo contrario. Hay muchos sí, muchos no, muchos no sé, muchos vamos a ver. Somos re apasionados los dos y nos peleamos como locos y nos amigamos como locos también. Es el secreto también. Llevamos muchos años juntos y tenemos dos hijos hermosos. Agustín es actor, director, jefe de casting de cámaras y un escritor extraordinario. Y Violeta es licenciada en Relaciones Internacionales. Los dos heredaron el vivir con mucho amor al lado.-En un par de horas, sobre el escenario, no serás un hombre de 63 años, sino de 80 largos, quizás, tu papá.-Mi papá llegó hasta los 84, pero no tenía estos rasgos que tiene Mr. Green, un poco más anciano, con dificultad para trasladarse, una vejez bastante mal llevada, un carácter “podrido”, cómo diríamos en el barrio, pero a su vez, con esa ternura que hay que escarbar un rato largo para encontrarla. Y, cuando la encontrás, es como me dicen algunos espectadores... da ganas de subir a abrazarme.-Un personaje que en 2005 interpretó Pepe Soriano, también como ahora con Facundo Arana en el rol de Ross Gardiner.-Es una experiencia muy particular, porque yo agarré esta obra porque tenía el prestigio de que la había hecho Pepe. Lo conocí cuando hicimos Volpone en el San Martín en 1995. Yo lo llevaba hasta la casa en Colegiales, que era de paso a la mía, y en el camino hablábamos de todo, de su familia, y me decía: 'Quiero llegar a los 15 de mi hija, quiero llegar estupendo'. Y llegó, por supuesto. Nos quisimos mucho, aparte del respeto que le tenía como actor. Y cuando me enteré que iba a estar Facundo me puse contento, porque con él hice Pequeña Victoria (por Telefe), casi no teníamos escenas juntos, pero en los pasillos no importa con quién te toca trabajar, ahí somos todos amigos. Es una persona encantadora y muy generosa, también me la mandó Dios.De la bacha al Polaco-De tus padres aprendiste el rigor del trabajo diario en el Morocco, nada que ver con la disco vanguardista de los 90.-¡Nooo! El nuestro es otro, pero nos hemos divertido en ese Morocco, también. Yo nací en Padilla y Acevedo, Villa Crespo, en el Morocco, un bodegón donde se le daba de comer a 300 cubiertos por mediodía, desde las 11 hasta las 16.Cuenta que "mi mamá era la cocinera y mi papá atendía el salón. En las épocas de más gente había cinco mozos porque los turnos eran rápidos, se levantaba una mesa y se armaba otra y así. La gente paraba media hora a comer, era cuando había muchos talleres de costura en Villa Crespo, muchas fábricas, mucho de todo lo que ahora no tenemos. Era el rigor del trabajo pero también el de poder crecer a partir del trabajo".-¿Vos ayudabas?-Aprendí a caminar agarrándome de las maderitas del mostrador. Y desde que llegué a la pileta lavaba platos, copas, vasos y tazas. No me acuerdo la edad, seis o siete años, supongo, porque la bacha es alta. Y después fui mozo. Yo iba a la escuela, ¡y no paraba desde seis de la mañana!-¿Cómo llegaste a ser presentador del Polaco Goyeneche?-¡Qué honor! Yo ya era actor y un día de 1990 vino un productor, primo de un amigo, que me recomendó porque antes de Green yo ya hacía un judío extraordinario. Me ofreció ser el presentador y el humorista del espectáculo de Goyeneche, en El Berretín, en San Telmo. Le dije que no, porque ¿cómo voy a hacer un judío en un café de noche con el Polaco?Y sigue: "Le expliqué que el problema es que no era humorista, le dije 'Yo actúo y si el personaje que tengo que actuar provoca humor lo provocaré, pero si no, no'. Entonces él inventó toda una historia para que yo actuara de presentador e hiciera un monólogo de diez minutos con mi personaje de Samuel. Lo hice seis meses, fue una experiencia hermosa, no sabés el amor que le tomó el Polaco a ese personaje y yo a él, porque amo el tango con locura. Después lo presenté con el Quinteto Real en el Astral, un gran orgullo.