La ciudad más grande de Latinoamérica: imperdibles en arte, historia y gastronomía

La ciudad más grande de Latinoamérica: imperdibles en arte, historia y gastronomía

La primera parada para empezar a desentrañar Ciudad de México está a 9 kilómetros de esta gran urbe, la más grande de Latinoamérica. Se trata de un gran centro de peregrinación: la Basílica de Guadalupe. El santuario se encuentra al pie del cerro del Tepeyac, donde, según la tradición católica, en 1531 tuvieron lugar las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, un indígena nahua. En el conjunto religioso del Tepeyac, también llamado Villa Guadalupe, conviven la antigua basílica de 1709, con la actual, inaugurada en 1976.Estrella HerreraLa iglesia que recibe hoy a las multitudes, sin embargo, tiene apenas medio siglo. Fue inaugurada en 1976 y proyectada por un equipo encabezado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, autor también del Museo Nacional de Antropología y del Estadio Azteca. Su arquitectura moderna, de gran planta circular, tiene el aspecto de un enorme plato volador aterrizado junto a la Antigua Basílica —hoy Templo Expiatorio a Cristo Rey—, una construcción barroca. El contraste parece un montaje. La antigua iglesia, además, muestra una inclinación evidente, consecuencia de los hundimientos del terreno. Por ese motivo, la imagen de la Virgen fue trasladada al nuevo templo, donde hoy se venera. Para verla de cerca, los peregrinos pasan frente a ella sobre cintas transportadoras que mantienen el flujo de visitantes y evitan aglomeraciones. Aquí el tiempo también vale oro.Interior de la Catedral Metropolitana, y la glorieta de Popocatépetl. (Fotos: Estrella Herrera)De regreso hacia Ciudad de México, después de haber pasado por el gran centro ceremonial prehispánico y por uno de los principales santuarios católicos del continente, queda encontrarse con las marcas del choque y la superposición de esos mundos: la conquista. En el Centro Histórico, levantado sobre la antigua Tenochtitlán, edificios coloniales y templos católicos conviven con los restos de la capital mexica. Sobre esa ciudad construida sobre otra volveremos más adelante.La Casa Azul y el Museo AnahuacalliSi se piensa en una mujer mexicana de fama universal, es difícil que no aparezca Frida Kahlo. Artista, militante política y figura convertida también en objeto de consumo, hoy su rostro está en todas partes: remeras, bolsos, tazas y recuerdos. En Coyoacán, sin embargo, Frida sigue estando, literalmente, en su casa. Entrar a la Casa Azul permite acercarse a la mujer detrás del ícono.En náhuatl, Coyoacán suele traducirse como “lugar de coyotes”, y por eso estos animales aparecen una y otra vez en la identidad del barrio. Antes de integrarse a la expansión de Ciudad de México, fue un asentamiento indígena independiente de Tenochtitlán. Tras la conquista, Hernán Cortés se instaló en la zona mientras los españoles comenzaban a levantar la ciudad colonial sobre las ruinas de la capital mexica. Con el crecimiento de la megalópolis, Coyoacán terminó incorporado a la trama urbana. Sin embargo, todavía conserva un aire de pueblo, con calles empedradas, plazas, mercado y antiguas casonas.Tradición y modernidad en las calles de Coyoacán: una catrina, símbolo del Día de Muertos, y dos jóvenes en la Fuente de los Coyotes. (Fotos: Estrella Herrera)Algo de esa intimidad se percibe dentro de la Casa Azul. Allí nació y murió Frida y transcurrió buena parte de su vida. Viajó y vivió temporadas fuera, aunque siempre regresaba a Coyoacán —donde pasó 36 de sus 47 años—, un apego al lugar que ella misma convirtió con humor en “Coyoacatitis”.En esta casa vivió con sus padres y hermanas y también con Diego Rivera. El museo conserva objetos personales, fotografías, obras de arte y la cama con el espejo que su madre mandó colocar sobre ella para que pudiera pintar durante la larga convalecencia posterior al grave accidente de tránsito que sufrió a los 18 años. Inmovilizada durante meses, Frida comenzó allí a pintar. Hoy, sobre esa cama, hay una máscara mortuoria de su rostro.El patio de la Casa Azul, hogar de Frida Kahlo donde vivió con sus padres, hermanas y también con Diego Rivera.Estrella HerreraLos textos del museo