Alguien deberá explicarles a esos 55.000 hinchas que colmaron la Bombonera que este triunfo no entrega una copa, que todavía quedan partidos, viajes y finales por delante. A ver quién se anima. Boca vivió su propia fiesta de campeonato, con River dentro de la cancha, obligado a escuchar, a correr detrás de la pelota y a mirar cómo su rival disfrutaba de un Superclásico que pareció resuelto mucho antes del final. El triunfo dejó una diferencia que el 1-0 no alcanza a explicar. En la cancha, en las tribunas, en los gestos de unos y otros, la distancia fue mucho mayor.Con Leandro Paredes como patrón, con Milton Delgado quitándole la pelota al que se le cruzara y con Lautaro Di Lollo poniendo la cabeza donde tantos sueñan con ponerla alguna vez, Boca se llevó el clásico y encendió todavía más la ilusión por todo lo que todavía puede ganar. En nueve partidos, el equipo de Rodolfo Arruabarrena puede sumar cinco títulos: la Tabla Anual, el Clausura, la Copa Sudamericana, la Copa Argentina y el Trofeo de Campeones.Todo Boca celebra frente a sus hinchas, mientras River deja la cancha cabizbajo y hundido en un presente lleno de dudasManuel CortinaLa imagen del final resumió la tarde. Los futbolistas de River caminando hacia el túnel con la cabeza baja, mientras la Bombonera seguía cantando contra ellos. Los de Boca se quedaron en el campo, con los brazos en alto, frente a su gente, prolongando ese abrazo entre el equipo y la popular. Boca ganó su tercer Superclásico consecutivo, una racha que no conseguía desde 1991, el año en que empezó a construir la ventaja que hoy estiró a siete partidos en el historial.Es una victoria que vale más de tres puntos, aun cuando Boca está por definir el título de la Tabla Anual a falta de una fecha. Otra muestra de carácter de un equipo que se recuperó con Rodolfo Arruabarrena y ahora va por todo. El mismo Boca que comenzó el año con un interinato de Claudio Ubeda que se extendió más de la cuenta y quedó eliminado de manera increíble contra Universidad Católica en la primera rueda de la Libertadores mientras River preparaba la final del campeonato contra Belgrano. Ahora los papeles se dieron vuelta.En el clásico de los campeones del mundo, el que mandó fue el único que vestía de azul y amarillo. Paredes jugó, ordenó y entendió cada momento, incluso cuando hubo que recurrir a la picardía para provocar la amarilla de Marcos Acuña o encender la cancha con un robo, un pase de tres dedos o, incluso, alguna simulación. Ganó los tres Superclásicos desde su vuelta y volvió a ser decisivo. “Hicimos un partido mucho más inteligente que River. Uno sueña con este tipo de triunfos, les dije a mis compañeros que íbamos a vivir algo único. Se ganó un partido importante, pero no hemos conseguido nada, estamos a un paso”, dijo el capitán.Boca salió a jugar convencido de que el clásico volvería a quedarse en casa. Si tantas veces se dice que en estos partidos no importa cómo llega cada uno, esta vez las diferencias también se trasladaron a la cancha. La expulsión de Lucas Martínez Quarta, a los diez minutos, le abrió el camino, pero hubo mérito para forzarla: el quite de Leandro Lozano a Tobías Andrada en la mitad, el toque de primera de Santiago Ascacibar y la corrida de Miguel Merentiel, que se iba hacia el arco.Momento clave: Lucas Martínez Quarta baja a Miguel Merentiel y ve la roja; desde entonces, Boca fue amo y señor del SuperclásicoLUIS ROBAYO - AFPEl gol fue de Di Lollo, el pibe de 22 años que ya superó los 90 partidos en Primera y tiene una cuenta propia frente a River: ganó los tres clásicos que jugó de titular, todos con el arco de Boca en cero. En el otro, el del Apertura 2025, había entrado por Marcos Rojo y casi encuentra el 2-2 con un cabezazo que sacó Franco Armani sobre el final.Desde el triunfo en Avellaneda, entre los hinchas y dentro del plantel habían empezado las cuentas para una eventual vuelta olímpica contra River. Los triunfos de Argentinos y Rosario Central postergaron esa posibilidad. El Canalla quedó a un punto; Argentinos, a tres, con un partido menos y la visita del lunes a Atlético Tucumán pendiente. Boca conserva, además, una ventaja de seis goles sobre los rosarinos y de 11 sobre el equipo de La Paternal. Le queda Defensa y Justicia y podría consagrarse incluso sin ganar, según los otros resultados. La última fecha, que se jugará entresemana por la visita del Papa, todavía espera días y horarios. Y el Xeneize depende de sí mismo.A Boca le salió casi todo. Hasta Gonzalo Montiel terminó siendo parte de las cargadas, y cuando Nicolás Ramírez lo expulsó por una entrada sobre Lautaro Blanco, la Bombonera explotó otra vez. La roja fue discutible: minutos antes, Blanco había cometido una falta similar sobre Tobías Andrada y solo había recibido amarilla. El árbitro tuvo una tarde con vaivenes y Boca también salió favorecido. River terminó con nueve y con toda la cancha en contra.Arruabarrena vivió el partido al borde del campo, reclamando fallos, alentando a sus jugadores y dando indicaciones aun cuando el equipo parecía necesitar pocas. También él se debía una tarde así frente a River. Las eliminaciones coperas marcaron su primera etapa y el gas pimienta quedó pegado a aquel paso por Boca, incluso después de ganar dos títulos. Esta vez volvió a tener a Leonardo Ponzio enfrente, ahora en el otro banco, y se quedó con un triunfo claro, de esos que no dejan demasiado para discutir.Rodolfo Arruabarrena vivió el partido con intensidad; River había marcado su primera etapa por las eliminaciones coperasGonzalo Colini - La Nación“Podemos jugar mejor o peor, pero siempre vamos a buscar. La primera roja nos sirvió para tener más la pelota, aunque después del 2-0 nos faltó terminarlo. Cuando olés sangre, hay que matar al rival. Tuvimos contras mal manejadas”, contó Arruabarrena. Boca también aseguró su clasificación a la Copa Libertadores 2027, aunque el técnico quiere más: “Ahora hay que salir campeón y todavía nos falta. La clasificación a la Copa es un premio chiquitito para este grupo”.Con él, y un equipo que identifica a sus hinchas con triunfos cada vez más grandes, Boca volvió a sonreír y se dio otro gusto contra el rival de siempre, el que invirtió fortunas y volvió a irse de la Bombonera con las manos vacías. Todavía no levantó ninguna copa, pero contra River ya tuvo su propia fiesta.Lo mejor de Boca vs. RiverPor Leandro Contento
La fiesta fue de Boca: Paredes mandó, River corrió detrás y la Bombonera celebró como si fuera campeón
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