-En los 90 empezó otro mundo para vos que venías del teatro “serio”. ¿“Calabromas” fue lo primero que hiciste en la tele?-Lo primero que hice fijo. Antes había hecho algunos bolos. Pero mirá qué loco esto de interpretar a un judío con Goyeneche y ahora en Green, cómo es algo que me marca a lo largo de la vida. Yo hacía “el judío” en la esquina del Conservatorio porque los chicos me lo pedían y lo terminé haciendo con Juan Carlos Calabró en el ‘92, reemplazando a Marcos Zucker. Fue Iliana, que me conocía del Conservatorio, quien me recomendó. Para mí era una cosa rara. Fui a verlo, divino, y me atendió muy bien. Se ensayaba dos veces por semana, se grababa al tercer día y había un coro de risas, que para mí era como hablar en otro idioma.-¿Tuviste algún prejuicio por tratarse de una actuación más “liviana”?-No, para nada. El hecho de aprenderte una letra de un día para el otro, de dos días para grabar, de tener que estar bien y de tener un cómico enfrente muy exigente, en donde nadie se podía equivocar porque si no había que grabar todo otra vez, te daba oficio. Era un sistema nuevo que aparecía en mi vida. Después llegó Polka, lo primero fue Poliladron.Mi hijo el doctor-Y pensar que todo empezó por casualidad…-¡Totalmente! Yo no sabía nada de actuar hasta los 16, cuando una profesora me paró en el patio del Manuel Belgrano, el Nacional 6, y me dijo: “Suárez necesitamos que actúes en una obra que vamos a dirigir”. Era la época de la dictadura, una época muy dura, así que actuar era como una liberación y yo, con tal de escaparme de alguna materia para ensayar, era feliz. La primera obra que hice en mi vida fue El emperador de la China, de Marco Denevi, y duró dos años, cuarto y quinto de la secundaria."Y después iba a ser médico. Mamá me decía: 'Jorgito, médico ¡con todos los médicos que hay!'. Y cuando se enteró que iba a ser actor: 'Pero ¿no me dijiste que ibas a ser médico?'. Igual di el examen de ingreso a Medicina porque mis padres habían pagado el curso por adelantado para que me preparara durante todo quinto año. Rendí sin saber nada, porque había abandonado el curso a los dos meses sin que ellos supieran.-¿Reprobaste?-¡Claro! El mismo día me dieron el resultado de la Facultad, un horror, y el del Conservatorio Nacional Arte Dramático, donde entré con 10.-¡Qué sorpresa se habrán llevado tus padres!-Entré a casa y ahí le dije: 'Papá, yo quiero ser actor, no médico'. ‘Bueno, hacelo, pero hacelo bien'. Y así fue. Mis padres me vieron mucho. Papá llegó a verme recibir el Trinidad Guevara como actor protagónico (por Mein Kampf) y ¡se le caía la barba de la alegría! Y mi madre tenía algo de ingenuidad también, que me emocionaba mucho, porque cuando hice Rápido nocturno con Ulises Dumont y Alicia Zanca, un estreno de Mauricio Kartun en el San Martín, al salir me dijo: 'Hijo, no quiero que sufras así'. Le contesté: 'Mami, yo no sufro nada, yo disfruto como loco'.-¿Qué te falta hacer?-Por ahí todavía no lo descubrí. Sí tengo claro siempre lo que no quiero. Si me hacés una propuesta y yo sé que no, no me preguntes por qué es no, pero es no. Prefiero mil veces hacer algo que me apasione, que me guste, que me conmueva. Yo tengo miles de motivos para llorar por los rincones, como tenemos todos, pero elijo la parte de la alegría, del conmoverme, de la lucha, de sentir que vale la pena. Soy un privilegiado que honra y ama la vida.

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