recorren una vida marcada por problemas de salud y dolores físicos y emocionales. Aun así, los testimonios de quienes la conocieron y su obra muestran también a una mujer de enorme fuerza y vitalidad. En la Casa Azul se conserva el famoso cuadro de las sandías en el que, poco antes de morir, escribió “Viva la vida”.La relación entre Frida y Diego también dejó su impronta en la casa. En una sala se reproducen videos que los muestran en momentos cotidianos. Se acarician, se besan: él, enorme; ella, singular y elegante. Dormían en cuartos separados. En la habitación de Diego hay dos almohadones bordados por Frida: uno dice “cariño” y el otro, “despierta, corazón, dormido”. Se casaron cuando ella tenía 22 años y él, 42. Fue una relación intensa, atravesada por separaciones, infidelidades, divorcio y un segundo matrimonio.Frida sigue en su casa incluso después de su muerte: sus cenizas descansan en una urna prehispánica con forma de sapo, una figura que suele asociarse con Diego Rivera, a quien ella llamaba cariñosamente “sapo-rana”.En la Casa Azul de Frida Kahlo se conservan sus objetos personales que invitan a imaginar su vida cotidiana. (Fotos: Estrella Herrera)Diego también tiene su museo en Coyoacán. El Museo Anahuacalli es un edificio de piedra volcánica que mandó construir para albergar la enorme colección de piezas prehispánicas que reunió durante su vida. Rivera comenzó a coleccionar objetos desde joven y fue formando un conjunto de decenas de miles de piezas. En una época en que el coleccionismo privado de antigüedades prehispánicas era habitual, sostenía que conservarlas en México ayudaba a evitar su salida al extranjero. Su proyecto buscaba, además, dar acceso público a ese patrimonio y ponerlo en diálogo con el arte mexicano moderno: imaginó un espacio artístico, no simplemente un museo arqueológico.Rivera murió en 1957, cuando el Anahuacalli todavía estaba en construcción. El museo abrió sus puertas en 1964. Hoy se exhibe una selección de la colección, con figuras religiosas, esculturas y objetos de uso cotidiano. Rivera encontraba en esas formas antiguas elementos que luego reaparecían en su propio lenguaje plástico. Esa relación puede verse también en los bocetos de murales expuestos en el museo: primeros pasos de imágenes que después ocuparían edificios históricos de la ciudad y sumarían otra capa a su paisaje.En los jardines de la Sala Maya del Museo Nacional de Antropología se encuentra una reproducción exacta del Palacio Principal de Hochob, Campeche. (Foto: Estrella Herrera)Un bosque con historiasEl Museo Nacional de Antropología se encuentra en medio del gigantesco pulmón verde del Bosque de Chapultepec. Uno podría pasar días explorando allí las distintas culturas prehispánicas de México. Si el tiempo es limitado, conviene concentrarse en la sala mexica: permite entender mejor a la civilización que fundó Tenochtitlán, la ciudad sobre la que después crecería la capital actual.Al entrar, el Paraguas es uno de los grandes golpes visuales del edificio: una enorme cubierta suspendida sobre el patio y sostenida por una única columna central. El agua cae por sus bordes y convierte el techo en una fuente monumental. La columna está revestida por un relieve de bronce que recorre distintos momentos y símbolos de la historia mexicana, desde el mundo prehispánico hasta el México moderno.El Paraguas, una fuente monumental revestida por un relieve de bronce que recorre distintos momentos y símbolos de la historia mexicana, en el Museo Nacional de Antropología.Estrella HerreraLa sala mexica reúne piezas vinculadas con la religión, la vida cotidiana y la organización política de esa cultura. Muchas aparecieron durante obras realizadas en el Centro Histórico, construido sobre las ruinas de Tenochtitlán. La famosa Piedra del Sol, un monolito circular tallado que condensa una compleja concepción del tiempo y del universo, fue descubierta en 1790 en la Plaza Mayor. La arqueología de la antigua capital continúa activa: los hallazgos siguen completando y modificando el conocimiento sobre la ciudad enterrada bajo la actual.Para salir hay que volver al patio central del Paraguas, donde un estanque evoca el gran lago sobre el que se levantaba Tenochtitlán, surcado por calzadas y canales. Desde allí se leen también frases inscriptas en las paredes del museo. Una de los Cantares de Huexotzinco, poesía náhuatl del siglo XVI, deja una pregunta que resuena después de recorrer las salas: “¿Sólo así he de irme? ¿Como las flores que perecieron? ¿Nada quedará en mi nombre? ¿Nada de mi fama aquí en la tierra?”.El Paseo de la Reforma y el Ángel de la Independencia desde la terraza del Castillo de Chapultepec. (Foto: Estrella Herrera)La historia mexicana continúa dentro del bosque, en el Castillo de Chapultepec, hoy Museo Nacional de Historia. El edificio tuvo distintos usos a lo largo de los siglos y fue, entre otras cosas, residencia imperial durante el Segundo Imperio y residencia presidencial hasta 1939. Además de las salas palaciegas, alberga importantes murales, entre ellos “Del porfirismo a la Revolución”, de David Alfaro Siqueiros. La vista merece la subida: desde allí se aprecia la dimensión del bosque y el trazo largo y recto del Paseo de la Reforma, con el Ángel de la Independencia enmarcado entre las torres de vidrio de la Colonia Juárez.Al bajar de las alturas palaciegas y caminar por la avenida Heroico Colegio Militar aparece el México popular de hoy. Entre los muchos puestos hay retratistas que capturan las facciones de los paseantes en pocos minutos. También llaman la atención las vinchas con pequeños monos de peluche que lanzan agua, una ocurrencia comercial vinculada al zoológico que se volvió parte del paisaje del bosque. El viajero de paladar valiente puede completar la experiencia con unos chapulines tostados, el tradicional snack de saltamontes.Chirimoya, con su característica piel de escamas protuberantes. Chapulines tostados, el clásico snack de saltamontes. (Fotos: Estrella Herrera)Chapultepec es realmente enorme: tiene más de 800 hectáreas repartidas en cuatro secciones. En la segunda, menos transitada, hay una joya poco visitada que vuelve a conectar arte, historia y ciudad: la Fuente de Tláloc, realizada por Diego Rivera a comienzos de la década de 1950. La enorme figura representa al dios mesoamericano del agua y está cubierta de mosaicos de colores. Fue concebida para apreciarse especialmente desde arriba, aunque una escalera permite ganar altura y aproximarse a esa perspectiva.La fuente formaba parte de una gran obra hidráulica destinada a abastecer de agua a Ciudad de México. Rivera unió arte prehispánico e ingeniería moderna con un mural realizado en el interior del Cárcamo de Dolores, la estructura por la que circulaba el agua. La obra estuvo originalmente en contacto con el agua y ese funcionamiento aceleró su deterioro. Con el tiempo, el sistema fue modificado para preservarla. Hoy una instalación sonora contemporánea recupera, mediante vibraciones y sonidos, la presencia del agua que continúa circulando cerca aunque ya no cubra el mural.En el Museo Jardín del Agua se puede encontrar este mural realizado por Diego Rivera en 1951, titulado "El agua, origen de la vida".Estrella HerreraPolanco, Condesa y RomaA Ciudad de México y su hojaldre de historia no le faltan espacios donde asoman lo moderno y lo contemporáneo. Distinguido y cosmopolita, al norte de Chapultepec, Polanco combina calles arboladas, grandes casonas de estilo colonial californiano, edificios contemporáneos espejados, hoteles de lujo y embajadas. En la avenida Presidente Masaryk, restaurantes de alta gama conviven con algunas de las boutiques más exclusivas del mundo: Cartier, Louis Vuitton, Hermès, Tiffany… Muchas calles del barrio llevan nombres de figuras de la cultura occidental: Sócrates, Platón, Aristóteles, Newton, Galileo, Homero y Molière, entre otros.Artesanía de hojalata de un corazón sagrado en el Mercado de la Ciudadela. Vendedor de bonsáis en el Barrio Condesa. (Fotos: Estrella Herrera)En este contexto aparece el Museo Soumaya, con una colección tan llamativa como su arquitectura: una enorme forma escultórica, asimétrica y curva que parece girar sobre sí misma. Recubierto por miles de placas hexagonales de aluminio, el edificio produce un efecto cambiante según la luz. En su interior se despliega la colección de Carlos Slim, con arte mexicano y europeo de distintas épocas. Entre tantas referencias locales, resulta un paréntesis recorrer salas con obras del Renacimiento, el Barroco y las vanguardias, además de una extensa colección de Auguste Rodin.Un vendedor de globos en el Parque México, en la colonia Condesa, con el Foro Lindbergh al fondo.Estrella HerreraSi se quiere pasar un día al aire libre, la Condesa es una colonia —se denomina en México a muchos barrios o sectores urbanos— ideal para caminar: residencial, arbolada y llena de cafés. Uno de sus rasgos más característicos es el trazado. A comienzos del siglo XX funcionó allí el Hipódromo de la Condesa, y la actual avenida Ámsterdam sigue el circuito de la antigua pista: una gran elipse convertida en bulevar arbolado.Entre sus calles sobreviven notables edificios art déco que combinan líneas curvas y rectas, como el Edificio Basurto y el San Martín, ambos frente al Parque México. Este espacio verde, inaugurado en 1927, ocupa parte de los terrenos del antiguo hipódromo y conserva su papel como corazón social de la Condesa. Un sábado, alrededor del Foro Lindbergh —un anfiteatro rodeado de columnas art déco— pueden coincidir niños en clases de patín, grupos de baile, partidas de ajedrez y una pequeña feria de alimentos. Junto a la Fuente de los Cántaros, un vendedor de globos completa la escena.Réplica de El pensador, de Auguste Rodin, en la entrada del Museo Soumaya.Estrella HerreraMuy cerca está la colonia Roma. Más bohemia y con intensa vida cultural, se divide en Roma Norte y Roma Sur; la primera concentra buena parte de los recorridos más conocidos. Un buen circuito sigue la avenida Álvaro Obregón, con sus restaurantes, dobla por Orizaba entre casonas eclécticas y art nouveau y llega a la plaza Río de Janeiro, donde una fuente exhibe una réplica del David de Miguel Ángel. Al atardecer, las calles se llenan de bicicletas y la plaza, de gente que pasea a sus perros. Entre ellos llaman la atención los xoloitzcuintles, una antigua raza mexicana sin pelo que tuvo un fuerte valor simbólico para distintos pueblos mesoamericanos.Restaurant La Belle Époque, en el barrio Roma Norte, especializado en comida francesa.Estrella HerreraLa oferta gastronómica de Roma permite terminar el recorrido con una cena. Si se busca un descanso de la cocina mexicana, La Belle Époque propone cocina francesa contemporánea en un ambiente elegante, detrás de un telón de terciopelo rojo. Una sopa de cebolla puede ser el cierre perfecto antes de cambiar por completo de escenario.Fuente del David en barrio Roma.Estrella HerreraLa jornada puede continuar en la Arena México, “la Catedral de la Lucha Libre”. El edificio actual fue inaugurado en 1956, aunque la tradición de las luchas en la zona venía de décadas anteriores. La lucha libre combina deporte, acrobacia, personajes y teatro popular. La máscara es su elemento más reconocible: muchos luchadores construyen alrededor de ella una identidad y, en determinados combates, llegan a ponerla en juego. Son las famosas luchas de “máscara contra máscara”, en las que el perdedor debe revelar su rostro. Los personajes se dividen tradicionalmente entre técnicos, asociados al juego limpio y la destreza, y rudos, que hacen de la transgresión de las reglas parte del espectáculo. Hay combates individuales, por equipos, masculinos y femeninos. Incluso sin dominar las reglas, la función entretiene por las reacciones del público, los vendedores ambulantes, la música y los vuelos de los luchadores fuera del cuadrilátero. Un tip: desde una ubicación a media altura se ve muy bien, los vendedores interrumpen menos, las entradas son más económicas y disminuyen las posibilidades de que un luchador aterrice demasiado cerca.La lucha libre trascendió el ámbito deportivo para convertirse en un símbolo cultural y popular, tanto que las máscaras se consiguen en puestos callejeros. Maniquí hiperrealista de Blue Demon Jr., una de las figuras más reconocidas. El Arena México es el lugar ideal para disfrutar del espectáculo. (Fotos: Estrella Herrera)Centro HistóricoSi en Teotihuacán se recorre la ciudad que los mexicas encontraron abandonada, en el Centro Histórico aparecen los restos de la que ellos mismos construyeron: México-Tenochtitlán, fundada en el siglo XIV y convertida en capital de un poderoso imperio mesoamericano.El Templo Mayor era el corazón religioso de Tenochtitlán. Su gran basamento estaba coronado por dos santuarios: uno dedicado a Tláloc, dios de la lluvia y la agricultura, y otro a Huitzilopochtli, deidad solar y guerrera estrechamente vinculada con el poder mexica. La expansión militar fue fundamental para el crecimiento del imperio: permitió ampliar dominios, obtener tributos y capturar prisioneros para distintos rituales.El templo también creció con la ciudad. Cada nueva etapa constructiva envolvía la anterior y el conjunto llegó a tener siete grandes ampliaciones. El poderío mexica no impidió que Tenochtitlán fuera sitiada y finalmente derrotada en 1521 por las fuerzas de Hernán Cortés y sus numerosos aliados indígenas.La Plaza Constitución, también llamada el Zócalo.Estrella HerreraTras la caída de Tenochtitlán, los conquistadores españoles comenzaron a levantar la ciudad colonial sobre sus restos. Muchos edificios prehispánicos fueron desmontados y sus materiales se reutilizaron en las nuevas construcciones.Durante siglos, buena parte del Templo Mayor permaneció enterrada bajo la ciudad. En 1978, el hallazgo accidental del enorme monolito de Coyolxauhqui, deidad mexica asociada con la Luna, impulsó el Proyecto Templo Mayor y una nueva etapa de excavaciones en el corazón de Tenochtitlán. Hoy el sitio permite caminar por una ciudad visiblemente construida encima de otra. Desde algunos puntos, las piedras del antiguo recinto aparecen en primer plano y, detrás, se levanta la Catedral Metropolitana: una imagen que resume siglos de superposición.Junto a la Catedral está el Zócalo, la enorme Plaza de la Constitución. Cada día, unos veinte trabajadores con pequeñas espátulas rasquetean el suelo removiendo chicles y manchas, para que siempre esté impecable. En septiembre, además, el espacio se transforma con las decoraciones de las fiestas patrias. La noche del 15, desde el balcón de Palacio Nacional, la Presidencia recrea el Grito de Dolores que dio inicio al movimiento independentista en 1810. La ceremonia, con fórmulas que han variado a lo largo del tiempo, convoca a una multitud y culmina con los tradicionales “¡Viva México!”. En 2022 se incluyó por primera vez el grito de “¡Vivan los pueblos indígenas!”.En el Templo Mayor, la superposición de los restos de la antigua Tenochtitlán con la ciudad colonial. (Fotos: Estrella Herrera)El Centro Histórico es también la ciudad cotidiana: gente que circula entre restos prehispánicos, arquitecturas coloniales, museos, comercios y mercados. Si cae uno de los chaparrones habituales, ese entramado puede colapsar y las calles saturarse de tránsito. Un buen refugio es el Palacio de Bellas Artes, donde se obtiene una visión concentrada del muralismo mexicano con obras de sus máximos representantes: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. El movimiento cobró fuerza después de la Revolución Mexicana, especialmente desde la década de 1920, cuando los artistas llevaron grandes composiciones a edificios públicos para representar la historia del país, sus pueblos, trabajadores y conflictos sociales.Aquí reaparece una obra relacionada con el boceto visto en el Museo Anahuacalli: El hombre controlador del universo, uno de los murales más conocidos de Diego Rivera. Su historia es singular. Rivera había recibido el encargo de pintar un mural para el Rockefeller Center de Nueva York, pero la obra fue destruida después de la controversia provocada, entre otras cosas, por la inclusión de un retrato de Lenin. Poco después, en México, recreó la composición en el Palacio de Bellas Artes y reforzó en ella la tensión entre capitalismo y socialismo.El hombre controlador del universo, mural de Diego Rivera en el Palacio de Bellas Artes.Estrella HerreraUna manera especialmente clara de entender la idea del muralismo como arte público es visitar el edificio de la Secretaría de Educación Pública, donde decenas de murales de Rivera se integran a patios y corredores de una sede institucional, no de un museo. En uno de ellos aparece Frida Kahlo entregando armas a trabajadores y campesinos vinculados con la lucha revolucionaria.Por último, la vida cotidiana de la ciudad no está completa sin sus mercados. En el centro hay dos imperdibles. El Mercado de San Juan, en su emplazamiento actual desde mediados del siglo XX, recoge una tradición comercial mucho más antigua de la zona. Hoy es famoso por sus ingredientes poco habituales y por puestos donde aparecen insectos comestibles, productos gourmet y bebidas singulares. Aun sin animarse a probarlos, merece la visita por la variedad y el ambiente.Martín, un trabajador del Mercado de la Ciudadela, con su sombrero de palma.Estrella HerreraEl otro es el Mercado de la Ciudadela, donde se reúnen artesanías de distintas regiones del país. Circular por sus pasillos es atravesar un universo de colores, cerámicas, textiles, madera, plata, vidrio y tantos materiales como oficios. Muchas técnicas y formas que se admiran en las elaboradas piezas del Museo de Arte Popular, a pocas cuadras, encuentran aquí versiones accesibles en precio y tamaño para llevar en la maleta. Datos útilesDesde 2016, el Distrito Federal pasó a denominarse oficialmente Ciudad de México, abreviado CDMX. Para moverse, la app inDrive cuesta mucho menos que Uber y funciona muy bien.Ciudad de MéxicoSantiago DoeyoDónde dormirW México City Campos Elíseos 252, Polanco, CDMX. +52 55 9138-1800 Desde las habitaciones del W México City, la perspectiva cambia a medida que se gana altura. Sus 25 pisos ofrecen amplias vistas de la ciudad y, cuando la visibilidad acompaña, de las montañas que la rodean. Los cuartos tienen una estética audaz, con gigantografías de la modelo mexicana Cristina Piccone caracterizada según cuatro etapas de la historia del país −Prehispánica, Conquista, Reforma y Moderna− y otros elementos de la cultura local. Después de caminar por la ciudad, Away Spa propone un circuito de masaje, sauna seco o húmedo y pileta climatizada con jacuzzi frente a un gran ventanal. También se puede probar el temazcal, tradicional baño de vapor de origen mesoamericano. En el restaurante 25Dos hay una sorpresa para los argentinos: el cordobés Matías Gallegillo está al frente de la gastronomía. Entre los platos más buscados están el salmón trufado y la tostada de camarón ahumado. Para comer al aire libre, la terraza de Trivvu ofrece vistas abiertas sobre el barrio y los domingos suma un brunch con música en vivo.W México City. (Fotos: Estrella Herrera)JW Marriott Mexico City Andrés Bello 29, Polanco, CDMX. +52 55 5999-0000 La arquitectura del JW Marriott gira alrededor de un gran vacío central al que balconean los pasillos de los distintos pisos. Ese espacio funciona como una enorme ventana: abajo aparece la pileta climatizada y, más allá, el Bosque de Chapultepec y el Auditorio Nacional. El propio edificio termina así por enmarcar la ciudad. Sus 314 habitaciones, recientemente remodeladas y distribuidas en 26 pisos, son amplias y luminosas, con vistas hacia Polanco. El diseño combina espacios de descanso y trabajo; en los baños, una pared de mármol enmarca la ducha. En Sendero, el chef Rodrigo Sánchez lleva a una versión refinada sabores de la calle y recetas familiares mexicanas, con productos locales y orgánicos. El salón, presidido por el mural El sabio de la Tierra, se prolonga en una terraza. Más íntima es la Tahona Room, donde se ofrece un agave tasting: una degustación de mezcales guiada por Abraham que cuenta pormenores sobre su origen, elaboración y tradición. El Wellness Floor reúne gimnasio, sauna y una gran pileta climatizada apta para nadar. Por la mañana, la terraza con vistas al bosque ofrece clases de yoga y pilates antes de salir a recorrer la ciudad.JW Marriott Mexico City. (Fotos: Estrella Herrera)City Express by Marriott CDMX EBC Reforma Havre 21, Juárez, Cuauhtémoc. (+52) 55 1102-0280 La ubicación es uno de sus principales atractivos: está sobre Paseo de la Reforma y frente al Ángel, a distancia caminable de Zona Rosa y relativamente cerca de Chapultepec. Las habitaciones son espaciosas, con ventanales grandes que las hacen muy luminosas. Tiene un pequeño gimnasio. Desde u$s 94 la doble.City Express by Marriott.Estrella HerreraDónde comerLa Belle Epoque. Oaxaca 80, Roma Norte. Elegante y relajado a la vez. Su piso de rayas negras y blancas y el telón rojo de terciopelo parecen un escenario de Twin Peaks. Inaugurado este año, es una novedad de cocina francesa contemporánea en la ciudad, a cargo del chef Max Righi. Entre los imperdibles del menú están el lomo a la Wellington, la sopa de cebolla y el original Macaron Foie Gras; para el final, la clásica Tarte Tatin. Lunes y miércoles de 14 a 22:30 y jueves y viernes hasta la medianoche. Los sábados y domingos ofrece brunch de 9 a 12:30.Max Righi, el Chef de La Belle Époque.Estrella HerreraMarne Av. Sonora 92, Roma Nte., Cuauhtémoc. Café de especialidad, con platos que van desde los mexicanos, como los chilaquiles, hasta huevo revuelto con ikura shōyu-zuke y crème fraîche. También hay focaccias elaboradas con el pan de la casa, uno de los sellos de Marne, para desayunar en una esquina de barrio. Tiene mesas en la vereda y un salón de diseño contemporáneo, con buena luz natural. De lunes a domingo de 8 a 22 hs.Café Marne.Estrella HerreraPaseos y excursionesLos mariachis En el borde norte del Centro Histórico, la Plaza Garibaldi es uno de los lugares emblemáticos para escuchar mariachi en Ciudad de México. La tradición se consolidó durante las primeras décadas del siglo XX alrededor de cantinas como el Salón Tenampa, abierto en 1925 y estrechamente ligado a músicos llegados desde Jalisco. Con el tiempo, distintos conjuntos comenzaron a alternar entre los locales y la plaza hasta convertir a Garibaldi en uno de los grandes escenarios populares del mariachi. Hoy el Salón Tenampa conserva ese espíritu y los mariachis siguen esperando en la plaza a quienes buscan una serenata. El precio se negocia por canción o por un conjunto de temas y muchas interpretaciones se hacen de pie, en plena plaza o junto a los locales. Hay músicos prácticamente todos los días, aunque el ambiente crece por la noche y puede prolongarse hasta la madrugada, cuando se mezclan turistas, familias y grupos de amigos.Mariachis descansan entre tema y tema en el Salón Tenampa, tradicional cantina de la plaza Garibaldi.Estrella HerreraMuseo de Arte Popular Revillagigedo 11, Colonia Centro, Cuauhtémoc. T (+52) 55 5510 220. El arte popular mexicano hunde sus raíces en tradiciones indígenas y en siglos de intercambios culturales. La naturaleza ocupa un lugar central en muchas representaciones y refleja la biodiversidad del país: flores, mazorcas de maíz, animales y árboles de la vida aparecen bordados o trabajados en barro, madera, vidrio y metal. En la exposición permanente del Museo de Arte Popular, una sala está dedicada a la vida cotidiana y exhibe objetos utilitarios, utensilios de cocina y prendas de vestir. Otra se concentra en objetos vinculados con lo sagrado y muestra expresiones sincréticas en las que conviven tradiciones indígenas y cristianas: exvotos, milagros, cruces e incensarios. La sala dedicada a lo fantástico reúne alebrijes, diablos y sirenas, un universo de colores y formas oníricas. Como suele suceder con las artesanías tradicionales, muchas piezas son anónimas. La tienda del museo vende objetos de excelente calidad, aunque en general más caros que los del Mercado de la Ciudadela. De martes a domingo, de 10 a 18. u$s 3,5. Museo de Arte Popular.Estrella HerreraMuseo Frida Kahlo Londres 247, Col. Del Carmen, Coyoacán. (+52) 55 5554-5999. También conocida como la Casa Azul. Los tickets suelen agotarse; por eso es conveniente sacar el ingreso con anticipación. u$s 18. De martes a domingos. Los horarios varían según el día.Museo Diego Rivera Anahuacalli Museo 150, San Pablo Tepetlapa, Coyoacán. (+52) 55 5719-7652. De martes a domingos de 11 a 17:30. El ingreso vale u$s 7,5, pero si se visita el Museo Frida Kahlo, este viene incluido. Ambos museos están alejados del centro de la ciudad, por lo que es un buen combo para hacer en un día junto a una recorrida por el barrio de Coyoacán.El Museo Diego Rivera Anahuacalli por dentro y por fueraGentileza Edi AguirreMuseo Soumaya Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra, Granada, Miguel Hidalgo. T (+52) 55 1103-9800. Ir hacia el final del día permite ver cómo luce su arquitectura con sol y también de noche. Una obra en sí misma. Todos los días de 10:30 a 18:30. Gratis.Museo Nacional de Antropología Av. Paseo de la Reforma s/n, Bosque de Chapultepec I Sección, Miguel Hidalgo. (+52) 55 5553-6332. Es imperdible toda la planta baja dedicada a arqueología, con piezas de todas las culturas del México prehispánico. El primer piso de etnografía puede sacrificarse si el tiempo es poco. De martes a domingo de 9 a 18. u$s 12.Museo Nacional de Historia y Castillo de Chapultepec Bosque de Chapultepec, Col. San Miguel Chapultepec. (+52) 55 4040-5200. De martes a domingo de 9 a 17. u$s 12.Cárcamo de Dolores y Fuente de Tláloc, Museo Jardín del Agua Av. Rodolfo Neri Vela, Segunda Sección del Bosque de Chapultepec. Es un paseo original, ya que no es tan visitado. La obra de Diego Rivera que combina mitología mexica con infraestructura hidráulica es una de las menos conocidas. Su ubicación permite conocer otra parte del Bosque de Chapultepec. De martes a domingo, de 10 a 17 hs. u$s 2.Fuente de Tláloc.Estrella HerreraMuseo del Templo Mayor Seminario 8, Centro Histórico, Alcaldía Cuauhtémoc. (+52) 55 4040-5600. Además del sitio arqueológico que se recorre a pie, el Museo del Templo Mayor conserva y exhibe más de 7.000 objetos recuperados durante las excavaciones del antiguo recinto ceremonial mexica de Tenochtitlán. Entre sus piezas más destacadas se encuentra el enorme monolito de Coyolxauhqui, hallado en 1978. De martes a domingo de 9 a 17. u$s 12.Catedral Metropolitana de la Ciudad de México Plaza de la Constitución s/n, Centro Histórico, Cuauhtémoc. T (+52) 55 4165-4052. En sus más de dos siglos de obra reúne estilos que van del Renacimiento y el Barroco al Neoclásico. En su interior se destacan el monumental Altar de los Reyes y dos enormes órganos del siglo XVIII que todavía se utilizan para acompañar las misas. Todos los días, de 8 a 18. Gratis.Arena México Dr. Lavista 189, Col. Doctores, Alcaldía Cuauhtémoc. (52) 55 5588-0266. Las luchas son los martes a las 19:30, los viernes a las 20:30 y domingos a las 17:00. Si se llega un rato antes, se puede sentir el ambiente en la cuadra con los vendedores ambulantes a los gritos. Ingresos entre u$s 20 y u$s 56.Arena México.Estrella HerreraBasílica de Santa María de Guadalupe Fray Juan de Zumárraga 2, Col. Villa Gustavo A. Madero, Alcaldía Gustavo A. Madero. (+52) 55 5118-0500. Todos los días, de 6 a 21 hs. Gratis.Zona Arqueológica de Teotihuacán (+52) 722 215 8569. Construida entre los siglos I y VII d.C., fue una de las ciudades más importantes del México antiguo. El recorrido básico incluye la Calzada de los Muertos, la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna y el Palacio de Quetzalpapálotl. Todos los días de 8 a 17 hs. u$s 12.Mercado de Artesanías La Ciudadela Balderas s/n, Colonia Centro, Cuauhtémoc. El mejor lugar para encontrar artesanías de las distintas regiones de México, desde textiles y cerámicas hasta objetos de madera y decoración. De lunes a sábado, de 10 a 19, y domingos, hasta las 18. Gratis.Mercado de San Juan Pugibet 2ª Calle de Ernesto Pugibet 21, Colonia Centro, Cuauhtémoc. Reúne puestos de carnes, pescados, quesos, frutas y otros ingredientes, además de preparaciones para comer ahí mismo. Todos los días de 8 a 17.Sabores mexicanos Maíz, chile y porotos (frijoles) forman la trilogía esencial de una cocina en la que conviven ingredientes y técnicas prehispánicas con aportes llegados después de la conquista. Para empezar, tacos: al pastor, con carne de cerdo marinada que gira en un trompo y se sirve con cebolla, cilantro y ananá; de carnitas, con cerdo cocido lentamente, o de barbacoa. También hay que probar los tamales, masa de maíz rellena y cocida envuelta en hojas; las quesadillas –que en Ciudad de México, para desconcierto del visitante, pueden pedirse con o sin queso– y los chilaquiles, tortillas fritas bañadas en salsa roja o verde, habituales en el desayuno. Más elaborado es el mole, una salsa compleja que puede reunir chiles, especias, semillas y, en algunas versiones, chocolate. El pozole, con maíz cacahuazintle y carne, es otro clásico. ¿Y el picante? Está muy presente, aunque no todo pica. México posee una enorme variedad de chiles –jalapeño, serrano, poblano, ancho, chipotle– que se utilizan frescos, secos o ahumados y aportan mucho más que ardor: cada uno tiene sabor, aroma e intensidad propios.Chile ancho en el Mercado de San Juan.Estrella Herrera

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